domingo, 27 de mayo de 2018

Hidelgard Franz, nacida Reinhardt

Hidelgar Franz, nacida Reinhardt
© Verband Deutscher Sinti und Roma

Hildegard Franz, nacida Reinhardt, vino al mundo en una familia Romaní el 6 de febrero de 1921 en Tubinga, Alemania, localidad a orillas del río Nëckar. Aunque la localidad en la que se estableció y desarrolló su vida fue la de Ravensburg en la Alta Suabia.

Su madre se llamaba Luise Spindler y su padre, Johannes Reinhardt. El matrimonio tuvo cuatro hijas y cuatro hijos. Su progenitor trabajaba como músico tocando el violín.

Después de sus años escolares, Hildegard comenzó a trabajar en Ravensburg. Las actividades laborales que llevó a cabo fueron trabajos en el bosque o para algún granjero de la localidad. Cerca de donde vivían  había una pareja de ancianos, que estaban bastante enfermos, así que a menudo acudía a limpiarles la casa y a lavarles la ropa.

En 1936 toda su familia recibió la fatal visita del Dr. Robert Ritter y su personal, para investigarlos “racialmente”. Los categorizaron como miembros de una "raza inferior" por el hecho de ser Romaníes. El Dr. Ritter, su asistente Eva Justin y otros miembros, pertenecientes a la "Unidad de Investigación de Higiene Racial y Biología de la Población" Rassenhygienische und Bevölkerungsbiologische Forschungsstelle, se encargaron desde 1936 de llevar a cabo estudios pseudocientíficos para proporcionar datos a través de entrevistas de campo y exámenes médicos tales como análisis de sangre, toma de medidas de la longitud craneal, color de los ojos… de la población Romaní que vivía en el Reich. Estos informes determinaron que la mayoría de los Romaníes del estado Alemán representaban una amenaza para la pureza racial aria. Entre los 24.000 Romaníes investigados por el equipo de Ritter se hallaron Hidelgard Reinhardt y su familia.

En la segunda mitad de los años treinta las autoridades locales internaron a los Romaníes de Ravensburg en un campo de confinamiento de Gitanos. La ciudad de Ravensburg había seguido prácticamente una política de expulsión de la ciudad de los Romaníes, práctica que ya se empleaba durante la República de Weimar anterior a los nazis. A quienes estaban empadronados en la ciudad como la familia de Hildegard Reinhardt se les sometió día y noche a un estricto control policial, mientras que a las familias Romaníes que llegaban de paso a la ciudad se las solía expulsar de manera inmediata. Un fallo del tribunal superior administrativo de Prusia, que declaraba antijurídica semejante política de expulsión, provocó un cambio fundamental. En noviembre de 1936 se declaraba:
“La jefatura de policía de Ravensburg, previa consulta con el alcalde de la ciudad, ha exigido a todos los gitanos que viven en ella o que se encuentren de paso por la misma que busquen un trabajo regular y una vivienda o salgan de Ravensburg”.

Los servicios de obras de infraestructuras organizaron una brigada para trabajos obligatorios formada exclusivamente por Romaníes en la que el salario, ya de por si bajísimo, se reducía en un 10% por bajo rendimiento o falta de voluntad, premisa incluida antes de que el integrante de la compañía de trabajo pudiera siquiera demostrar su valía profesional. Incluso aquellos que tenían otra actividad económica o que ya se habían incorporado a otro puesto de trabajo tuvieron que formar parte obligatoriamente de esta brigada obrera especial. Un capataz se encargaba de mantener a los miembros de la brigada bajo rigurosa y constante vigilancia, denunciando a la policía,de manera inmediata, a quienes faltaran al trabajo y ésta procedía con el mayor rigor contra los Gitanos absentistas. De hecho, el menor incumplimiento de las órdenes policiales se castigaba con varios días de arresto.

Ravensburg, monumento en memoria de los Romaníes 
de Ravensburg asesinados en Auschwitz-Birkenau.
© Andreas Praefcke


De manera simultánea a la imposición de trabajos obligatorios a los Romaníes, la administración local de Ravensburg inició la instalación de un campo especial para el confinamiento de Gitanos. Para este fin se construyeron dos barracones nuevos en la periferia de la ciudad y se procedió a ir trasladando a este lugar a la mayor parte de los Romaníes que vivían en viviendas municipales para necesitados u otros a los que se trasladó con sus carromatos. El internamiento que se llevó a cabo en noviembre de 1937 afectó no solo a los Gitanos que vivían en el asilo de indigentes sino a todos los que ocupaban cabañas, carromatos o cualquier vivienda móvil. Al terminar los traslados había casi 100 personas confinadas en el campo de Ummenwinkel, en la periferia de la ciudad, cercado con alambre de espino. Los habitáculos se distribuían por familias, pero cuando la ocupación del espacio no era muy elevada se añadían internos solteros a los grupos familiares. En las barracas se colocaban placas con el nombre del cabeza de familia y de las demás personas que vivían en ellas. Se fijó también en las paredes un reglamento, en el que se recogían las normas del campo y la obligatoriedad de demostrar que se poseía un puesto de trabajo. Para vigilar a los internados, la policía municipal realizaba a diario incursiones de control y la policía criminal y de seguridad, la Kripo, practicaba registros a intervalos irregulares. Además de todo ello, los internos tenían que nombrar a una persona de edad que tenía que preocuparse del orden y la limpieza de la colonia de barracas y que era responsable ante el ayuntamiento.

Los objetivos que se persiguieron con internar a los Romaníes en estos campos de confinamiento eran:
-         Mediante el internamiento de los Gitanos en la periferia de las ciudades se garantizaba que los expulsados no volverían a pisar estas.
-         Aprovechamiento como mano de obra forzada.
-         Las autoridades municipales conseguían la reducción de las compensaciones a los Gitanos en concepto de prestaciones sociales, el pago de las mismas se hacía después de la prestación del trabajo obligatorio.

El 13 de marzo de1943; 36 niños, hombres y mujeres Romaníes internados en el campo de confinamiento de Ummenwinkel fueron trasladados por los nazis hasta la estación de mercancías de Stuttgart y el 15 de marzo de 1943 en un convoy compuesto por vagones para transporte de ganado deportados con destino al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau.

Hildegard Reinhardt relata:
"Se llevaron a muchas personas, varios cientos de personas. La policía y la Gestapo, armados con fusiles iban de un lado para otro. El mismo día, nuestro transporte fue conducido de Stuttgart a Auschwitz en vagones de ganado. No sé cuánto tiempo duró el viaje. Dos o tres noches. Fue al final de la tarde o la noche, ya era de noche, cuando llegamos a Auschwitz-Birkenau. Después de abrir los vagones vimos los focos que iluminaban todo. ... "

Hildegard Reinhardt recibió el número de prisionera Z-4734, el cual le fue tatuado en uno de sus antebrazos. Sus hijas los números Z-4739, Z-4740 y Z-4741.

“Aquella fue la cosa más horrible que jamás haya experimentado; los focos, los perros ladrando, los soldados armados, agotados tras la llegada y conducidos a los barracones, el nombre ya no importaba, solo un número. Los niños pronto enfermaron apenas comían: nos daban una sopa rojiza y maloliente, con trozos de carne, carne de caballo tal vez, los niños no la podían masticar. Tal vez es por eso enfermaban..."

Mientras esto sucedía en Polonia, el 26 de abril de 1943, las autoridades locales de Ravensburg sacaron a subasta pública diversos artículos pertenecientes al hogar de Hidelgard Reinhardt para su reutilización por vecinos del municipio.

Hildegard se había casado joven. "Mis niñas tenían; una tres años, otra dos años y la menor de sólo siete meses de edad", sus nombres; Anita (1940) Natalie (1941), Irmila (1942). El primer niño de la familia que murió en aquel infierno fue el de su hermana, que perdió la vida cinco días después de nacer. Hildegard fue capaz de amamantar al recién nacido, pero desgraciadamente falleció. En el corto espacio de tiempo de los días de Pascua de aquel 1943, las tres hijas de Hidelgard Reinhardt fallecieron. Ella no tenía lágrimas en ese momento, "No podía llorar", eso llegó mucho más tarde. Incluso en la vejez, Hildegard, todavía soñaba con sus niñas pequeñas.

  Hidelgar Franz.
© Planet schule

El 15 de abril de 1944, unos meses antes de la liquidación del Campo de Familias Gitanas de Birkenau, Hildegard fue transferida al campo de concentración de Ravensbrück donde realizó trabajos forzados agrícolas y constantemente su recuerdos se adentran en los gritos, los golpes, el hambre, el miedo…,  posteriormente otro traslado la lleva hasta el campo de Buchenwald, donde quedará internada en el subcampo de Schlieben,  allí la obligaron a realizar trabajos forzados en una fábrica de municiones, la “Hasag Hugo Schneider AG”.

Muy cerca de la finalización de la guerra y ante la cercanía de las tropas aliadas los prisioneros de los campos fueron obligados a ir a pie hasta otros campos situados en el corazón de Alemania, es lo que ha pasado a la Historia con el nombre de “Marchas de la muerte”. En el transcurso de una de ellas, Hildegard fue liberada en Altenburg, Turingia por los estadounidenses.

Hildegard Franz regresó a la vida. Había conseguido sobrevivir al miedo, a los campos de exterminio, a la fiebre tifoidea, al dolor por la muerte de sus queridas niñas, al hambre, a las incursiones aéreas, a las espeluznantes condiciones de trabajo en el campo, en fábricas de armamento y a la temible marcha de la muerte. Después de la guerra, ella y otras cinco mujeres regresaron a Ravensburg. Allí se enteró de que sólo unos pocos miembros de su familia habían sobrevivido al Porrajmos y de que su esposo había fallecido en el campo de concentración de Bergen-Belsen.

Hildegard se volvió a casar y tuvo cinco hijos y catorce nietos y varios biznietos.

A lo largo de su vida sintió en numerosas ocasiones el rechazo por haber nacido Romaní, valgan como ejemplos los siguientes: En 1957 recibió como compensación por haber sufrido persecución durante la época nazi, le concedieron un único pago de 150 marcos por la privación de libertad de sus hijas, no por su muerte. No sería hasta 2001 cuando consiguió una pensión mensual para víctimas. En su pasaporte de 1979 constaba la siguiente observación: "Particularidad: tatuaje en el antebrazo izquierdo".

Hildegard Franz Reinhardt dio muchas conferencias, acudió a los colegios para transmitir a los niños y jóvenes su testimonio, en la que de sus labios apenas aparecía una palabra para hablar de los perpetradores, en cambio, narraba con fuerza la solidaridad entre las mujeres en los campos, y que todo aquello que ocurrió nunca debería olvidarse.

Recibió numerosos honores, entre ellos el que le entregó el primer ministro Winfried Kretschmann, la Cruz Federal del Mérito.

Entrega por parte del ministro Winfried Kretschmann de 
la Cruz Federal del Mérito a Hildegard Franz.
© Schwarzwaelder-bote

 Hildegard Franz murió el 7 de mayo de 2013 a la edad de 92 años. Está enterrada en el cementerio de la ciudad de Rottweil.

Fuentes:
- Transcripción de la entrevista a Hildegard Franz realizada por Bárbara Spangler-Axiopoulos. USC Shoah Foundation Institut. VHA Código de la entrevista 48452. 20 de noviembre de 1998.
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. Volumen I. Páginas 330-331.
- “Mut Ohne Befehl / Widerstand und Verfolgung in Stuttgart 1933-1945”, Katrin Seybold Film GmbH 1994
- De la ciencia de las razas a los campos de exterminio. Sinti y Romá bajo el régimen Nazi. Karola Frings, Herbert Heuss y Franck Sparing. Editorial Presencia Gitana. Colección de temas gitanos y afines Interface. 1999. Páginas 53-54.
- USC Shoah Foundation Institut. Testimonio de Hildegard Franz. Historia oral. VHA Código de la entrevista 48452.
- Verfolgung und Vernichtung der Ravensburger Sinti, in: Peter Eitel (Hg.), Dorothea Kinderlen:  Ravensburg im Dritten Reich. Beiträge zur Geschichte der Stadt, 2. Aufl. Ravensburg 1998.
-Hildegard Franz ist gestorben, artículo aparecido en el NRWZ el 10 de mayo de 2013.
- Im Alter träumt sie von ihren Mädchen, artículo aparecido en el Schwarzwaelder-bote el 17 de mayo de 2013.
- Das KZ-Außenlager Schlieben. Walter Strand. BücherKammer, Herzberg 2005.