jueves, 13 de diciembre de 2012

Alfreda Markowska



Alfreda Markowska

© Fundacja Prom


Alfreda Markowska, a la que todos sus vecinos conocen por su nombre en romanés, Noncią, nació el 10 de mayo de 1926 cerca de la ciudad de Stanisławów (Polonia), en el interior del carromato en el que su familia viajaba por toda la zona oriental de Polonia.

Sus padres se llamaban Jan y Adela (nacida Chojnacka) eran polacos y católicos. Su progenitor se dedicaba a la cría de caballos y al comercio, su madre se ocupaba de criar a sus hijos.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial, a primeros de septiembre de 1939, los sorprendió en la ciudad de Lvov, en el sureste de Polonia. Alemania y la Unión Soviética, tras la firma el 23 de agosto de 1939 del Pacto de no agresión, sellado de forma secreta entre sus ministros de Asuntos Exteriores y que ha pasado a la Historia como el Pacto Ribbentrop-Molotov, decidieron el reparto de Polonia entre ambos países. Este acuerdo significaba que pronto comenzaría la que con posterioridad los libros de Historia recogerán como II Guerra Mundial. El 1 de septiembre de 1939 la Wehrmacht invade Polonia. El 22 de septiembre las tropas soviéticas en virtud del acuerdo secreto con los nazis entran en la ciudad de Lvov. La familia de Alfreda huye del Ejército Rojo y cruza a las zonas en poder de los alemanes.


Viajan por la Polonia ocupada por los nazis, haciendo camino, el largo camino de siglos que llevan recorriendo los Gitanos por la vieja Europa, en su carromato de ruedas grandes, con su bravos caballos tirando de los viejos carretones y en cada cruce de veredas deteniéndose para colocar el patteran, las pequeñas ramas torcidas a la manera Gitana que indican la ruta correcta. La familia se mueve acompañada por el temor, el miedo a que los alemanes los detengan, han oído historias, tristes evocaciones de lo que ya les ha ocurrido a otros Romaníes.



Plaza del Mercado del martes en Rozwadów, 1939

© Yad Vashem



En 1941 aquello que tanto temían, por desgracia ocurrió. La familia se encontraba en un bosque cercano a Biała Podlaska, ciudad situada al Este de Polonia. Los alemanes llegaron, nadie se percató de su llegada, detuvieron a todo el grupo de Alfreda, ella, contaba quince años y gracias al destino consiguió escapar en mitad del caos, todo sucedió tan deprisa en aquel oscuro bosque polaco. Alfreda estaba asustada pero viva, aunque ella no lo sabía en ese momento, su familia no lo consiguió, los alemanes los asesinaron a todos: sus padres, sus hermanos y al resto de su extensa familia, un total de entre 65 y 85 personas, los mataron en mitad de la espesura del bosque, los nazis los habían condenado por haber nacido Gitanos, los enterraron en una fosa común, olvidados de todos y por todos. Por desgracia, como ha ocurrido con el Porrajmos, el genocidio de los Gitanos durante la II Guerra Mundial, los libros de Historia poco o nada han contado de esta terrible matanza. Silencio, siempre el maldito silencio para con el sufrimiento del bendito pueblo Gitano.

Durante varios días Alfreda los buscó y buscó, desesperada, atemorizada, con el hondo dolor de no saber que les había ocurrido a aquellos a quienes tanto amaba, sola y en su soledad el miedo de que los alemanes la encontraran. Recorrió cada palmo de los bosques que circundan Biała Podlaska y Międzyrzeca (ciudades situadas a unos 28 km. de distancia) preguntando a cada paso que daba por si alguien sabía algo del grupo de Romaníes al que los nazis habían detenido. Preguntó a los lugareños, tocaba las puertas de las casas de los alrededores y preguntaba, y preguntaba, sin hallar respuesta. Alfreda decidió que lo mejor que podía hacer era huir del lugar, esconderse.


Escapó de allí, viajó como pudo, en tren, a pie… en busca de sus seres queridos, deseaba que al igual que ella hubieran logrado escapar. El camino la llevó a Rozwadow, donde a la edad de dieciséis años se casó y en ese lugar se instaló.


Mapa de Rozwadów en aquella época

©  Joseph Taler



Pero escapar de la bota nazi resultaba prácticamente una misión imposible. Después de pasado algún tiempo arrestaron a Alfreda en una redada en Stanislawow, por primera vez fue detenida junto a su marido, la acción la llevaron a cabo nazis ucranianos, éstos los entregaron a los alemanes y de este modo fue como ambos siguieron los pasos de miles de Romaníes durante el Porrajmos, en primer lugar los condujeron al gueto de Lublin, posteriormente fueron reubicados en los guetos de Lodz y Belzec.


Mujeres Romaníes en una calle del gueto de Lublin.

© Yad Vashem


Sección Gitana en el Gueto de Lodz
© Yad Vashem

De Belzec se las ingeniaron para huir. Regresaron a Rozwadow y allí pasaron la guerra realizando trabajos forzados en los ferrocarriles.

El régimen de trabajo era relativamente más “suave” que en los campos donde había prisioneros Gitanos, Judíos… y además los Romaníes que allí se encontraban disponían de algo de libertad y lo más importante poseían documentos que acreditaban que trabajaban para el Reich alemán. De este modo Alfreda Markowska comenzó a asumir cada vez más riesgos, empezó a hacer viajes en busca de sobrevivientes Gitanos, se había decidido a salvar del exterminio a cuántos pudiera, fuesen Gitanos, Judíos… Nuestra heroína rompió con cualquier atisbo de miedo que la asaltara, se armó de valor y no miró hacia otro lado, plantó cara, no permaneció de brazos cruzados, así salvó a muchos niños y niñas que debido al valor y heroísmo de Alfreda consiguieron sobrevivir al infierno de la guerra, a los pogromos y a las masacres. Alfreda se marchaba, a nadie decía donde iba y cuando volvía nunca regresaba sola, siempre regresaba acompañada de algún niño o niña Judío, Gitano… que confiaban en aquella mujer Gitana como en su ángel de la guarda, Alfreda los escondía en Rozwadów.

Nuestra heroína actuaba del siguiente modo: El documento de trabajo, mencionado con anterioridad, certificaba que Alfreda era una trabajadora esencial para el Tercer Reich, esta tarjeta la protegía contra las continuas redadas que organizaban los alemanes para detener a los considerados por éstos como enemigos del Reich. Alfreda conseguía enterarse de los lugares en los que los nazis iban a realizar o habían realizado un pogromo, una ejecución en masa de Judíos, con suma frecuencia en el grupo de condenados al exterminio también entraban los Gitanos del lugar – cuando la zona quedaba despejada, Alfreda se adentraba en los lugares en los que se habían llevado a cabo las ejecuciones, con la esperanza de que alguien aún estuviera vivo, en la mayor parte de las ocasiones eran tantas las personas asesinadas que los ejecutores no se detenían para comprobar si las personas habían muerto o habían quedado heridas, a menudo Alfreda tenía éxito en su incursión y rescataba a los heridos del montón de muertos. Alfreda se llevaba de aquel lugar a los niños y los escondía en lugares preparados al efecto en su centro de operaciones en Rozwadów, les entregaba documentos falsos de identidad y certificados de empleo. Cuando podía, muchos de los niños rescatados por Alfreda, eran entregados a alguna familia de la población – con ello les daba unos tutores naturales – o sino los colocaba con familias Romaníes o en cambio a otros los escondía ella misma. Durante el periodo que duró la guerra, rescató de la muerte a unos cincuenta niños Romaníes y Judíos. Alfreda también actuaba rescatando de los convoyes de deportación a los niños, arriesgando su vida para sacarlos de las filas de detenidos, aprovechando para ello el menor descuido de los soldados que los custodiaban.

La guerra continuaba y así llegó 1944, Rozwadow fue ocupada por el Ejército Rojo, éste obligaba a los jóvenes Romaníes a incorporarse a filas a su ejército – Alfreda, su marido y muchos de los niños rescatados, que permanecían bajo la custodia y protección de nuestra protagonista, decidieron huir de allí. Otra razón para abandonar el lugar era el avance del frente en dirección al centro de Polonia. En Legnica, a 500 kilómetros de Rozwadów se había creado un gran centro para personas desplazadas que regresaban de la deportación al Reich, en ese lugar se reencontró con algunos jóvenes con los que había perdido el contacto en la región de Lublin durante el último período de la guerra.

Después de finalizada la contienda Alfreda retomó su vida, caminando en su carromato por los senderos de Pomerania Occidental y Polonia, al abrigo de candelas en noches de luna llena, haciendo camino, volviendo a colocar el patteran en los cruces para indicar la ruta a otros Gitanos. Pero el fin de la guerra no significó el final del sufrimiento para los Gitanos. Tiempo después, las autoridades polacas prohibieron a Alfreda Markowska seguir llevando una vida nómada y por esta razón la familia se estableció en Gorzow Wielkopolski.

Alfreda Markowska rescató de una muerte segura a unos 50 niños Romaníes y Judíos. Gracias a su valor y determinación Alfreda puede sentirse orgullosa de tener alrededor de 250 nietos y numerosos bisnietos repartidos por todo el mundo. En todos estos años desde el final de la guerra Alfreda ha vivido modestamente, en silencio, ese silencio que acompaña y envuelve con su manto a tantas y tantas historias a tanto sufrimiento, disfrutando de una autoridad bien merecida entre las familias Gitanas.


El 17 de octubre de 2006, fue un día muy importante en la historia de la Romaníes del mundo a pesar de que prácticamente nadie se enteró, los medios de comunicación poco o casi nada se hicieron eco de tan magnífica noticia. En esa fecha Alfreda Markowska recibió uno de los más altos honores de Polonia - la Krzyż Komandorski z Gwiazdą Orderu Odrodzenia Polski. Por primera vez en la Historia de este país una persona Romaní recibió tan grande honor de manos del Presidente de la República de Polonia. Alfreda Markowska es un ejemplo de valentía para todos, su vida, su entrega a los demás en un momento crucial, su historia, su pequeña pero imborrable historia, debe ser conocida en todas las escuelas por todos los niños del mundo, ella dio todo por los demás, se entregó en cuerpo y alma a rescatar de la muerte a muchos niños, sin tener en cuenta su origen, su religión… para Alfreda sólo contaba que eran seres humanos indefensos y que debía arriesgarse para salvarlos. Desde la modestia y humildad de este bloguero muchas gracias Alfreda por lo que hiciste, tu vida es ejemplo de bondad.



Alfreda Markowska en la ceremonia de entrega
de la Krzyż Komandorski z Gwiazdą Orderu Odrodzenia Polski.

© PAP/Tomasz Gzell

Alfreda Markowska y su vida resultan la prueba fehaciente que confirma que incluso en los momentos más negros de la Historia de la Humanidad, en mitad de la mayor tragedia humana, en el infierno creado por los mismos seres humanos, al final siempre, el bien triunfa sobre el mal.


Alfreda Markowska

© PAP/Tomasz Gzell
Existe un documental polaco titulado “Puri Daj” dirigido por Agnieszka Arnold, donde se cuenta la vida de Alfreda Markowska.

Alfreda Markowska nais tuqe.

Fuentes:

- La hermosa vida de Alfreda Markowska en el número 5 de la revista bimestral Romano Atmo. K. Gierliński, páginas 10-11.
- Alfred Markowska: La heroína de tres naciones. Artículo escrito por Agnieszka Mirosława Caban. Stowarzyszenie Panorama Kultur.
- Alfreda Markowska: Salvadora de víctimas del nazismo.24 de octubre de 2012. Berliner Morgenpost