viernes, 30 de marzo de 2018

Traian Grancea

Traian Grancea
© Adevarul Holding

Traian Grancea nació en 1905 en una familia Gitana cortorari que vivía a la manera nómada y cuyo oficio consistía en fabricar y reparar calderas, ollas, cazos y todo tipo de cacharros de cobre, de hierro y, en general, de cualquier tipo de metal.

De esta forma transcurrió su juventud y primera edad adulta, yendo por los pueblos de Rumanía ofreciendo la nobleza de su oficio milenario.

Gitanos trabajando los calderos
© Monitorul Expres

En 1941 Traian Grancea vivía en el condado de Viştea, Braşov. Era un hombre joven con toda su vida por delante, se había casado y conformado una familia de tres hijos pequeños. Traian, de su progenitor había heredado el arte de trabajar las calderas, además, se había convertido en uno de los líderes de la comunidad Gitana local.

Pero en aquel verano de 1941 el área comprendida entre los ríos Dniester y Bug, territorio que formaba parte de la Ucrania Soviética, fue ocupado por los ejércitos germano-rumanos. Tras un intercambio de cartas y negociaciones entre Adolf Hitler y el mariscal Ion Antonescu, se firmó el acuerdo germano-rumano en Tighina el 30 de agosto de 1941, mediante el cual esta zona fue confiada a la administración rumana. La administración civil rumana en Transnistria, encabezada por el gobernador Gheorghe Alexianu, se ocupó de la normalización del orden público, la vida social y la explotación económica de este territorio.

Mientras tanto, auspiciado por el Gobierno Central en mayo de 1942, la Gendarmería realizó un censo de los Gitanos para determinar quiénes de ellos serían deportados a Transnistria. De este modo, en 1942 más de 25.000 Gitanos de Rumania fueron conducidos a esta región, once mil de ellos nunca regresarían a casa.

Mapa de Transnistria 1941-1942
© USHMM

La historia de Traian cambió para siempre una noche de 1942, bien entrada la madrugada gritos de soldados despertaron a Traian y a su familia. Los obligaron a recoger sus tiendas y después, a que subieran a sus carromatos, era el comienzo de un largo camino sin retorno hasta Transnistria. El viaje duró tres o cuatro meses, unos iban a pie y otros en sus carromatos. Nada más llegar, los soldados les quitaron lo poco que les quedaba; sus caballos y sus viviendas rodantes, les prometieron que si les entregaban el oro y la plata heredada de sus antepasados los dejarían marchar, pero esta falsa promesa nunca sería cumplida.

Sobre la base de las investigaciones actuales, los Gitanos de Rumanía fueron ubicados en Transnistria en unos 31 pueblos pertenecientes a cuatro distritos: Ochakov, Berezovka , Golta y Balta. La mayoría de los Gitanos nómadas en el condado de Golta, y los Gitanos sedentarios estaban casi todos en el condado de Oceakov. Algunos Romaníess fueron alojados en hoyos excavados en el suelo, mientras que otros en casas. Por lo general, se recurrió a la evacuación de los residentes locales de los pueblos de Ucrania y muchos de los recién llegados eran situados en los hogares que los aldeanos habían tenido que abandonar. Algunos pueblos del Bug fueron desalojados por completo para este propósito. Por otro lado, la difícil situación de los Romaníes se debía a su concentración en grandes grupos. Las llamadas colonias temporales solían ser bastante numerosas, a veces involucrando a varios miles de personas. El condado de Ochakov, al principio reunió a casi 14000 Gitanos que ocuparon tres áreas en los municipios de Kovaliovka, Bolişaia-Karanika y barracones en Alexandrodar. Un grupo tan numeroso de personas creó una situación especial, ya que las autoridades locales no podían dar alojamiento, ni suministrar la comida, ni la ropa necesaria, ni dar trabajo a tan alto volumen de personas.

Niños Romaníes en Transnistria
© Vocea Romilor

Para Traian, su familia y el resto de Romaníes allí deportados la vida en Transnistria  se convirtió en un infierno; hambre, frío, enfermedades... Nada más llegar no los alojaron en ningún edificio, tuvieron que cavar un hoyo en la tierra, a orillas del Bug en el que resguardarse del frío. El invierno fue terrible. La gente rebuscaba comida donde podía. Una escena cotidiana era la de montones de personas muertas por todos lados, aquellos que morían donde encontraban la muerte eran enterrados. Las raciones de alimentos fijadas por el Gobierno no se respetaron. De acuerdo con las instrucciones oficiales, las autoridades deberían dar 200 gr. de harina de cebada o avena para los niños y 400 gr. para los adultos, sal y 150 gramos de patatas; pero… la realidad fue que durante semanas seguidas, no recibieron nada. Al mismo tiempo, no se les proporcionó madera para calentar alimentos o para calefacción, y solo a una pequeña parte de los deportados se les dio un trabajo. Los Romaníes se vieron privados de las cosas más elementales, incluidas las ollas para la preparación de la comida. 

Una familia Romaní en Transnistria
© Adevarul Holding

La ropa fue un tema especial, porque no se les permitió llevar equipaje ni otras pertenencias personales cuando partieron de sus hogares. La atención médica resultó inexistente y faltaban medicamentos. Al mismo tiempo, nadie se preocupaba de la higiene personal. La mayoría de los Gitanos no poseían ropa interior, vestían harapos, envueltos en paja, no tenían jabón para lavar la ropa... Los informes de las autoridades locales de Transnistria recogen que la situación de los Romaníes fue una de las más lamentables en comparación con la de otros grupos étnicos. Todos los días, de 5 a 10 personas Gitanas morían de hambre o enfermedad en cada una de las colonias. Además, semanalmente se informaba de que la mayoría de los enfermos de tifus exantemático eran Romaníes. Es por eso que el proceso de repatriación al país de los Gitanos estaba estrictamente prohibido, y los capturados eran enviados de vuelta de inmediato.

En marzo de 1944 el Ejército Rojo rompió el frente y los Romaníes de Transnistria comenzaron a dirigirse hacia el oeste tras las filas de soldados soviéticos. En aquel lugar, Traian había perdido a su padre, a su hermana, a su primera esposa y a sus tres hijos, su madre enfermó de cólera, en el camino de regreso, y también falleció. Al regresar del infierno, Traian Grancea se asentó en Porumbacu, un pueblo situado al borde de la montaña, cerca de Sibiu. Los ancianos del lugar afirman que fue el primer Gitano que se construyó una casa en 1981, un orgulloso edificio de varios pisos. Después de él, los demás abandonaron las tiendas y se construyeron sus casas de ladrillo.

Traian era un experto en la elaboración de calderas y en el trabajo del bronce, disfrutaba enseñando su oficio a los más jóvenes.

El señor Grancea tuvo dos hijos, Traian y Veta, vivió tanto tiempo que pudo ver a cuatro generaciones de Grancea: más de 60 nietos y biznietos.

El 22 de octubre de 2007, el presidente Traian Basescu condecoró a Grancea y otros dos sobrevivientes del Porrajmos, con la Orden Nacional del Servicio Leal, en el rango de caballero (ordinul national Serviciul Credincios, in grad de cavaler). Traian siempre dio testimonio de su sufrimiento y el de su pueblo durante la II Guerra Mundial participando en numerosos diversos actos y apareciendo en diversos documentales, de hecho fue uno de los protagonistas del filme titulado "Adevărul despre Holocaust" dirigido por Florin Cioabă y presentado en 2012 en el Festival Astra de cine.

Imposición de la Orden Nacional 
del Servicio Leal
© Ziare

La historia de Traian Grancea es una historia de exilio y dolor que diezmó a su familia y cambió su vida definitivamente. Traian Grancea murió en mayo de 2014 a los 108 años.

Fuentes:
- Artículo “Cel mai bătrân supravieţuitor al Holocaustului ţigănesc” de Ramona Găină aparecido en Adevarul. 23 de octubre de 2012.
- Entrevista al sobreviviente Romaní Traian Grancea, en Deportarea în Transnistria : mărturii  de Luminița Cioabă ; Fundația Social-Culturală a Romilor "Ion Cioabă". Páginas 11–12.
- Documente privind deportarea țiganilor în Transnistria, Viorel Achim . Editura Enciclopedică, București, 2004.
- Deportarea rromilor în Transnistria: de la Auschwitz la Bug, Vasile Ionescu, Editura Centrului rromilor pentru politici publice "Aven amentza", 2000.

martes, 27 de febrero de 2018

Wolfgang Helmut Mirosch (o Mirusch)

Wolfgang Mirosch
© Colección privada familia Heine.

Wolfgang Helmut Mirosch (en los documentos también aparece inscrito como Mirusch) nació el 23 de noviembre de 1935 en el Hospital Estatal para Mujeres de Celle, Baja Sajonia, Alemania. Cuatro días más tarde fue bautizado en la iglesia protestante-luterana de la misma localidad, recibiendo el nombre de Wolfgang Helmut Czaja. El padre biológico de Wolfgang es desconocido, acerca de su madre tampoco disponemos de mucha información: solamente, que se llamaba Katharina Czaja, mujer Gitana nacida el 10 de junio de 1914 en Rehden, distrito de Diepholz. En el certificado de nacimiento y en el de bautismo de Wolfgang, los únicos datos que nos aportan sobre su madre la describen como "soltera", de profesión "criada", y que trabajaba en casa del fontanero August Garbers en Bleckede, en el distrito de Luneburgo.

El certificado de nacimiento de Wolfgang se completó en abril de 1941 aportando nuevos datos: "Por orden del tribunal de distrito en Luneburgo se señala que el apellido no es Czaja, sino Mirusch y el primer nombre de la madre no es Katharina, sino Therese". Con similar redacción también se añadió la misma entrada en la partida bautismal de Wolfgang. Lo que había detrás de este anexo, ya sea un error u otra motivación, se desconoce. En cualquier caso, Wolfgang tuvo desde ese momento los apellidos "Mirosch" o "Mirusch". Lo mismo les sucedió a sus tres hermanos, de los cuales Wolfgang probablemente nunca tuvo noticias, porque vivían con otros padres adoptivos.

En diciembre de 1935, la madre llevó a Wolfgang hasta la casa de acogida para niños Wilschenbruch, cerca de Luneburgo en la Reiherstieg, 13. Al mes siguiente, en enero de 1936 la madre se marchó de la institución, y Wolfgang se quedó allí internado. En junio de ese año lo entregaron a una familia de acogida de Adendorf (distrito de Luneburgo), sus padres adoptivos Elisabeth y Heinrich Heine vivían en la Fliederstrasse, 24.

Wolfgang Mirosch (derecha) con su primo, hacia 1941
© Colección privada familia Heine.


Wolfgang Mirosch (derecha) con su primo, hacia 1942
© Colección privada familia Heine.

El 6 de agosto de 1942, Wolfgang Helmut Mirusch Heine fue matriculado en la escuela de Adendorf para iniciar su primer curso escolar. Pero el fatal destino le permitiría asistir a ese colegio solamente unos pocos meses porque el 9 de marzo de 1943, Wolfgang Mirosch, de siete años de edad, fue detenido por haber nacido Gitano. Su maestro de escuela, Hermann Hildebrand, anotó en el diario de clase de forma lapidaria: "El 9.3.43 expulsado a Hungría".

El 11 de marzo de 1943 un convoy conformado con vagones para transporte de ganado con 357 Romaníes del norte de Alemania partió desde la estación de ferrocarril “Hannoversche Bahnhof” de Hamburgo con destino al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. En su interior nuestro pequeño Wolfgang, solo, sin nadie a quien abrazar, sin nadie que lo consolara, tristeza absoluta en sus pequeños ojos Gitanos asomados al horror del odio y la maldad humana.  

La “Hannoversche Bahnhof” de Hamburgo en 1931.
© Museum für Hamburgische Geschichte

 Wolfgang quedó internado en el “Zigeunerfamilienlager”, sector BIIe de Birkenau. En ese maldito lugar, Wolfgang, murió el 9 de noviembre de 1943, catorce días antes de su octavo cumpleaños. El médico del campo, el temido Josef Mengele, certificó como causa de su muerte "caquexia por estomatitis catarral", es decir, desnutrición severa con inflamación de la mucosa oral.

Certificado de la muerte de Wolfgang Helmut 
Mirosch firmado por Mengele
© Archivo del Museo de Auschwitz

Los tres hermanos de Wolfgang también fueron deportados a Auschwitz-Birkenau y murieron allí. La madre de Wolfgang había sido deportada al campo de concentración de Ravensbrück en septiembre de 1942, donde murió el 17 de mayo de 1944.

Tras la guerra una nueva Alemania renació de sus cenizas. En Adendorf el nombre de Wolfgang Mirosch quedó sepultado en el olvido, pero…. unos 60 años más tarde, la entonces directora de la Biblioteca y del Archivo Municipal de Adendorf, Annegret Stankowski, se encontró durante una investigación con la tarjeta de registro de un niño Gitano, desde ese momento decidió comenzar una investigación acerca de la vida de Wolfgang.  La señora Stankowski publicó los resultados en la "Crónica de Adendorf y Erbstorf" en 2007 bajo el título: "El destino de un niño de Adendorf en 1943". La señora Annegret Stankowski falleció el 26 de septiembre de 2016.

Annegret Stankowski
© Peter Stankowski

Desde 2010 la historia de Wolfgang se convirtió en un punto central en la programación educativa del Instituto de Educación Secundaria Katzenberg de Adendorf. Los estudiantes querían conocer más sobre la vida de Wolfgang. Con este objetivo y con la valiosa tutorización de su maestro Ruthild Raykowski y la colaboración de la Sra. Stankowski, intentaron localizar a testigos oculares que pudieran proporcionar información sobre Wolfgang. Todo este proceso de investigación aportó nuevos conocimientos, en particular, encontraron a una nieta de los padres adoptivos de Wolfgang quien entregó algunas fotos históricas en las que se puede ver a Wolfgang, se le había puesto rostro al nombre. La comunidad de Adendorf seguía el trabajo de los estudiantes con enorme interés. De este modo, el consejo local, al que los estudiantes de secundaria presentaron sus resultados de investigación en una sesión pública, quedó profundamente conmovido por esta historia y, les aseguró su apoyo total (también financiero) para el hermoso proyecto de honrar la memoria de Wolfgang Mirosch en un espacio público de la localidad. 

Alumnos del Instituto Katzenberg de Adendorf junto
a Günter Demnig en un acto en memoria de 
Wolfgang Helmut Mirosch
© Landeszeitung für die Lüneburger Heide 2012

En la actualidad, una placa conmemorativa y un “Stolperstein” frente a la antigua escuela de Wolfgang recuerdan quien fue el niño Gitano Wolfgang Helmut Mirosch.

Placa conmemorativa en recuerdo de Wolfgang Helmut Mirosch
© VVN-BDA Lüneburg
Placa conmemorativa en recuerdo de Wolfgang Helmut Mirosch
© VVN-BDA Lüneburg
Stolperstein en memoria de Wolfgang Helmut Mirosch
© Gmbo 2013


Fuentes:
- Biografía de Wolfgang Helmut Mirosch, escrita por Ruthild Raykowski.
Stiftung niedersächsische Gedenkstätten.
- Das Schicksal eines Kindes. Adendorf 1943, in: Adendorf – Heimatgeschichte(n) zwischen Elba und Ebensberg. De Annegret Stankowski: Hrsg.: Gemeinde Adendorf, 2. überarbeitete Auflage, Adendorf 2010.
-  Entrechtung, Widerstand, Deportationen 1933 – 1945 und die Zukunft der Erinnerung in Hamburg. Neue Ansätze für den schulischen Unterricht und die außerschulische Bildungsarbeit zum Nationalsozialismus, hrsg. von der Körber-Stiftung, der KZ-Gedenkstätte Neuengamme und dem Landesinstitut für Lehrerbildung und Schulentwicklung, zweite überarbeitete Auflage, Hamburg 2017.
- Stolpersteinverlegung für Wolfgang Mirosch. Landeszeitung für die Lüneburger Heide 2012. Schule am Katzenberg.

martes, 30 de enero de 2018

Rosa Lehmann y su familia

Rosa Lehmann
© Dokumentationsstätte KZ Hersbruck e.V.

Rosa Lehmann, nacida Höllenreiner, vino al mundo el 3 de julio de 1912 en Fürth, ciudad de Baviera ubicada a 10 km de Núremberg, en el seno de una familia Romaní.

Los Höllenreiner vivían en la parte trasera de un edificio ubicado en la Königstrasse, 7. La familia la componían; su padre, Rudolf, que se dedicaba a recoger, durante el invierno, hielo del canal para después venderlo a las grandes cervecerías de la ciudad; su madre, Johanna, que reparaba paraguas y realizaba todo tipo de trabajos; y sus once hijos.

Rosa asistió al colegio Michelschulhaus.

Cuando Rosa contaba 12 años la familia se mudó a Munich. Pasado un tiempo su madre cayó enferma y nuestra protagonista se puso a trabajar como vendedora.

Ya adolescente, Rosa, se enamoró y comenzó a salir con Josef Lehmann.

Rosa tuvo a su primer hijo, Adolf, el 26 de diciembre de 1935. Ella cariñosamente lo llamaban "Wankele". En los años siguientes Rosa quedó encinta en tres ocasiones pero, por desgracia, las tres veces los niños se le murieron a causa de los malos tiempos.

Rosa contrajo matrimonio con Josef Lehmann el 12 de marzo de 1939 a la edad de 27 años. La ceremonia tuvo lugar en la Iglesia Católica Santa María en la calle Amberger de Hersbruck. Inicialmente, el matrimonio vivió en un apartamento alquilado en la Steingasse número 10, pero posteriormente adquirieron su propia casa, hecha de madera y ubicada muy cercana al bosque en una gran propiedad con establos para caballos.

El 15 de mayo de 1940 nació su hija Johanna en Nuremberg. Cariñosamente a la bebé la llamaban "Nikki".

         Josef Lehmann fue llamado a filas y se convirtió en soldado de la Wehrmacht.

Fotografía de la familia Lehmann anterior a su deportación. 
Rosa sostiene a su hijita Johanna, a su lado el pequeño 
Adolf y a la derecha Josef Lehmann vestido con su 
uniforme de la  Werhmacht.
© Dokumentationsstätte KZ Hersbruck e.V.

         La vida transcurría con las dificultades de unos tiempos difíciles para los Gitanos en Alemania. Rosa Lehmann fue detenida junto a su familia la mañana del lunes 8 de marzo de 1943 en su apartamento de Hersbruck. A su hijo Adolf, de siete años, la policía criminal lo detuvo en su escuela, delante de sus maestros y compañeros. El jovencito llevaba con él su mochila del colegio, y nada más ver a su madre le recordó que todavía tenía que hacer los deberes para el día siguiente. Los condujeron a los calabozos de la policía de Núremberg. Todo estaba preparado para su deportación. Se les permitió llevar solo un poco de ropa y algo de comida, cualquier otra propiedad les fue confiscada en beneficio de la población "aria". Lo habían perdido todo, solamente les habían dejado estar juntos y vivos.

Transcripción de la orden de detención de los 
Romaníes, marzo de 1943.
© Dokumentationsstätte KZ Hersbruck e.V.


Desde Núremberg, Rosa, su marido Josef, y sus dos hijos; Adolf y Johanna fueron deportados en un tren compuesto por vagones para transporte de ganado al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. El 18 de marzo de 1943, el convoy llegó a Auschwitz:
“Fue durante la noche cuando el tren se detuvo nuevamente, se paró. Las puertas correderas se abrieron. En ese mismo momento, comenzaron otra vez los gritos: ¡Todos fuera! Caminamos entre dos casas de ladrillo rojo y pasamos a través de una puerta de hierro. Hugo ya sabía leer, aún no muy bien, pero lo que habían forjado en la parte superior de aquella entrada, proclamaba: "El trabajo te hace libre". A partir de ese momento, perdí el sentido del tiempo. No sabía nada acerca de los días o las fechas, solo conocía si hacía frío o calor, si el cielo estaba nublado o despejado, si estaba hambrienta o sedienta. Un prisionero polaco anotó nuestros nombres y nuestros lugares de origen, antes de eso escribían un número. Después, Hugo tuvo que extenderle el brazo izquierdo como todos los demás. Con una aguja, punzaban los números punto por punto, frotando tinta negra en cada uno de los puntos, así el número quedaba tatuado en la piel. Recuerde el número. Ese es tu nombre a partir de ahora. Desde ese momento Hugo ya no era Hugo, de nueve años, de Múnich, de ahora en adelante era un número que comenzaba con Z para los Gitanos: Z-3529. Corrías por allí. El miedo, el miedo iba incrementándose. Intentas asimilar todo lo que ocurre, si ves lo que sucede, hay un muerto, hay uno, luego permaneces como ausente. Miro a mi madre y la veo llorar, allí. Cómo lloraba, luego vi lo que estaba pasando. Todos tuvimos que desnudarnos..."

Sector BIIe de Birkenau.
© Staatliches Museum Auschwitz-Birkenau.


Rosa Lehmann se convirtió en el número de prisionera Z-4592 que quedó tatuado en su piel hasta el final de su vida. Le raparon su cabeza, calva, sin pelo, nada.

El hacinamiento y las catastróficas condiciones de vida provocaron que la gran mayoría de los internados muriera en el transcurso del año 1943.

Adolf Höllenreiner, llamado Wankele, Z-4094, murió en Birkenau el 23 de abril de 1943 a los siete años de edad, solamente pudo sobrevivir a aquel infierno durante un mes.

Adolf Lehmann
© Dokumentationsstätte 
KZ Hersbruck e.V.

Johanna Lehmann, llamada Nikki, número Z-4593., falleció en Birkenau el 17 de enero de 1944. A los tres años de edad.

Johanna Lehmann
© Dokumentationsstätte 
KZ Hersbruck e.V.

Josef Lehmann, su esposo y padre, Nº. Z-4093, logró sobrevivir.

El 15 de abril de 1944 Rosa fue transferida junto con otras 473 prisioneras al campo de concentración de Ravensbrück, allí quedó registrada con el número de prisionera 35891 y categorizada como "asocial, gitana".

El 17 de agosto de 1944 fue transferida al campo de concentración de Buchenwald y de allí al subcampo de Schlieben. Lugar en el que la tercera mayor contratista de defensa alemana, la Hugo und Alfred Schneider AG (Hasag), estableció allí en 1938 unas instalaciones para la fabricación de municiones. El área cubría aproximadamente 390 hectáreas y comprendía además un campo de entrenamiento de tiro. Para acelerar el desarrollo del Panzerfaust (1.5 millones por mes), Hasag recibió una autorización especial la "Ramp Up Panzerfaust", para ello fueron trasladados hasta las instalaciones trabajadores forzados judíos y Romaníes. 998 Gitanas del campo de concentración Ravensbruck llegaron al campo el 19 de julio de 1944. (Schlieben se planeó originalmente como un subcampo de Ravensbruck, pero posteriormente, quedó bajo la jurisdicción de Buchenwald.)

En abril de 1945, las SS condujeron a los prisioneros hasta una zanja para ser asesinados allí. Rosa consiguió escabullirse y huir, cuando se hallaba lo suficientemente lejos se puso unos pantalones y una chaqueta, que cogió de un espantapájaros, de esos que se ponen en el campo para ahuyentar a las aves. Luego, se metió de contrabando en un autobús que se dirigía a Leipzig y tomó un tren con dirección al sur. Finalmente, consiguió llegar hasta las cercanías de Hersbruck. Había conseguido escapar. Pero Rosa no quería asustar a su madre, por lo que primero se dirigió  a casa de su hermano y, después, ya sí, vio a toda su gente.

Rosa había sobrevivido al Porrajmos. Su esposo Josef también sobrevivió al horror, el 17 de abril de 1944 fue transferido desde Birkenau hasta Buchenwald y luego a Dora-Mittelbau, concretamente al campo satélite de Ellrich. A principios de abril de 1945 fue trasladado al campo de Bergen-Belsen con otros 15,000 reclusos, y finalmente al cercano cuartel de la Wehrmacht en Hohne, donde se produjo su liberación el 15 de abril de 1945. La casa, la tierra y las modestas pertenencias de la familia nunca les fueron devueltas.

La pareja Lehmann rehízo su vida empezando de cero, como en tantas ocasiones, a lo largo de la Historia, le ha ocurrido al pueblo Gitano. Después de la guerra se establecieron en Hersbruck, en una vivienda situada en la Leutenbachstrasse, 19. De nuevo tuvieron dos hijos: en 1946 nació su hija Magdalena, y en 1953 su hijo Josef, llamado cariñosamente Peter.

Rosa Lehmann (centro) y su madre Johanna Höllenreiner 
con una tercera mujer desconocida (izquierda), 
presumiblemente frente a la casa de la familia Lehmann.
© Archiv Verband Der Sinti und Roma


Más tarde se mudaron al área circundante de Núremberg.

Su esposo Josef murió el 18 de marzo de 1971.

Rosa Lehmann, nacida Höllenreiner, murió el 22 de febrero de 2007 y fue enterrada en el antiguo cementerio de Hersbruck en una tumba junto a su esposo Josef y su madre.

Fuentes:
- Das Leben der Rosa Lehmann- Eine Nachbarin en Hersbruck. Compilación realizada por Thomas Wrensch. Dokumentationsstätte Konzentrationslager Hersbruck e.V. 2017.
- Wer weiß etwas über Rosa Lehmann? Artículo escrito por Michael Scholz para Das Nürnberger Land el 24 de enero de 2017
- „Denk nicht wir bleiben hier!“ Die Lebensgeschichte des Sinto Hugo Höllenreiner, de Anja Tuckerman., Munich /Viena 2005.
- Else – ein Mädchen überlebt Auschwitz, 4. Auflage, Neuausgabe von Behalt das für dich, Elses Geschichte, de Michael Krausnick. Düsseldorf 2007.
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen I. Páginas 322-323.
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen II. Páginas 970-971.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Antonie Krokova

Antonie Krokova.
©  Alexandra Isles

Antonie Krokova (nacida Serynek) vino al mundo en Doupov, (Duppau), en Bohemia, la República Checa. En su registro en el campo de Auschwitz quedó inscrita como su fecha de nacimiento el 28 de septiembre de 1925, mientras que Antonie cree que, en realidad, nació en 1935, ya que durante la guerra se perdió toda su documentación. Debido a que sus padres no estaban casados, como era la costumbre gitana en aquellos tiempos, todos los niños llevaban el apellido de la madre. Vivió en Beroun, ciudad situada a unos 30 kilómetros de Praga, junto a sus padres y sus siete hermanos. Su padre se llamaba Jan Vrba, su madre Anna Terezie Serynek, algunos de sus hermanos; Antonin, Jana, Josefa, Marie. La abuela de su madre era judía, su padre era Romaní y trabajaba como artista en el Cirkus Aleš, recorrían pueblos y ciudades; Zatec, Chomutov... Antonie asistió al colegio para realizar los primeros cursos de la educación primaria, pero lo que de verdad le apasionaba era el mundo del circo y realizar todo tipo de acrobacias imposibles. Antonie cuenta:
Subíamos por un poste, metíamos nuestras cabezas en una especie de tazón, entonces nos sosteníamos sobre una mano, luego sobre un pie, posteriormente sobre ambas manos, a continuación dábamos una voltereta y nos deslizábamos hacia abajo por el poste, por último  inclinábamos nuestras cabezas saludando al público.

Circo.
©  Alexandra Isles

Con la llegada de los alemanes, su padre se convirtió en miembro activo de la Resistencia. El grupo de partisanos se reunía a menudo en el ático de su casa, poseían un radiotransmisor y además imprimían panfletos contra los nazis.

La vida dio un giro radical en 1942. Policías checos llegaron hasta la casa de la familia de Antonie, les tomaron tres fotos a cada uno de ellos; una de perfil, otra de la parte posterior de la cabeza y la tercera de frente. Después, rellenaron las tarjetas de identificación con los datos de sus padres. Tres días más tarde volvieron los policías para llevarse a su padre detenido dentro de una ola de detenciones de partisanos del grupo de la Resistencia al que pertenecía Jan. Su madre lloraba desconsolada: “Si os lleváis a su padre y me dejáis aquí con ocho niños, ¿qué va a ser de mí?” En ese momento uno de los policías le contestó: “Por eso vosotros también os vendréis” La familia entera fue detenida, los montaron en camiones y los trasladaron al campo de concentración de Lety, cerca de Pisek,  donde quedaron internados. En ese lugar Antonie permaneció unos nueve meses.

Caseta de vigilancia del campo de concentración de Lety.
©  Alexandra Isles

Allí sus padres tuvieron que realizar trabajo esclavo cavando trincheras, éstas tenían unos dos metros de profundidad por otros dos metros de ancho, en ocasiones servían de fosas para aquellos que morían. La muerte estaba presente en aquel lugar en todas sus formas; por golpes, por disparos, por hambre y por muchas enfermedades; malaria, tos ferina, difteria, pero principalmente fiebre tifoidea. Antonie sufrió de tifus, recuerda la persistente tos y que se le cayó todo el pelo. En el campo había un médico para atender a los prisioneros, la gente comentaba que se trataba de un veterinario. Antonie trabajaba, como muchos de los niños que estaban internados en Lety, recogiendo leña. Si algo no ha podido olvidar nunca Antonie ha sido el frío, ese frío helador que se colaba hasta los huesos y te dejaba paralizado, con unas sandalias como único calzado, sin medias ni calcetines, además, los castigos eran constantes, Antonie recuerda que en Lety había un estanque, los vigilantes conducían a todos los niños del campo hasta allí. Entonces los obligaban a sumergirse en el agua. Si a alguno de los que los vigilaban no les gustaba la forma en que lo hacían, los cogían y los sumergían ellos mismos. Esto se hacía incluso en invierno. Obligaban también a los niños pequeños que no sabían nadar, a ninguno de los demás les estaba permitido ayudarles por lo que morían ahogados. Luego los sacaban del agua y los enterraban en hoyos cavados en el suelo.

Estanque en el campo de concentración de Lety.
©  Alexandra Isles

A su madre y a algunos de sus hermanos mayores, después de dos o tres meses de internamiento en Lety, los enviaron a Auschwitz.

Antonie relata un episodio dramático que ocurrió en Lety:
Era última hora de la tarde y paseábamos por el interior del campo, mis hermanas caminaban con nosotros. La mayoría de mis hermanas eran mayores: dieciocho, diecinueve años. No se separaban nunca, pobres chicas, porque mamá ya no vivía. Y los dos polis estaban ahí con otros dos al lado, uno de ellos se acercó y empezó a molestarlas. Nosotros los estábamos mirando, ¿de acuerdo? Miraba a mi hermana y de repente la agarró y ella le dio un empujón. Entonces empezó ese otro tipo, y mis hermanas se defendieron la una a la otra. Luego vino un tercero y las separó. Era un tipo fuerte, no puedes pegar a un tipo fuerte, y en cualquier caso no estaba permitido. Le dio un par de golpes y la tiró al suelo. A nosotros intentaban contenernos, estábamos chillando y nos obligaban a retroceder. Corrimos a contar lo que estaba ocurriendo, gritando los nombres de nuestras hermanas. Nuestro padre se fue corriendo en esa dirección y agarró a uno de ellos. El otro hombre lo vio y lo mató de un disparo. Mi hermano también corrió hacia allí, tenía catorce años entonces, y también a él le dispararon. Así pues, los mataron a todos: mis hermanas, mi padre y mi hermano. Se los llevaron a rastras y eso fue todo. Nosotros tuvimos que callarnos, tampoco podíamos llorar, porque nos amenazaron con dispararnos a nosotros también.

A los nueve meses de estar internada en Lety, concretamente en mayo de 1943, Antonie, fue deportada al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, en Polonia. La transportaron en un convoy conformado con vagones para transporte de ganado sin equipaje, sin comida. Al llegar, el miedo, los perros, los soldados, los gritos, los golpes, y siempre el miedo. Los montaron en camiones. Los llevaron a un edificio donde le tatuaron en su antebrazo izquierdo el número de prisionera Z-8041. Cuando llegó al campo para familias Gitanas, en el sector BIIe de Birkenau, le dijeron que su madre y alguno de sus hermanos habían muerto en las cámaras de gas. Quedó internada en el bloque nueve donde se reencontró con una hermana, dos años más joven que ella y con uno de sus hermanos, un niño de dieciocho meses. Al poco tiempo la trasladaron al bloque ocho.

Antonie fue conducida hasta los crematorios pero la suerte hizo que salvara su vida. El abismo se hallaba cerca de ella, unas cien personas fueron obligadas a introducirse en la cámara de gas. Antonie formaba parte de un segundo grupo que permanecía fuera de la cámara de gas, los obligaron a sentarse en el suelo. Hasta donde ella se encontraba se acercaron algunos médicos, resultó que eran naturales de Praga... Antonie estaba aturdida, agotada, derrotada por el que parecía su último destino, cuando, de repente, escuchó una pregunta en checo que la rescató de sus pensamientos, uno de los médicos le preguntó: "¿Cuál es tu número?" Antonie se levantó y respondió: "Achtzig einundvierzig, 8041.” Y él le dijo:"¿No sabes hablar checo?" Antonie asintió con la cabeza. "Entonces, ¿cómo te llamas? ¿Cómo se llama tu padre?" “Bueno, Vrba”. En ese momento Antonie comenzó a llorar de desesperación. Y él añadió: "Sí, eso es, Vrba". Así que la sacó del grupo, se dirigió a los soldados alemanes: "Esta prisionera no será quemada, pertenece a una familia que se supone que debe ser liberada". De este modo fue como Antonie se libró de la muerte. Durante toda su vida nunca ha sabido por qué, quizá porque el médico conocía a su padre, músico y artista de circo.

Número de prisionera en Auschwitz-Birkenau de Antonie Krokova.
©  Alexandra Isles

Durante los dos años que sobrevivió a Auschwitz, tuvo que pasar todo tipo de penalidades, Antonie relata:
Había una madre que tenía cuatro hijos pequeños. El de dos años necesitaba hacer pis, pero en el barracón no podías hacer ningún ruido, tenías que estar en absoluto silencio. Teníamos unos boles rojos sin asas para la comida, y ella cogió un bol para que el niño hiciera caca y pis en el bol. Luego lo dejó afuera y lo cubrió con una manta. Pensaba llevárselo al salir para el recuento; después del recuento, iría a las letrinas y lo tiraría por el váter. Pero alguien lo vio y lo denunció. Después del recuento, vino un alemán cuando aquello aún estaba bajo la manta y dijo: “¿Qué es eso de ahí?”. Ella se quedó sin habla y se puso completamente pálida, paralizada por el miedo. Así que él lo destapó y le dijo “Haben Sie Löfftel?” (¿Tienes una cuchara?). Ella asintió. “Pues cójala.” Lo crean o no, y juro por Dios que es cierto, se lo tuvo que comer. Vivió dos o tres días más y luego murió.

En 1944 Antonie fue transferida al campo de concentración de Ravensbrück y posteriormente, al de Buchenwald, siendo evacuada al campo de trabajos forzados de Wittenberg en Alemania, donde trabajó en una fábrica de municiones.

Antonie sobrevivió al Porrajmos, ella fue la única sobreviviente de su familia, sus padres y sus siete hermanos murieron en el genocidio. Fue liberada por los rusos en Wittenberg: “Los rusos entraron, trajeron vacas y caballos y montaron a los ancianos y a los niños en carros. Yo tampoco podía andar; teníamos las piernas hinchadas, inflamadas. Un ruso me llevó a cuestas durante casi tres kilómetros diciendo: “Buena chica”. Nos llevaron a un pueblo y dijeron: “¿Qué casa te gusta?”. Y las mujeres decían: “¡Oh, esa casa es bonita!”. Y ellos echaban a los alemanes y entrábamos nosotros. Los rusos dijeron: “Coged lo que os guste, vestíos”. Pasamos cerca de un mes allí porque algunos de nosotros estábamos enfermos y los ancianos estaban débiles, famélicos. Los rusos mataron todo lo que pudieron: cerdos, pollos, gansos... cualquier cosa que encontraban. Había una gran abundancia. A veces la gente comía mucho y entonces, los pobres se morían. Sus estómagos estaban tan débiles que no podían con todo aquello.

Pasado un mes se marchó de allí, dos rusos y un policía la acompañaron en tren hasta llegar a Beroun. Su tía la estaba buscando y con ayuda de la Cruz Roja logró dar con su paradero. Se marchó a vivir con ella y vivió en Tachov (Checoslovaquia). Posteriormente se estableció en Marianske Lazne (Marienbad), Checoslovaquia, donde conoció a su futuro esposo.

Antonie Krokova.
©  USHMM

      Fuentes:
- Entrevista realizada para el United States Holocaust Museum en julio de 1997. Número de acceso: 1997.A.0445. EHRI Partner.
- Voces olvidadas del Holocausto de Lyn Smith. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. 2006. Páginas 219, 274, 278 y 338.
- Black silence: the Lety survivors speak. Paul Polansky. G plus C. 1998. Páginas 120-124.
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen I. Páginas 544-545.
- Documental: Porraimos: Europe’s Gypsies in the Holocaust de Alexandra Isles. 2001.