lunes, 31 de octubre de 2011

Karoline Schott (nacida Steinbach)


Karoline Schott.
© Der Verband Deutscher Sinti und Roma, Landesverband Rheinland-Pfalz


Karoline Schott, nacida Steinbach, es una de las pocas personas que sobrevivieron a los campos de exterminio y de concentración de Auschwitz, Ravensbrück y Buchenwald.

Karoline nació en 1922 en Gau Köngernheim bei Alzey, creció en el seno de una familia numerosa Romaní compuesta además de Karoline (la hija mayor), por sus padres y sus ocho hermanos. Su infancia transcurrió en la ciudad de Worms.

A la edad de 16 años, consiguió un trabajo en el vivero de la ciudad, lugar donde trabajaba su padre.

A partir de mayo de 1940 comenzó la primera ola de deportaciones de familias Romaníes desde Alemania con destino a la Polonia ocupada por los nazis, éste se puede considerar como el primer episodio de lo que posteriormente serían las grandes olas de deportaciones de Romaníes y Judios. La familia de Karoline Schott se libró de ser deportada en mayo de 1940.

Documento de identidad de Karoline Schott durante la época nazi.
© Der Verband Deutscher Sinti und Roma, Landesverband Rheinland-Pfalz


Un mes más tarde, en junio de 1940, Karoline y su familia fueron expulsados de su hogar, la policía de Frankfurt los condujo hasta el campo de confinamiento de Gitanos situado en la “Dieselstrasse”, este campo llevaba en funcionamiento desde agosto de 1937. El 18 de agosto de 1937, el Consejo de Salud Pública de Frankfurt con la ayuda de la policía envió a 55 Sinti y Romá al campo de Dieselstrasse. Fueron los primeros Romaníes que habitaron el campo, desde ese momento las autoridades de la ciudad de Frankfurt am Main empezaron a llevar por la fuerza, no sólo a personas que vivían de forma itinerante en sus caravanas, sino también a aquellos, que como la familia de Karoline, vivían en sus apartamentos. La situación en el campo era dramática. Todos los internados allí disponían de un único edificio, mientras que el supervisor del campo, Johannes Himmelheber tenía a su disposición una gran casa en el campo. En cuanto al alojamiento de los que allí estaban, los nazis consideraron que el único tipo de residencia "adecuado para los gitanos" era  una caravana. Sin embargo, se daba la circunstancia de que muchas de las familias no poseían una caravana por el hecho de haber vivido largo tiempo en pisos. Para estas personas, la ciudad compró furgonetas de las utilizadas para transporte de muebles y las convirtió en caravanas. A veces hasta tres familias vivían en el interior de estas furgonetas, que tenían seis metros de largo por dos metros de ancho y que no disponían de instalaciones de agua, iluminación o inodoro. Aquellas familias que no tenían ninguna caravana de su propiedad estaban obligadas a pagar el alquiler de las caravanas municipales, que en 1941-1942 llegó a 10-20 marcos alemanes al mes. El número de prisioneros del campo de Dieselstrasse aumentó de manera constante. En 1941 había 160 Romaníes. Los internados tenían que trabajar para la empresa “Matra-Werke”.

Placa situada en la entrada de la fábrica “Matra-Werke” en la Dieselstrasse de Frankfurt en recuerdo de los Romaníes que estuvieron internados en el campo. La placa fue instalada allí en 1994 gracias a una donación privada.
© Foerder Verein Roma


En el año 1942 se abrió un nuevo campo para internamiento de Romaníes en Frankfurt, situado en la "Kruppstrasse" y que vino a sustituir al anterior. Todos los Romaníes que se hallaban internados en el de la “Dieselstrasse” fueron conducidos a este nuevo campo.

Las condiciones de vida en estos campos fueron muy malas, caracterizándose por una mala alimentación y escasa atención médica, lo que provocó que muchos de los allí internados enfermaran. Cada día la vida de las personas que allí se hallaban venía determinado por unas regulaciones restrictivas, por un supervisor del campo que se empleaba con extrema brutalidad, y por el trabajo forzado en las fábricas de Frankfurt. Sólo resultaba posible salir del campo para ir a trabajar, asistir a la escuela, o simplemente para comprar alimentos y similares. Cualquier persona que no estuviese de regreso a las 20 horas de octubre a marzo, o 21 horas en verano, se debía atener a los consecuentes castigos. El supervisor del campo empleaba para el control de los internados el maltrato de forma verbal y físico, y constantemente los amenazaba con que los enviaría a los campos de concentración.

Placa situada en la estación de metro de la Kruppstrasse en recuerdo de los Romaníes que estuvieron internados en la Kruppstrasse Frankfurt este campo se convirtió  el 9 de Marzo de 1943 en el punto de partida para la deportación de Romaníes de Frankfurt a los campos de exterminio, principalmente Auschwitz-Birkenau. La mayoría fueron asesinados allí. La placa fue instalada en 1994 gracias a una donación privada.
© Foerder Verein Roma


Los adultos, así como lo niños, estaban también obligados a realizar trabajos forzados. La familia de Karoline y los internados en estos campos de confinamiento se encontraban en una situación desesperada y constantemente expuestos a la arbitrariedad y la violencia de los guardias. Se les asignó para vivir una desvencijada caravana, ruinosa y con goteras, sin cama, ni mesa ni tan siquiera una silla. Vivían con el temor constante de que separaran a la familia y fuesen enviados a un campo de concentración en el Este.

El 25 de agosto de 1942, nació en Frankfurt el hijo de Karoline y Karl-Heinz Mebach, el pequeño Karl-Heinz. En marzo de 1943, el convoy estaba listo para partir, aquel que debería deportar a Karoline Schott y su hijo Karl-Heinz. La madre de Karoline Schott trató de salvar a Karl-Heinz, ocultándolo, para pasar desapercibida ante los guardias del campo le dio a su hija una almohada envuelta en una manta, para que pareciera que llevaba al niño en sus brazos. Los guardias descubrieron al niño escondido en manos de los abuelos, Karoline fue obligada a llevarse a su hijo. Su marido también fue incluido finalmente en la deportación. Los montaron en camiones y los condujeron hasta la estación donde los subieron a los vagones del tren que los conducirían hasta Auschwitz-Birkenau.

Una vez llegados a  Auschwitz-Birkenau el 13 de marzo de 1943 a Karoline le fue asignado el número de prisionera Z-2975, a su hijo Karl-Heinz el Z-2654. Juntos fueron conducidos al Zigeunerlager de Birkenau. Poco a poco la salud de Karoline y su familia se fue deteriorando muchísimo, las causas hay que buscarlas en el hacinamiento existente en el interior de los barracones, las catastróficas condiciones de vida, la deficiente atención médica, hasta el extremo de ser constantes las epidemias de tifus y de noma, el duro esfuerzo de cada jornada de trabajo y el constante maltrato de los guardias. Su marido, Karl-Heinz Mebach, y el niño sucumbieron a la barbarie y murieron ese mismo año.

Pero aquí no acabó el sufrimiento de Karoline Schott, mientras estuvo prisionera en Auschwitz- Birkenau tuvo también que padecer los terribles experimentos médicos que el médico de las SS Josef Mengele “El Ángel de la Muerte” realizó sobre muchos de los prisioneros que se encontraban en el Campo para Familias Gitanas. A Karoline le inyectaron en su cuerpo los bacilos del tifus exantemático. La enfermedad le provocó entrar en coma, estado en el que se mantuvo durante semanas. Durante este tiempo ella dio a luz a una hija. Le quitaron a su hija nada más nacer. Nunca supo su destino.

El hermano de Karoline, Jakob tampoco tuvo suerte en diciembre de 1943 fue deportado a Auschwitz-Birkenau. Desde Auschwitz, fue trasladado a Bergen-Belsen, donde murió asesinado.

Karoline Schott llevaba un año viviendo en "el infierno de Auschwitz", y fue, en mayo de 1944, cuando fue trasladada y comenzó el periplo de Karoline por los campos de concentración de Ravensbrück, Buchenwald y finalmente Altenburg, lugar éste último donde llevó a cabo trabajo forzado en las fábricas de armamento. Fueron momentos muy duros, perdió todo contacto con su familia y Karoline dudaba si podría reunir la fuerza necesaria para sobrevivir. Sabía que la guerra llegaba a su fin pero sus fuerzas escaseaban. En abril de 1945 el campo de Altenburg fue liberado. Karoline sobrevivió al Porrajmos.

En los años cincuenta, Karoline solicitó una indemnización por haber sufrido las políticas raciales de los nazis. Quince años después de la persecución, la Sra. Schott recibió la respuesta a la percepción de la compensación; por desgracia la respuesta fue taxativa en contra de su concesión. Al dolor de Karoline por el sufrimiento padecido durante los años de persecución ahora se añadía un nuevo revés, el silencio y el abandono por parte de las autoridades de su país. Veinte años después del final de la guerra por fin le reconocieron su detención en el campo de confinamiento de Frankfurt.

Acto de homenaje celebrado en mayo de 2009 en el Ayuntamiento de Worms a las víctimas del genocidio nazi. En el centro vestida de negro Karoline Schott.
© Verband Deutscher Sinti und Roma - Landesverband Rheinland Pfalz

El 18 de mayo de 2009, cuando Karoline contaba 87 años de edad recibió, junto a otras víctimas de la barbarie nazi, un merecido homenaje en el Ayuntamiento de Worms.


El alcalde de Worms Michael Kissel en conversación con la sobreviviente Karoline Schot de 87 años durante el acto homenaje de mayo de 2009.
© www.worms.de


Fuentes:

- 20 Jahre für Bürgerrechte - Der Verband Deutscher Sinti und Roma, Landesverband Rheinland-Pfalz. Jacques Delfeld (Hrsg.) 1997. Páginas 76-79.

- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993.Volumen I. Páginas 216-217.

- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993.Volumen II. Páginas 886-887.

- http://www.foerdervereinroma.de

- The Nazi racist treatment of Sinti and Roma. Ausstellung Projekte Roma-Sinti 2009