domingo, 8 de abril de 2012

Sidonie Adlersburg


Sidonie Adlersburg

© DÖW

Hoy día 8 de abril se conmemora el Día Internacional del Pueblo Gitano, se trata de una fecha especial, es por ello por lo que me gustaría trazar la biografía de una niña Romaní, uno de los símbolos del Porrajmos, su nombre Sidonie Adlersburg.

Eric Hackl es un escritor austriaco, nacido en Steyr en 1954 que investigó, realizando entrevistas a personas de la época y revisionando documentos históricos, para contarnos la vida de Sidonie en su libro publicado en 1989 “Abschieb von Sidonie” en español “Adiós a Sidonie”



Portada del libro “Adios a Sidonie”

© Casa del Libro

He aquí la historia de Sidonie:

El 18 de agosto de 1933, en una noche de tormenta de verano, el portero del hospital de la ciudad austriaca de Steyr encontró en la puerta un hatillo y dentro de él una recién nacida que dormía. Junto a la criatura envuelta en harapos, había una nota escrita con letra torpe que rezaba así:

“Me llamo Sidonie Adlersburg y nací en la carretera de Altheim. Busco padres”

El portero inmediatamente llamó a la enfermera de guardia, ésta al ver a la niña no dudó un instante en afirmar que habían sido Gitanos los que habían abandonado a la niña.

            A los 9 días, una tal Adlersburg, de nombre Anna, y que decía ser la madre de la criatura, llamó al hospital solicitando información sobre la pequeña Sidonie. La mujer, después de que el administrador del hospital le recriminara el abandono de la pequeña, le expuso que vivían en la indigencia más absoluta y que no le había quedado otro remedio que actuar de la forma en que procedió. La madre prometió que volvería a por Sidonie a mediados de septiembre. El 25 de septiembre de 1933, Anna llamó de nuevo al hospital, exponiendo esta vez que no podía ocuparse de la pequeña porque se encontraba enferma. Anna vivía de la venta ambulante y el padre de Sidonie, Robert Lang (o Robert Plach, dificultad del recptor en la comprensión auditiva) era tratante de caballos.

Sidonie estaba enferma, padecía raquitismo, tenía las piernas arqueadas y las articulaciones hinchadas en ambas extremidades.

La madre de Sidonie desde la última llamada no volvió a dar señales de vida. La pequeña mejoró y ya no requería tratamiento hospitalario, por ello fue entregada a la Oficina del Menor. Tras no dar con el paradero de los padres, la Oficina Municipal del Menor resolvió iniciar los trámites para entregar a la niña en régimen de acogida.

El 6 de octubre de 1933, Sidonie fue entregada en adopción a Amalia Derflinger, esposa de un maestro cerrajero de Steyr y con domicilio en la Schillerstrasse, 51. Dos días después, Sidonie ingresaba de nuevo en el hospital, el marido de Amalia las había echado a ambas de casa, no podía soportar tener una bastarda de piel morena. Amenazó a su esposa que si no devolvía a la niña de manera inmediata se divorciaría. Amalia pasó dos noches con la pequeña Sidonie en casa de sus padres, después éstos la convencieron para que entregara a la niña en el hospital.

Poco tiempo después la oficina del menor entregó de nuevo a Sidonie en régimen de adopción, esta vez fue entregada a los Breirather; Hans y Josefa.

Sidonie seguía enferma, le supuraban los ojos, los oídos y la nariz. Cada mañana la buena de Josefa la cambiaba con todo su amor la funda de su almohada. A Sidonie le aparecieron también unos bultos en ambos pies, se trataba de juanetes que no paraban de crecer. Josefa llevó a la pequeña al médico municipal. Cuando Josefa entró en la sala de consulta con Sidonie en brazos, el médico apenas le dirigió una mirada. Qué quiere que le recete y quien lo va a pagar, le espetó el doctor. Mi marido, dijo Josefa, nunca hemos dejado nada a deberle. El médico Schönauer hizo un gesto denegatorio con la mano, y le preguntó de mal modo por qué venía a su consulta con esa morena, si ni siquiera es del pueblo. Josefa respondió, - con que esas tenemos, gracias doctor está bien. Dio media vuelta y salió.

La madre la llevó a una curandera y tras aplicarle una solución a base de tomillo, hojas de nogal y sal gema los juanetes desaparecieron.

El matrimonio trataba a la niña como si se tratara de su propia hija.

En 1934 los obreros de Steyr se habían levantado en armas debido a la falta de trabajo, Hans era de ideología comunista y había participado en las manifestaciones.


Un día unos saqueadores asaltaron la vivienda de los Breirather, Josefa estaba de pie junto al fogón cuando el gendarme entró en tromba en la casa, pistola en mano y la empujó contra un rincón. Indicó a los que le acompañaban que buscaran a Hans. Lo detuvieron y se lo llevaron a la prisión policial de Steyr, fue condenado a 18 meses de prisión.


Hans Breirather

© Widerstand im Bezirk

Josefa se dejaba el alma cuidando a Sidonie y a su otro hijo, Manfred. La pobre mujer vivía prácticamente de la caridad.


En marzo de 1935, a Hans Breirather lo pusieron en libertad y al volver se encontró con una familia aún más numerosa. Josefa había acogido a otra niña, a petición de la madre de ésta, una criada de campesinos que había conseguido trabajo en Holanda como sirvienta. Hilde, que así se llamaba la niña, era cuatro meses mayor que nuestra Sidonie.


Hilde, Manfred y Sidonie en Letten.

© DÖW

Sidonie, con sus piernecitas tambaleantes salió disparada al encuentro de Hans, cuando éste franqueó el portón de la cárcel. Hans la cogió en brazos y la pequeña Sidonie le desordenó el pelo con sus manitas cobrizas.

Hans no encontró trabajo durante aquel verano pero poco después comenzó a trabajar en los talleres de Steyr. El angosto piso donde vivían los Breirather se había quedado pequeño, las niñas dormían en la cocina y Manfred en el dormitorio con los padres. Para los niños del vecindario, Sidonie era tratada como una más, aunque destacara por su tez oscura y el brillo azabache de su cabello. Sólo cuando se enfadaban en el albor de algún juego o cuando no querían que jugara con ellos, los demás niños lo tenían muy fácil para ofenderla:¡Gitana! ¡Hija de Gitanos! ¡No ere nada más que una Gitana!

Frecuentemente llegaban Romaníes a Steyr. Hans y Josefa temían que éstas se llevaran a su pequeña Sidonie. Recelos infundados propios de la sociedad de la época.

Por otro lado la sección de tutelas de Oficio del Ayuntamiento de Steyr seguía buscando a los padres biológicos de la pequeña. En la primavera de 1935 Anna Adlersburg fue detenida en el pueblo de Krittelfeld. La inculpada negó ser madre de Sidonie y que nunca había afirmado serlo, mencionó a su hermanastra Christie Berger, que ya otras veces había utilizado su apellido Adlersburg para infringir la ley. Hans y Josefa no tuvieron conocimiento de ninguna de estas gestiones. La asistente social había tranquilizado a la madre de acogida de Sidonie diciéndoles que no se preocuparan. A Sidonie no le cabía ninguna duda de que era hija legítima de sus padres adoptivos. Hans y Josefa habían intentado explicarle con total delicadeza que, al igual que a Hilde la habían acogido cuando era una lactante.

1938, era sábado cuando la VII División del ejército alemán pasó por las calles de Steyr.

Hans entró en contacto con la resistencia. Un día Josefa tuvo un altercado con la Gestapo. Un vecino oyó como Josefa difamaba sobre el nuevo Estado. Dos días después, Josefa tuvo que comparecer en la gendarmería y allí hubo de responder a las preguntas de la Gestapo. Pero al final la dejaron marchar.

En Steyr hacía años que no se veía llegar a los Romaníes que tiempo atrás llegaban en sus caravanas. Los lugareños tomaban su ausencia por ley natural o por señal del impetuoso avance de la civilización.


Sidonie empezó a asistir a la escuela en 1939, le encantaba ir al colegio, por la mañana era la primera en estar lista y esperaba con impaciencia a Hilde para no llegar tarde a la escuela. Se anticipaba con emoción e ilusión a todos los deseos de su maestra, la señora Schönauer, esposa del médico del pueblo, regaba los geranios de la ventana, suplicaba y suplicaba borrar la pizarra…Con frecuencia realizaba pequeños recados para su maestra, en invierno le subía la leña y el carbón a su vivienda, Sentía gran cariño y admiración hacia su preceptora.


Sidonie Adlersburg

© Documentation Archives of the 
Austrian Resistance Vienna

A Sidonie le encantaba pintar princesas, vacas y hombres junto a sus compañeros y compañeras de clase, siempre era la primera en levantar la mano cuando la seño preguntaba algo en clase… Pero  a Sidonie, a menudo, si la maestra le daba permiso para responder, o bien se le había olvidado la respuesta o bien respondía lo primero que se le venía a la cabeza. Su mentora la reprendía con frecuencia, y le decía que sólo debían levantar la mano cuando conociera a ciencia cierta qué responder. Sidonie asentía y le prometía que no volvería a ocurrir… Pero en la clase siguiente olvidaba su promesa y volvía a levantar la mano. La escuela a Sidonie no le iba del todo bien, invertía el orden de las letras o las ponía patas arriba, se saltaba de renglón cuando leía y escribía, se saltaba palabras y frases enteras en los copiados. Cuando escribía su nombre la S se encaramaba muy por encima del renglón, a la i le faltaba el punto y la d iba pegada con la o.

El último día de clase de aquel curso, Sidonie llegó corriendo a casa muy contenta:
- ¡Voy a repetir curso!- exclamó orgullosa.
- ¡Mira mamá cuantos cuatros!- agitaba el boletín de notas.
- ¡Pero Sidi! Respondió Josefa aguantando la risa.

Cuando Sidonie cursaba 2º curso la maestra la puso a leer un fragmento de un libro de lectura,

El cumpleaños más hermoso”. La historia giraba en torno a una niña que era invitada por el Führer a merendar en su residencia de Obersalzberg. En la clase siguiente, la maestra les pidió que mediante una redacción escribieran lo que le contarían a Hitler sobre sus vidas si éste las invitaba a su casa como le ocurría en la lectura a Berta.

            Sidonie leyó en voz alta su redacción:
 “Me llamo Sidonie Adlersburg, pero todos me dicen Sidi porque es más fácil. Mis padres se llaman Hans y Josefa y mi hermano Manfred, pero yo le digo Fredi y mi hermana Hilde y va a 3º. Me quieren mucho, sólo que mi madre siempre está atenta a que no cojamos el azúcar de la alacena y mi padre está exento del servicio militar porque si no lo estuviera tendría que ir a la guerra y nunca se sabe si los que van vuelven

    Cuando Sidonie terminó de leer un niño levantó la mano y dijo en voz alta:
- Lo que ha dicho Sidonie no es cierto, porque ellos no son sus padres de verdad.
- ¡Si lo son!- exclamó Sidonie- ¡Son mis padres! Y dirigió una mirada suplicante a la maestra sin saber que más decir.

-  Sidi es una recogida- dijo una niña.
- ¡Mentira!- respondió Sidi.
Y de nuevo el chico –De mentira nada ¡ es una gitana, eso lo ve un ciego!

Terminadas las clases, cuando las risas y los gritos de los niños ya amainaban en el patio, Sidonie permaneció en el aula y allí, en el lavabo se refregaba los brazos y la cara con la esponja. La maestra entró a buscar el diario de clase:
-  ¿Qué haces aquí todavía?- preguntó y si esperar la respuesta ¡Vete a casa tengo, que cerrar!

Sidonie cada vez lo pasaba peor, algunos vecinos, según notaba Josefa, se sentían molestos por la presencia de Sidonie:

- ¡Esa golfa morena tiene que irse de aquí- oyó en cierta ocasión murmurar Josefa!

Además el talante servicial y gentil de la pequeña acrecentaban el odio que le tenían.

- ¡De raza inferior y amable, lo que faltaba! Oyó Josefa, en una ocasión afirmar a una de sus vecinas.


Luego también estaban los niños que llegaban a Steyr desde Berlín, enviados a la vida campestre a causa de los bombardeos que sufría la capital del Reich. Knobarth y Lux habían acogido a cuatro, estos  escupían, con frecuencia, a nuestra Sidonie cuando bajaba al patio. Por eso Josefa prefería llevarse a los niños a jugar al prado que lindaba con el bosque, para que sus niños corretearan entre los árboles.


Sidonie Adlersburg en el prado junto 
con su muñeca preferida.

© Dokumentations und Kulturzentrum 
Deutscher Sinti und Roma

El domingo de Pentecostés de 1942, a primeras horas de la mañana, la señora Hinteregger, una buena señora de Steyr, montó a Sidonie en su coche de caballos blanco y la llevó hasta la estación de ferrocarril, tomaron un tren rumbo a Linz, fue un viaje maravilloso, a la vuelta, Sidonie, contaba a Hilde todo lo que había visto durante el viaje, los labradores en el campo, los dos gendarmes, las sesenta y cuatro vacas, las liebres entre la remolacha, los corzos en la linde del bosque y los cinco gatos. Pero sobre todo, Linz, es todavía más grande que Steyr, decía Sidonie, las calles empedradas y las casas son tan altas que tapan el sol y la catedral tiene una torre que llega hasta el cielo y es tan inmensa por dentro que uno se pierde. La señora Hinteregger le regaló una muñeca con un vestido blanco, brazos y piernas articulables, una boquita roja, ojos azules que se quedaban cerrados cuando Sidonie la acostaba.


Comieron bocadillos y por la tarde subieron al Pöstlingberg, la montaña de Linz. Allí en el trenecito de la gruta, dieron dos vueltas a la galería abierta en la roca. Fue un día fantástico, inolvidable.


Poestlingberg

© Linz Tourist

Un día lluvioso del otoño de 1942 Josefa Breirather recibió la inesperada visita de un gendarme de Sierning. El hombre sólo quería saber si el matrimonio había recibido una carta oficial procedente de Steyr o de Linz. Después de que Josefa contestara que no a la pregunta, el hombre guardó silencio, visiblemente sorprendido por la respuesta, de modo  que Josefa preguntó, a su vez, si tal carta tendría haber llegado, qué oficina la enviaba y cuál era el motivo de su envío. El gendarme no contestó a ninguna de las cuestiones, simplemente le dijo que ya la avisaría a su momento, que se quedara tranquila y que no perdiera la cabeza, y por supuesto que hiciera nada que pudiese causarles perjuicio. Diciendo esto se fue. Aquella noche Hans fue a ver al gendarme, pero tampoco le quiso revelar ningún detalle.

Durante los días siguientes Josefa aguardó con impaciencia y cierto desasosiego la llegada de la misiva. Transcurrieron semanas desde la visita del gendarme, pasó la navidad, sin que se aclarase la extraña advertencia del gendarme. Poco a poco fueron olvidándose del asunto, cuando de repente un día, concretamente el 9 de marzo de 1943, el cartero le entregó a Josefa un sobre, que ésta abrió con manos temblorosas. Josefa leía y releía la carta, en la correspondencia, la Jefa de la Oficina del menor de la comarca de Steyr, la señora Käthe Korn, comunicaba a Hans y Josefa Breirather que las investigaciones sobre el paradero de la madre de la menor Sidonie Adlersburg, cuyo apellido correcto era Berger, finalmente habían dado su fruto. Que su sección había recibido instrucciones de devolver a la niña, de manera inmediata, a su madre biológica, por lo que los padres de acogida eran instados a comparecer en la oficina remitente sin demora y a lo más tardar hasta el día 13 del mes en curso. La noticia cayó como si de un rayo se tratase sobre la pobre Josefa.

Cuando Sidonie y Hilde regresaron de la escuela, encontraron a Josefa sentada a la mesa, pelando patatas, con la cara bañada en lágrimas. Las niñas se quedaron paradas ante ella, sin saber qué hacer, ni qué decir después se acercaron y las pequeñas manos de Sidonie intentaron en vano secar las lágrimas que resbalaban por la cara de su madre.

- ¿Qué pasa mamá? ¿Ha ocurrido algo?- Preguntaban con insistencia las niñas.
- No llores- balbuceó Hilde.

Las tres sollozaban a una. Josefa se pasó el delantal por sus mejillas y dijo con su voz ronca, como si nada hubiera ocurrido.

- Lavaos las manos, enseguida estará preparada la comida.

Pero después de fregar y mientras Sidonie jugaba con Hilde en el dormitorio, Josefa se enfundó su abrigo, gritó desde el quicio de la puerta que no tardaría en volver y en medio del barrizal de nieve, se dirigió a Sierninghofen, a la casa de la señora Grimm, la asistente social del municipio de Sierning y que se encargaba de realizar las visitas de inspección, dos veces al año, a la familia Breirather.

Nada más que la señora Grimm abrió la puerta de su casa, Josefa le espetó:
-  La carta. La Sidi ¿por qué no me lo dijo antes si usted lo sabía?
- Yo no sabía nada- dijo la señora Grimm esquivando su mirada. Todo ha ocurrido muy rápido.
- ¡Ayúdenos!- suplicó Josefa – ¡Se lo ruego!
La respuesta de la señora Grimm fue limitarse a permanecer en silencio.
- Tranquilícese- le instó Grimm y levántese.
Josefa se había arrodillado ante ella con las manos entrelazadas, en actitud suplicante.
- No puedo hacer nada, es con mi jefa, Korn, con la que tiene que hablar. Venga, levántese ya.

Dio un paso al frente para ayudar a Josefa a ponerse en pie. Ésta se resistió y zafándose de las manos de Grimm se quedó sentada en el mojado suelo.

La asistente social se enfadó – ¡Sidonie irá con su madre! Es con ella con quien debe estar. Váyase a casa y hable con su marido.- A continuación cerró la puerta tras de si.

Hans por su parte se adentró en el bosque e intentó que un amigo suyo escondiera a la niña en su casa.

- Sólo unas semanas, un par de meses- suplicó Hans.

El hombre lo miró con franqueza y le pidió que entrara en razón, que lo que pedía equivalía a un suicidio.

- Si no entregas a la niña te pones la soga al cuello. Y no sólo a ti sino también a tu mujer y a tu hijo.

Hans lo miró fijamente y en silencio abandonó la casa a toda prisa y sin decir ni tan siquiera adiós.

Después fue a ver a Korn, Jefa de la Oficina del Menor, ésta justificaba su decisión invocando órdenes inapelables de sus superiores. Sidonie debía ser entregada a sus padres biológicos.

Hans solicitó que ampliaran el plazo de entrega hasta el final del curso escolar. Korn negó con la cabeza. Hans le propuso incluso renunciar al subsidio que recibían por la custodia de Sidonie y el compromiso de devolver al municipio todo el dinero que habían recibido por cuidar de Sidonie.

La respuesta taxativa de Korn. –No hay nada que hacer órdenes son órdenes.

Hans intentó el último recurso que le quedaba. Más dirigiéndose a sí mismo que a la mujer pronunciando en su desesperación algo que resultaba escalofriante:

- Y si la manda esterilizar- interpeló Hans

La mujer levantó la cabeza bruscamente:

- ¿Qué ha dicho! ¡Repítalo!

Se hizo el silencio. Luego la voz cortante de de Korn. – Ya puede darse por satisfecho de que no denuncia lo que acaba de decir.

Los Breirather recibieron otra carta pocos días después. En ella se solicitaba disponer lo necesario para que Sidonie Berger, llamada de forma errónea Adlersburg, fuera entregada a su madre biológica lo antes posible y a lo más tardar el 30 de marzo de 1943.
           
Y llegó el terrible día. Manfred le regaló una foto en el dorso, unas letras con caracteres de imprenta decían: “Propiedad de Sidonie Adlersburg. A modo de recuerdo para que encuentre el camino de vuelta. Fotografía tomada por mi hermano Manfred Breirather en el mes de marzo de 1943”

Josefa mientras tanto preparaba la mochila de la niña en la cocina. Sidonie estaba muy nerviosa, a ratos contenta, a ratos muy triste.

Por la noche la alegría de Sidonie se había esfumado. Tumbada junto a Hilde, miró en silencio y con los ojos muy abiertos a Josefa, cuando ésta, al filo de la medianoche, entró a echar un vistazo.

Sidi tienes que dormirte- dijo Josefa casi susurrando.

La niña callaba.

- Mañana montarás en tren.
- ¿Hasta Linz?- Preguntó Sidonie con un hilo de voz
- Más lejos, mucho más lejos.

Josefa la arropó con el edredón hasta la barbilla. Pero Sidonie volvió a destaparse y cogió su muñeca
- Tiene miedo, dijo ¿Puede dormir conmigo?

Fue la última noche de Sidonie en su casa. Después del desayuno, Manfred y sus padres se levantaron de la mesa. Sidonie le dio un beso a su hermano y un abrazo a hilde, luego el adiós a Hans. Josefa se echó la mochila a la espalda y bajó las escaleras tras Sidonie. Antes de que llegaran a la puerta Hans se abalanzó sobre la niña y agarrándola por los dos brazos le dijo:

- ¡Escápate! ¿Tienes que escaparte! ¿Me oyes?

En medio de la niebla matinal Josefa y Sidonie caminaron calle abajo, hacia el apeadero.

Sidonie le contó a Josefa que la maestra y el maestro Frick le habían deseado buen viaje y los niños querían que les escribiera.


Llegó el tren, se montaron, la señora Grimm subió al tren en la siguiente parada, Neuzeug. Una vez que llegan a la estación de Steyr, allí esperan hasta que llega el tren con destino a Linz. Grimm se sube a uno de los vagones y Josefa coge a Sidonie de la mano y la lleva tras de sí hasta el vagón, se introducen en un compartimento vacío.


Estación de Steyr

© James Waite

La niña grita, suplica:
- ¡No me dejes aquí mamá! ¡No quiero irme con esta señora!
- ¡Sidi tienes que ser valiente!
Fuera, en la estación chilla el altavoz.
- ¡Váyase! Le espeta Grimm a Josefa, agarrando a Sidonie del brazo – ¡Váyase ya!

Josefa sale corriendo de allí por el pasillo, mientras oye como llora a lágrima viva la pequeña, Josefa se tapa los oídos y baja del tren llena de dolor. El convoy arranca, una manecita se asoma por una ventana agitando un pañuelo blanco.

El tren llegó a su destino Hopfgarten. Grimm y Sidonie se dirigieron al puesto de gendarmería de la localidad. Al entrar en el pueblo, Sidonie comenzó a quedarse cada vez más rezagada y la asistente social tuvo que esperarla varias veces hasta que decidió cogerla de la mano y tirar de ella, suave pero enérgicamente. Llegaron, el sargento de guardia mandó a un gendarme a buscar a María Berger. Cuando volvió les comunicó que ésta los esperaba en el Ayuntamiento, junto con Larg, el patriarca del clan. El alcalde había dispuesto que la entrega de la niña debía efectuarse en su presencia y conforme al reglamento, con objetote registrar de forma pormenorizada sus datos personales. Según testimonio de Gertrud Embacher (Secretaria interina del Ayuntamiento) que estaba presente en el momento de la entrega, describe los hechos:

“La madre de Sidonie era una mujer de poco más de 30 años, aunque parecía bastante mayor. Cuando le ordenaron a la niña que fuera a su encuentro, la pequeña prorrumpió en un llanto estremecedor y, aferrada a la falde de Grimm, rehusaba acercarse. La madre tampoco se movía, estaba como petrificada. Luego en tono de reproche le dijo al alcalde.

¿Qué quiere que haga con la criatura?- Y subiendo el tono de voz y dirigiéndose a Grimm. - - Por el amor de Dios señora, llévesela

Al final la cuñada de la madre se acercó a Sidonie e intentó calmarla.

- No tienes por qué tener miedo- susurró acariciándola. Ven conmigo te enseñaré algo que te va a gustar.

La tomó en brazos, le dio un beso y salieron de la sala.

El nuevo hogar de Sidonie, un barracón lleno de andrajos desparramados, una puerta abierta, una silla tumbada en el suelo y el rescoldo de la chimenea aún no extinguido.

El 3 de abril Georg Fink, un amigo de la familia Breirather, llegó al pueblo, de permiso del frente. Le contó a Hans y Josefa que había visto a Sidonie en la estación de tren principal de Linz. En la vía contigua al tren de Georg un tren de mercancías arrancaba en dirección contraria. Enganchados al último vagón rodaban dos coches de pasajeros, a cuyas ventanillas se asomaban cabezas de pelo oscuro. De repente, en el último vagón Fink creyó identificar a Sidonie, que lo miraba con una cara huérfana de lágrimas y sin dar muestras de reconocerlo. Fink estaba seguro que era ella, reconoció incluso que llevaba puesto el abrigo de Josefa con el inconfundible cuello redondo.

Tras la guerra Hans telefoneó al alcalde de Hopfgarten y preguntó.

- ¿Le consta a usted una tal Sidonie Adlersburg? Debe tener ahora 12 años.

Al otro lado de la línea:
- Vamos a ver ¿Usted quién es? ¿Qué quiere?
- Soy el padre de acogida de la niña. Quisiera saber la verdad.
- A la niña se la llevaron a Auschwitz, en el último convoy- contestó el alcalde de Hopfgarten

El auricular se le cayó de las manos a Hans y lanzó tal grito de rabia y dolor que el oficial norteamericano sentado a su lado se sobresaltó.

En mayo de 1947 la gendarmería de Hopfgarten recibió una notificación de la comisaría de policía de distrito vienés de Floridsdorf, según ésta una tal Helene Gruber, persona con síntomas de deficiencia mental y considerada discapacitada por sus parientes, había declarado que Sidonie murió en el campo de concentración aquejada de fiebre tifoidea.

Según el testimonio de Joschi Adlersburg, hermano Gitano de Sidonie:

Joschi intenta recordar cuando fue la primera vez que vio a Sidonie ¿en Hopfgarten? ¿Bajo la lona del camión que los trasladó a Innsbruck junto con otros Gitanos.¿o sólo fue allí, en una celda de la comisaría donde le toman fotos de frente, de lado, de semiperfil?

Joschi recuerda a una niña despavorida, muda que, en un momento en que no se cree observada echa una mirada esquiva a la madre y a él y a Sandor, su hermano de 5 años. Recuerda una muñeca rubia. Un llanto incontenible. Una niña menuda que se niega a comer.

No cesaba de llamar a sus padres de acogida ¡Mamá! ¡Papá!

Le mentían: - Si te portas bien podrás volver con ellos. ¡Pero no había manera!

En el tren se quedó pegada a la ventanilla durante dos días y dos noches.

Viaje con destino desconocido. Uno de los hombres que, fusil en ristre, los empujan hacia la estación, les prometen el oro y el moro: - No os irá mal. Os darán tierra, mucha tierra. ¡Se acabó el vagabundeo! – y se ríe.

Joschi recuerda cuando el tren paró por fin al alba, Auschwitz, se ven rodeados de perros, látigos, gritos. De un golpe alguien le arranca la muñeca que la niña lleva en sus brazos. Antes de que Sidonie pueda agacharse a recogerla, un hombre de uniforme negro pisa la cabeza de la muñeca. Sus hermanos la recogen y le vendan la cabeza al cuerpo con un trapo. Le dijeron que la muñeca estaba malita. A Sidonie la registran como Sidononia Berger y le tatúan en su bracito Gitano el número de prisionera Z-6672

Sidonie no come. Tratan de introducirle el aguachirle, le meten un trozo de pan en la boca. Sidonie sigue llorando, en silencio, sin lágrimas. Tiene escalofríos.

Birkenau, Block 5 En medio del barracón hay una chimenea de ladrillos con un pilar al lado. La pequeña se queda ahí, de pie, día y noche.

Una tarde por fín, Joschi consigue persuadirla.
- Tienes que acostarte, Sidi, tienes que dormir.

La llevó hasta su litera, la acostó y se quedó dormida al instante.

Al amanecer, Boschi se despierta y llama la atención de su madre.
- Ves, ahora está durmiendo.

La mujer toca a la niña. Ya está fría. Era 6 de agosto de 1943.

Aquí termina la historia de la pequeña Gitanita Sidonie Adlersburg.

Hans Breirather falleció el 20 de mayo de 1980. En la lápida de su tumba en el columbario de Steyr, Josefa, Manfred y Hilde también mandaron inscribir el nombre de:

            Sidonie Adlersburg 1933-1943. Murió en Auschwitz


            El 21 de febrero de 1961 el antiguo prisionero político Johann (Hans) Breirather escribió a la Asociación Federal de la Resistencia Austriaca y de Víctimas del Fascismo, en ella relata el destino de su hija Romaní en régimen de acogida, Sidonie Adlersburg.


Carta que Hans Brairather envió en 1961 a la Asociación 
Federal de la Resistencia Austriaca y de Víctimas del Fascismo

© DÖW

En 1991 Karin Brandauer dirigió una película de 87 minutos de duración para televisión titulada “Sidonie” y que dramatiza la vida de nuestra protagonista.


Fotograma de la película „Sidonie“

© Kinofilm

El 21 de agosto de 2000 el Observatorio Lowell que se encarga de la búsqueda de objetos cercanos a la Tierra (LONEOS) en la unidad Anderson Mesa del Observatorio Lowell cerca de Flagstaff, Arizona decubrió el planeta menor 36672, en honor de Sidonie Adlersburg, ese asteroide lleva el nombre de Sidi.

El 23 de septiembre de 2000 en la localidad de Sierning, distrito de Letten, el alcalde Manfred Kalchmair asistido por el Gobernador Dr. Josef Pühringer, y la segunda presidenta del Parlamento, Gerda Weichsler-Hauer inauguraron una nueva Kindergarten (Escuela de Educación Infantil), con sede en la calle Mühlauweg, 41 con el nombre de “Kindergarten Sidonie” en honor y recuerdo de la pequeña niña Romaní fallecida en el Porrajmos.

Fuentes:
- Adiós a Sidonie, Erich Hackl, Editorial Pre-textos, 2002.
- Reportaje Das Schweigen um Sidonie Adlersburg (1986) Erich Hackl.
- Reportaje Nachforschungen über Sidonie Adlersburg (1986) Erich Hackl.
- The “Gypsy Camp” in Auschwitz-Birkenau. Dokumentationsarchiv des Österreichischen Widerstandes.
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen I. Páginas 456-457.
- Century of Genocides: Critical essays and eyewitness accounts, Varios autores, tercera edición, editado por Samuel Totten y William S. Parsons. Capitulo 5 The Gypsies por Sybyl Milton. Páginas 157-158.
- The national socialist genocide of the Sinti and Roma: Catalogue of the permanent exhibition in the State Museum of Auschwitz. Romani Rose und Silvio Peritore, Dokumentations- und Kulturzentrum Deutscher Sinti und Roma, Heidelberg. Página 233.
- The Gypsies During the Second World War: The final chapter, Donald Kenrick. Univ of Hertfordshire Press, 2006 – Página 189.
- The Nazi genocide of the Sinti and Roma..Romani Rose. Documentary and Cultural Centre of German Sinti and Roma, 1995. Página 179.