domingo, 23 de marzo de 2014

Sofia Taikon

Sofia Taikon
© Archivo familiar


Sofía era una niña Romaní polaca nacida en 1931 con el apellido Brzezinska, vivía junto a su familia a las afueras de la capital, Varsovia. Sus hermanos se llamaban Anna, Kristina y Josef. Su papá era tratante de caballos, su mamá leía la buenaventura.

 
Familia de Sofia
© Tranan/Podium


Su infancia transcurría en mitad de la felicidad propia de la niñez. Sofía se peinaba su espléndido pelo negro con dos largas trenzas. Los inviernos eran extremadamente duros y fríos. En el verano se reunían con otros parientes y con sus carromatos recorrían los caminos de Polonia yendo de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad. Conforme iba cumpliendo años comenzó a tomar conciencia de que un gran número de personas no los trataban a ella y su familia como a los demás, sino que los miraban de manera diferente por ser Gitanos.

 
Noche de verano
© Tranan/Podium


A Sofía le encantaba ayudar a su padres, buscar leña y por supuesto tras traer agua, no olvidarse nunca de que los cubos siempre deben quedar llenos de agua porque sino se atrae a la mala suerte. Sofía y sus hermanos no fueron a la escuela. En su casa hablaban romanó.

Entonces llegó el fatídico septiembre de 1939, los nazis invadieron Polonia y la vida de Sofia y su familia cambió para siempre.

El miedo asomaba por todos lados y en el invierno de 1942 los alemanes llegaron hasta su casa, los nazis se estaban llevando detenidos a los Romaníes, consiguieron huir y esconderse en un bosque cercano, cuando el peligro pasó volvieron a su hogar. Un día su angustia aumentó cuando llegó hasta su casa un hombre que había escapado de los nazis y les contó que habían fusilado a toda su familia solo por el hecho de que eran Gitanos. La familia de Sofia se dispuso a huir, pero escapar de los nazis resultaba algo prácticamente imposible, finalmente los alemanes los detuvieron, se los llevaron en un camión y los condujeron hasta un lugar donde les hicieron muchas preguntas, los fotografiaron y un doctor examinó sus labios, sus dientes, tomó medidas de su nariz, de su cabeza y de su frente, tomaron sus huellas dactilares y les sacaron sangre, tras esto los enviaron de nuevo de vuelta a casa. Pero pronto los soldados nazis regresaron, sus padres al ver los soldados armados ante la puerta, conminó a los pequeños para que corrieran y de nuevo se escondieran en el bosque, cuando regresaron a casa todo estaba destrozado, y lo peor, se habían llevado a sus padres. Los chiquillos permanecieron ocultos unos días en el bosque, pero el hambre dolía de forma insoportable. Su hermano Josef intentó salir y buscar comida. Pidió algo de comer a unos polacos, pero en lugar de darle algo de comer los entregaron a los alemanes. Su hermana Anna consiguió quedarse escondida en el bosque.

Los alemanes condujeron a los niños hasta un extraño lugar rodeado de alambradas, era un gueto, allí los tres pequeños se reencontraron con sus padres. Cada día más y más camiones llegaban cargados de personas (Gitanos, judíos, polacos…)

En 1943 la familia fue deportada al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. Sofía contaba entonces con tan solo doce años de edad, como ella misma afirma ya nunca más volví a ser Sofía Brzezinska, desde ese momento no fui nada más que un número, Z-4515 En el Zigeunerlager de Birkenau la familia permaneció unida hasta que en el transcurrir del verano de 1944 Sofía fue separada de su familia y transferida al campo de concentración de Ravensbrück, logrando de este modo salvarse de la terrible noche del 2 al 3 de agosto de 1944 en la que los Gitanos que permanecían en Birkenau murieron asesinados en las cámaras de gas, la Zigeunernacht.
 
 
Interior de un barracón del Zigeunerlager Birkenau.
© Tranan/Podium
 
El recuerdo que siempre tuvo Sofía de su paso por los campos fue de dolor, mucho dolor, pero también de solidaridad, la solidaridad de muchas personas que la ayudaron en pequeñas cosas, pero esas pequeñas muestras de apoyo la ayudaron a mantenerse en pie, a seguir luchando por vivir.

Sofia sobrevivió a los campos de concentración, al Porrajmos.

Poco antes del fin de la guerra fue enviada a Suecia como refugiada en los conocidos como “Buses Blancos”. Fue este un programa llevado a cabo por la Cruz Roja de Suecia y el Gobierno de Dinamarca en la primavera de 1945 para rescatar a prisioneros de los campos de concentración en las zonas bajo control de los nazis y transportarlas a Suecia, un país neutral. Aunque el programa se orientó inicialmente a salvar a los ciudadanos de los países escandinavos, se expandió rápidamente para incluir a ciudadanos de otros países. En total, el programa trasladó a 15.345 prisioneros salvándolos de la muerte en los campos de concentración, de estos 7.795 eran escandinavos y 7.550 eran no-escandinavos, entre los que se encontraba Sofia.

 
Autobuses Blancos de la Cruz Roja de Suecia en
Alemania hacia el final de la Segunda Guerra Mundial,
©  Cruz Roja sueca

Poco a poco se adaptó a la forma de vida sueca. Las heridas de su paso por el infierno nunca cicatrizaron, pero la vida continuó su devenir y con el tiempo se enamoró, se casó con Janko y formó una familia. Durante muchos años buscó el paradero de su familia, pero su búsqueda resultó vana, no volviendo a saber que fue de sus padres y hermanos. Aprendió a convivir con el dolor de la ausencia, viendo como crecían primero sus hijos y luego sus nietos, pero en un rinconcito de su corazón quedó el amor por aquellos que en la noche más negra de la Humanidad desaparecieron sin dejar rastro olvidados entre las cifras del infierno, el Porrajmos.
 
 
Sofia Taikon fotografiada
en su juventud. Suecia.
© Archivo familiar

 
Un día de 2005, su nieto, mientras jugaba junto a ella, observó un número tatuado en el brazo de su abuela y con la ganas de saber que tienen los niños le pidió que le contara acerca de ese número tatuado. En un primer momento Sofía prefirió no hablar, demasiado el dolor el que guardaba su alma, demasiadas lágrimas encerraba en  aquella letra Z y cuatro números, pero ante la insistencia del pequeño, finalmente accedió a contarle su historia, su larga y terrible historia… su infancia feliz, junto a sus padres, hermanos y parientes, llena de juegos alrededor de una hoguera y un cielo estrellado de verano en la Polonia de antes de la guerra y como toda esa forma de entender la vida acabó para siempre el día que dejó de ser una niña para convertirse en un número, los años negros del Porrajmos. El marido de Sofía reprendió a su esposa por contar su historia al niño “No deberías haberle contado todo eso. Sólo has provocado que esté triste.

Más además de a sus nietos Sofía relató sus experiencias a la autora, Gunilla Lundgren, que se decidió a realizar un espectacular y didáctico cómic con ilustraciones de Amanda Eriksson contando la vida de Sofia.
 
Portada del libro Sofia Z-4515
© Tranan/Podium
 

Sofía murió en 2005, sólo unos meses antes de la publicación de la edición original sueca del libro. Sofia Taikon Brzezinska te bisterdon tumare anava.

Fuentes:

- Sofia Taikon. Genocidio de los Sinti y Romá.

- Sofia Z-4515. Gunilla Lundgren, Sofía Taikon, ilustrado por Amanda Eriksson. Tranan. 2005.

- The White Buses. The Swedish Red Cross rescue action in Germany during the Second World War. Agneta Greayer y Sonja Sjöstrand. Cruz Roja de Estocolmo. Enero 2000.
 
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen I. Páginas 316-317