viernes, 8 de marzo de 2019

Maria Kozlovskaia

Maria Kozlovskaia
© USC Shoah Foundation

Maria Kozlovskaia (nacida Grokholskaia) vino al mundo en 1927 en una familia nómada Romá en el pueblo de Trostianka, en la region de Smolensko, antigua Unión Soviética.

Su infancia transcurrió en el camino, durante el verano, la familia viajaba en un tabor, éste lo componían entre cinco y diez familias Gitanas que iban con sus caravanas acampando en los bosques cerca de lagos o ríos, allí permanecían uno o varios días para posteriormente proseguir su “lungo drom” hasta llegar a un pueblo y montar, de nuevo, su pequeño campamento en algún lugar cercano al mismo. La familia poseía dos o tres buenos caballos que tiraban de carros y caravanas, varios edredones y almohadas, así como carpas fabricadas en lona para resguardarse de la intemperie, durante generaciones aquellos Romaníes habían llevado una vida plena de libertad errante, eligiendo siempre para acampar los más bellos parajes. Los inviernos los pasaban en viviendas de alquiler. Los hombres se ganaban la vida comerciando con caballos y las mujeres se dedicaban a practicar el arte de la adivinación, a través de las cartas o de la lectura de las palmas de las manos. No existía un pago fijo por estas actividades sino que dependía de la buena voluntad de las personas, en ocasiones les daban dinero y otras veces alimentos.

         Cuando en junio de 1941 la guerra alcanzó la Unión Soviética, la totalidad de hombres de la familia se ofrecieron como voluntarios para ingresar en el ejército y luchar contra los nazis en primera línea del frente. En octubre de 1941 el rápido avance de la Wehrmacht  llegó hasta donde se hallaban las mujeres y los niños del tabor, cuando se preparaban para pasar el invierno en la región de Kalinin. El ejército de ocupación estableció el cuartel general militar en la aldea, a 3 km de la zona de combate, pero no pudo mantenerla allí durante mucho tiempo, ya que el ejército soviético consiguió avanzar y de este modo, hacerlos retroceder. Al retirarse, los soldados alemanes reunieron a la población local en una sola casa e incendiaron las casas restantes. A la familia de Maria la liberaron, mientras que a los prisioneros restantes los trasladaron a otra aldea, Il’yushino, los encerraron en un granero y los quemaron vivos.

Frente de Kalinin, 1941
© S. Heep

El territorio fue liberado por las fuerzas armadas soviéticas en diciembre de 1941. Mientras tanto, a Maria y su familia las evacuaron a Buguruslan, en la región de Chkalov, donde vivieron hasta el final de la guerra. Su padre y sus hermanos murieron luchando en el frente.

Tras la guerra la familia llevó una vida nómada, hasta que el Presidium del Soviet Supremo de la URSS adoptó en 1956  el “Decreto que planteaba la necesidad de involucrar en labores permanentes de trabajo a los Gitanos que se ocupaban del vagabundeo”. Se establecieron en Sovkhoz, una granja estatal, en la región de Briansk en Rusia, y trabajaron como agricultores.

En 1947, Maria se casó con Afanasii Kozlovskii y formaron una familia con seis hijos.

          Fuentes:
- Entrevista realizada el 7 de julio de 1997 en Smolensko, Rusia, por Anna Anfimova, con la ayuda del cámara Evgenii Kurbatov.

viernes, 1 de febrero de 2019

Radojka Rahimić

Radojka Rahimić
© Institut für sozialwissenschaftliche 
Forschung, Bildung und Beratung e.V.

Radojka Rahimić nació en 1932 en el seno de una familia Romá. Su madre profesaba la religión católica croata y su padre la musulmana de Bosnia. El matrimonio tenía dos hijas. Radojka asistió al colegio, pero por culpa de la guerra solamente pudo finalizar el Primer grado de su escolarización.

Transcurría el año 1941 y como todas las mañanas Radojka iba de camino de su escuela en la aldea de Kukunjevac (en la parte croata de Yugoslavia), al llegar al colegio le dijeron que se volviera a casa. Así lo hizo y, poco después, soldados Ustasha rodearon la aldea. Al padre de Radojka, de 38 años, lo llevaron frente al ayuntamiento junto a otros 750 hombres, posteriormente lo condujeron hasta Rupaca donde murió asesinado. A las mujeres y los niños los deportaron a campos de concentración, la pequeña Radojka contaba nueve años cuando su vida dio un giro para siempre, sus infantiles ojos fueron testigos del horror, ella recuerda:
“Los soldados se situaban a la derecha y la izquierda y nosotras en el medio. A los que no caminaban como ellos querían los molían a patadas, o los golpeaban. (...) Mi madre no podía seguir andando por el cansancio. Comenzaron a darle patadas y golpes por todas partes. Me puse a gritar y a llorar. Me llevaron a rastras hasta el vagón para transporte de ganado que esperaba sobre las vías. En el interior apenas podíamos respirar porque éramos demasiadas personas allí dentro y no había ventanas por donde pudiera entrar algo de aire. Muchos murieron asfixiados o asesinados. Las mujeres embarazadas dieron a luz en mitad de aquella masa de personas. Nos torturaron de camino al campo de concentración, y a pesar de los golpes y las heridas teníamos que seguir caminando. No nos dieron nada de agua ni pan y tuvimos que caminar medio desnudos y descalzos. Sin embargo, sobrevivimos a eso. Pero la pesadilla jamás imaginada nos esperaba cuando llegamos al campo. (...) En el campo de concentración nos obligaron a dormir al aire libre, en el suelo, era el mes de noviembre, es decir, en noviembre, a cielo abierto. Los guardias acechaban en las torres de vigilancia esperando a que alguien se moviera de forma sospechosa o demasiado rápida para dispararles. Aquello resultaba una catástrofe y pura agonía, pero a pesar de eso seguíamos con vida. Para mí, esta entrevista representa un verdadero sufrimiento. Me gustaría terminar ya.”

         Radojka permaneció junto a su madre y su hermana en los campos de concentración de Stara Gradiska, Jasenovac y Sisak. Pasado un rato pudo continuar hablando y nos narró las ejecuciones en masa nada más llegar al campo de Jasenovac:
“En aquellos lugares a los Romaníes nos lanzaban a fosas llenas de cal viva. Yo pude ver con mis propios ojos como se lo hicieron a una preciosa chiquilla que llevaba su muñeca y a sus padres que iban sentados sobre un carro. De repente un soldado de manera deliberada y repentina golpeó a los caballos y la niña pequeña, sus padres y el carro cayeron a la fosa llena de cal viva. Esto continuó así durante unas pocas horas más. Nosotros, los niños permanecíamos de pie en fila en el patio de carga de Jasenovac donde éramos testigos de todo. El campo de concentración de Jasenovac se hallaba a tan sólo unos veinte pasos del patio de mercancías desde donde los niños podíamos verlo todo (...) Nos manteníamos en fila esperando que nos mataran. Si un soldado o un oficial, no sé exactamente quién fue, no hubiera ordenado un descanso nosotros también habríamos muerto asesinados. Yo estaba en aquel patio de carga de Jasenovac y también habría sido asesinada, pero afortunadamente el destino quiso algo diferente para mí. Desde allí nos transfirieron  en un convoy conformado con vagones para transporte de ganado a Sisak donde permanecimos durante una semana. No teníamos casi nada para comer. Allí estuvimos poco tiempo, alrededor de una semana. Durante esos días mi madre siempre me dio su ración de comida, ella no comía nada. Entonces nos seleccionaron. Los niños a la derecha, las madres a la izquierda. A los niños nos transportaron a Zagreb.”

Un grupo de niños esperan en fila en un campo 
de concentración no identificado, posiblemente en el de Sisak.
© USHMM

         En el campo de concentración de Sisak la madre de Radojka fue obligada a limpiar los barracones de los soldados. Después de unos días, Radojka y su hermana pequeña de seis años fueron separadas de su madre y llevadas a un punto de reunión de la Cruz Roja en Zagreb. Allí a las niñas pequeñas las obligaron a beber leche envenenada, a consecuencia de ello su hermana murió. Radojka narra:
“Por la tarde a todos los niños que habían bebido leche comenzó a subirles la fiebre y empezaron a vomitar. Mi hermana pequeña también. Nunca seré capaz de olvidar como tuve que dejarla, llorando y con dolores de muerte. A nosotros, los chicos mayores, nos sacaron de allí… y nos llevaron a Ubbreg (Croacia). Al llegar nos condujeron al ayuntamiento para mostrarnos a los ciudadanos… Yo fui adoptada por una pareja croata sin hijos. Simplemente me llevaron sin ninguna información sobre el paradero del resto de mi familia.”

Radojka fue “adoptada” por un matrimonio católico de Zagorje-Ludbreg (Croacia). En los dos años que estuvo allí, no se le permitió ir a la escuela ni trabajar; sin embargo, si la obligaron a que asistiera a la iglesia regularmente. Un día Radojka utilizó el dinero que le daban para el cestillo de la limosna para comprar una postal y se la envió a su madrina croata con una súplica para que se la hiciera llegar a su madre. Ésta la recibió y nada más hacerlo fue a por su hija de doce años, resistiendo los intentos de soborno de los padres adoptivos y, por fin, intentarían regresar juntas a su hogar.
“De camino a casa tuvimos que escondernos en el bosque porque continuamente nos atacaban las tropas. En mi afán por escapar, caí en un lago. Mi madre me secó lo mejor que pudo con hojas. Enfermé de neumonía. Tuvimos que escondernos en el bosque hasta el final de la guerra. Tras finalizar, regresamos y buscamos nuestra casa, pero ya no estaba. La habían destruido completamente. Mi madre lloraba amargamente. ¿A dónde se supone que debemos ir ahora? ¿Dónde se supone que vamos a dormir? Le rogó a una mujer que nos alojara temporalmente, y así lo hizo”.

Radojka Rahimić informa de su periodo de posguerra:
“Cuando salimos del campo de concentración después de sobrevivir al infierno, fuimos de casa en casa, nos ganábamos la vida haciendo todo tipo de trabajos. Vivíamos al día. No podíamos esperar ayuda de nuestros familiares, porque ya casi no teníamos ninguno. Solo pude ayudar a mi madre después de casarme... Tras la liberación, mi madre trabajó como jornalera para poder pagar el alquiler y alimentarnos. Mi madre y yo no logramos reconstruir nuestra casa en ruinas, por eso tuvimos que pagar el alquiler... Cuando cumplí catorce años, ya durante el comunismo, tomé parte en un proyecto de trabajo. Éramos un grupo de jóvenes voluntarios que conseguimos un trabajo durante tres meses. En lugar de pagarnos, cada mes recibíamos ayudas sociales. Con eso, durante un tiempo, pudimos vivir un poco mejor. Después de habernos recuperado un poco me fui a trabajar durante otros tres meses cuando se construyó la carretera Bratstvo-Jedinstvo (Hermandad y Unidad). Después de finalizar este trabajo, me enviaron a Zemun, cerca de Belgrado, durante otros tres meses. Por este trabajo voluntario, tiempo después a mis hijos se les dieron libros y uniformes escolares, así como también un seguro social gratuito. Mi madre también estaba asegurada gracias a mí. Mi madre cayó muy enferma y murió a consecuencia de ello. Tras su muerte me cambié al trabajo agrícola porque solo de esa manera podría alimentarnos y construir una casa. Yo no podía hacer nada más. Mis hijos y yo vivimos tiempos difíciles. En Bačka Palanka (Serbia) tuvieron que trabajar duro en los campos cuando tenían trece y catorce años.… Su trabajo resultó una gran ayuda financiera.”

Certificado de concidión de tolerada perteneciente 
a Radojka Rahimić
© Institut für sozialwissenschaftliche Forschung, Bildung 
und Beratung e.V.

"Aunque solo tenía nueve años y han pasado más de sesenta años, nunca olvidaré la Segunda Guerra Mundial y el año 1941. Todavía siento el miedo de ese tiempo dentro de mi conciencia. (…) Es como si esas cosas terribles pasaran hoy. Aún hoy he de soportar las consecuencias del campo de concentración. Estoy en tratamiento neurológico especializado. Además, fui hospitalizada en diversas ocasiones. Varias veces al día tomo analgésicos y psicofármacos en dosis altas, sin los cuales mi vida sería impensable.”

Fuentes:
- Hitler's Slaves: Life Stories of Forced Labourers in Nazi-Occupied Europe de Alexander von Plato, Almut Leh, Christoph Thonfeld. Berghahn Books. Capítulo: They survived two wars, escrito por Birgit Mair. Páginas 177-187.

- Zwei Kriege überlebt Bosnische Roma als Bürgerkriegsflüchtlinge in Deutschland. Birgit Mair. Institut für sozialwissenschaftliche Forschung, Bildung und Beratung e.V.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Margot Anita Schwarz, nacida Franz

Margot Anita Schwarz, nacida Franz
© Nordwest Zeitung

Margot Anita Schwarz, nacida Franz, vino al mundo el 10 de septiembre de 1924 en la ciudad de Berlín. Hija de Margarete (Grete) Franz (10/09/1898) y  N.N. Schawrenski. De la primera relación de la madre, además de Margot, habían nacido Erwin Franz en 1925 y Anton Franz (14/01/1927).

En 1928 su madre contrajo matrimonio con el artista circense Georg Frank (20/07/1906). Los chiquillos, Margot y Anton, permanecieron junto a su madre, mientras que Erwin fue acogido por uno de sus tíos que vivía cerca de Gdansk. Margot y Anton crecieron junto a sus seis hermanastros más pequeños: Frieda (10/03/1929), Ella (3/07/1930), Hans (12/01/1933), Otto (25/01/1934), Ursula (15/12/1935) y Angela (18/10/1938). Llevaban un estilo de vida nómada, se dedicaban al circo. Entre acrobacias, risas  y mucho trabajo recorrían los pueblos y ciudades del país teutón con su pequeño circo ambulante.

Georg Frank (derecha) y su hija Ella (izquierda) 
y otra hija o hijo realizando acrobacias.
© Archivo de la familia Franz

En 1935 la familia se trasladó desde el Oeste de Prusia hasta Leer en la Frisia Oriental.

En 1938 se establecieron en una modesta caravana en la floreciente ciudad naval de Wilhelmshaven, cuya población aumentó rápidamente debido al rearme que habían emprendido los nazis.

Georg Frank y su hija Frieda ensayando 
uno de sus números, hacia 1938.
© Archivo de la familia Franz

Debió ser en el transcurrir de 1939, cuando la familia Franz llegó con su carromatos Gitanos, tirados por sus hermosos caballos, al municipio de Zetel-Bohlenberge, situaron su campamento en un descampado de la Pohlstrasse para permanecer allí unos días y ofrecer su espectáculo circense a la población local. Pero… por desgracia, la persecución a la que se estaba sometiendo a la población Romaní se iba incrementando de forma paulatina. Las autoridades locales se acercaron hasta su lugar de acampada prohibiéndoles proseguir su camino. De este modo, hubieron de abandonar su vida nómada y los obligaron a permanecer en aquel sitio cobijados por sus dos carromatos. Los niños acudían a la escuela, los padres y los hermanos mayores buscaron otros trabajos distintos al que hasta ese momento había sido su forma de ganarse el pan. Georg, comenzó a trabajar en una gravera, su esposa Grete, en un vivero en la Stubbendränk, Margot, la hermana mayor, en una fábrica de zapatos y Anton, en una granja. Pasado un tiempo, la familia decidió finalmente establecerse en una pequeña casa en la Horster Strasse, cerca de la escuela de Bohlenberge.

Margot, de jovencita, había dado a luz a una hija a la que puso de nombre Ángela, que murió antes de producirse la deportación.

A su padrastro lo llamaron a filas y se incorporó a la Wehrmacht tomando parte en la caída de Francia, posteriormente lo trasladaron con su unidad a la Guerra en el Este iniciada con la Operación Barbarroja en junio de 1941.

Mientras su padre luchaba valientemente en el ejército alemán, en la retaguardia… de repente, el 3 de marzo de 1943 antes del alba llegó la policía hasta donde vivía la familia Frank: “Guardad todo y acompañadnos” fue la orden que uno de los policías gritó. La madre imploró: “No puede ser, esto no es posible, mi marido es soldado. No podemos, así sin más, marcharnos de aquí”. “Sí, su esposo también os acompañará, pronto se reunirá con vosotros”. El llanto de los niños, el dolor de dejarlo todo atrás, la incertidumbre, el miedo… metieron lo poco que pudieron en una maleta, todo revuelto porque los policías los apremiaban situados frente a ellos empuñando sus armas.

En primer término los condujeron hasta la estación ferroviaria de Zetel, después a Bremen a un lugar donde estaban agrupando a multitud de Romaníes de la región, allí se reencontraron con su padrastro. Lo habían obligado a quitarse el uniforme, éste fue el pago de Alemania por los servicios prestados en el frente. Los abuelos de Margot, su tía y su tío, varios familiares y conocidos también se encontraban en aquel sitio. Allí permanecieron dos noches, luego los deportaron en un tren compuesto por vagones para transporte de ganado al campo de concentración  y exterminio de Auschwitz-Birkenau en Polonia. No les permitieron llevar nada consigo, Durante el viaje no les darían de beber ni de comer. Lo único que su madre pudo esconder entre sus ropas fue una almohadillita para la pequeña Ángela. Pero al ir a montarse en el vagón un policía la descubrió y le arrancó la almohada de la mano añadiendo: “No necesitas almohadas al lugar al que vas”.

Margot era una muchacha joven, tenía 18 años en ese momento y nunca había oído hablar de Auschwitz. Durante el viaje los niños cantaban y reían ajenos a lo que les depararía el destino, sin embargo, los mayores, entre ellos sus padres, tenían miedo, sabían lo que finalmente ocurriría. Cuando llegaron a Auschwitz (Stammlager) pasaron por el gran portón con las palabras “Arbeit macht frei”, después llegaron a Birkenau, allí estaba ubicado el campo para familias Gitanas en el sector BIIe, cerca de los crematorios. Margot se convirtió en la prisionera Z-3487, número que quedó para siempre tatuado en su piel. Los llevaron hasta el barracón, en mitad del mismo había una especie de estufa muy larga con el que se calentaba el lugar. Había cajas por todas partes, así llamaban a las literas de tres pisos, y sobre las mismas había unas “maravillosas y hermosas” mantas rojas de pelo muy largo. Se encontraban tan cansados de los tres días de viaje que no pensaban en la comida, a pesar de la intensidad del hambre, tan sólo en poder descansar un poco del agotamiento. Al despertarse... les picaba todo el cuerpo, se encontraban llenos de picaduras producidas por la multitud de piojos que poblaban las mantas y el barracón.

Margot muestra su número de prisionera 
de Auschwitz-Birkenau tatuado en su antebrazo. 
© Günter Heuzeroth y Sylvia Wille

Unos días más tarde les comunicaron que aquellos que habían servido en el ejército serían agrupados en un barracón aparte del resto y que pronto podrían volver a sus hogares. Su padrastro como había sido soldado, pues hizo que estuviesen entre el grupo que fue reubicado junto a otras familias Gitanas. En el bloque militar, que así se llamaba, se pasaba lista por la mañana y en el turno de reunión de la tarde, alienándose los prisioneros en filas de cinco. Pronto murió su hermanita Ángela, la más pequeña, no había cumplido aún los cinco años.

Su madre enfermó, comenzaron a hinchársele las piernas y la fiebre dominaba su cuerpo, Margot le preguntó al jefe de barracón si podía dejarla en el interior y no salir fuera al recuento porque estaba demasiado enferma. Pero en aquel lugar en el que no había sitio para la clemencia ni la compasión, el jefe del bloque hizo una excepción. Mas al pasar lista y contar a los prisioneros los soldados de las SS se percataron de que faltaba una prisionera, la madre de Margot. Entraron enfurecidos y a toda prisa en el barracón y comenzaron a gritar. Luego salieron del interior arrastrando de los pelos a su madre, uno de los SS la golpeó con furia con su arma en la cabeza y del fuerte golpe la mató. Margot saltó hecha un fiera abalanzándose sobre el soldado, entonces los SS comenzaron a golpearla también a ella, dejándola inconsciente. Cuando se despertó, su mamá se había ido al cielo. Ahora estaba sola con su padre y sus hermanos. Tiempo después fue su padre el que enfermó, lo trasladaron al hospital y eso en Birkenau era sinónimo de muerte. En aquel infierno no estaba permitido visitar a los familiares enfermos, pero Margot se las arregló como pudo y consiguió entrar allí, cuando llegó hasta la cama donde se hallaba su padrastro, se percató de que estaba muerto, tenía la boca abierta y de su boca salía algo de uno color negruzco, se acercó y al hacerlo de la boca de Georg comenzaron a salir muchísimas moscas pequeñas. Margot era la mayor y la responsabilidad de sus hermanos recayó sobre ella. El hambre atroz que se vivía en aquel infierno de días y noches infinitos hizo que algunos fuesen muriendo de hambre, sólo quedaban con vida cuatro hermanos cuando comenzaron los transportes para llevar a cabo trabajos forzados en campos de concentración en el interior de Alemania. A Margot y a Anton los trasladaron en un transporte en el transcurso de 1944, los otros dos hermanos más pequeños se quedaron en Birkenau y murieron gaseados en la Zigeunernacht, la noche del 2-3 de agosto de hondo y doloroso recuerdo para el pueblo Romaní. En Auschwitz-Birkenau murieron además de su madre y su padrastro, sus hermanos: Ella, Frieda, Hans, Otto, Ursula y Angela.

A finales de julio de 1944 a Margot la enviaron en un convoy al campo de concentración para mujeres de Ravensbrück, allí permaneció cuatro semanas en cuarentena, tras pasar este periodo la transfirieron al campo de concentración de Flossenbürg. Fue conducida al campo satélite de mujeres de Graslitz (Kraslice). En aquel lugar se realizaban trabajos de montaje mecánico de precisión para Luftfahrtgerätewerk Hakenfelde GmbH (LGW), una filial del Grupo Siemens. El sitio de producción era una fábrica textil en desuso. Las prisioneras estaban alojadas en uno de los pisos superiores sobre el taller. En ocasiones hacían turnos de trabajo de día y de noche.

Campo satélite de Graslitz
© Gedenkstätte Flossenbürg

Desde el 15 de abril de 1945, las SS comenzaron a evacuar el campo. Las mujeres debían marchar en dirección a Mariánské Lázně. A varias prisioneras las fusilaron durante la marcha, el propósito de las SS era conducirlas hasta Flossenbürg para proceder a su exterminio. Pero no pudieron conseguir su objetivo porque el ejército estadounidense liberó al grupo de prisioneras el 24 de abril de 1945. Sin tener dónde ni a nadie a quien acudir, habiendo perdido todo menos la vida se entremezcló entre la inmensa corriente de refugiados que poblaba Alemania en aquella primavera de 1945. Margot por fin era libre. A veces caminando otras realizando cortos trayectos en tren consiguió llegar hasta Oldenburg. Al principio no encontró a nadie, pero conoció a Friedrich Schwarz con el que se casaría en 1946. Friedrich Schwarz (1919 - 1990) había sobrevivido al campo de concentración de Sachsenhausen. Margot se sintió durante mucho tiempo como la única sobreviviente de su familia, sólo décadas más tarde supo que sus hermanos; Erwin y Anton (hermanos del primer matrimonio de su madre) también habían logrado sobrevivir al Porrajmos.

Después del nacimiento del primero de sus ocho hijos, la pareja regresó a Zetel-Bockhorn, en el distrito de Frisia viviendo en un pequeño apartamento. En la década de 1950, la pareja invirtió, los pagos de compensación por la deportación que la administración alemana les había otorgado en una caravana y un tractor. Vivieron felices con sus hijos principalmente en los distritos de Frisia, Wittmund, Aurich y en Wilhelmshaven. Friedrich Schwarz comerciaba en el área rural con mercería, también trabajaba de forma regular junto a sus hijos como jornalero en época de cosecha en Wittmund.

Fotografía tomada aproximadamente en 1960, 
Friedrich y Margot Schwarz fueron 
fotografiados con los trajes de los campos 
de concentración para llamar la atención
 sobre la persecución nazi de los sinti
© Colección de Christel Schwarz.

A mediados de la década de 1970, la salud de Margot comenzó a empeorar se resentía severamente del trauma de la violencia experimentada durante la II Guerra Mundial. Margot fue siempre una luchadora muy activa por los derechos de la comunidad Romaní de Alemania, siempre se mostró dispuesta a dar testimonio de la terrible experiencia de su pasado y se convirtió en una de las mujeres que ayudó a la formación de la comunidad Sinti de Oldenburg hasta su muerte acaecida en 2002.

Margot Schwarz en 1992
©Sammlung Günter Heuzeroth

Fuentes:
- Zetel: Die in Auschwitz ermordete Sinti-Familie Frank.
- “Ihr braucht keine Kissen mehr, wo ihr hinkommt”. Artículo firmado por Hartmut Peters para Gróschler Haus.
- Vor den Augen der Vermieter verhaftet. Artículo firmado por Hans Begerow para el Nordwest Zeitung el 17 de mayo de 2008.
- https://www.groeschlerhaus.eu/erinnerungsorte/zetel-die-in-auschwitz-ermordete-sinti-familie-frank/
- Geschichte Margot Schwarz Überlebte Konzentrationslage in Auschwitz. “Sie haben aus dem Dreck gefressen”. Artículo firmado por Christopher Hanraets para el Nordwest Zeitung el 20 de diciembre de 2017.
- Vom Schlachthof nach Auschwitz: Die NS-Verfolgung der Sinti und Roma aus Bremen, Bremerhaven und Nordwestdeutschland. Hans Hesse, Jens Schreiber. Marburg 1999.
- Vom Ziegelhof nach Auschwitz: Verfolgung und Vernichtung der Sinti und Roma.
Heuzeroth, Günter; Martinß, Karl-Heinz. Oldenburg 1985.
- Aus Niedersachsen nach Auschwitz. Niedersächsischer Verband Deutscher Sinti
Verlag für Regionalgeschichte, 2004. Página 65.
- Entrevista en vídeo dirigida por Günter Heuzeroth y Sylvia Wille (cámara Gerd Weghorn) realizada en 1992.
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen I. Páginas 250-251.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Stjepan Mavrović

Stjepan Mavrović
© Archivo del Estado en Zagreb

Stjepan Mavrović nació el 9 de mayo de 1932, en el pueblecito de Okić, a unos 30 kilómetros de Zagreb, Croacia, entonces formando parte de Yugoslavia. Su padre se llamaba Janko y su madre Ljuba Mavrović. Stjepan tenía cinco hermanos; Juraj, Jana y Ljuba (de una anterior pareja de su padre, Bara Kovačević fallecida en 1919) y Danica y Miko.

Janko y Ljuba Mavrović
© Archivo del Estado en Zagreb

La vida de la familia estuvo rodeada de muchas estrecheces y trabajo duro, su padre se ganaba la vida en lo que le salía, bien como vendedor, o realizando trabajos esporádicos en granjas, o como leñador o empleado en la construcción y reparación de carreteras.

Después de que naciera Stjepan, durante un corto periodo de tiempo la familia se estableció en Klinča Sela, allí habitaron una modesta vivienda que contaba con una pequeña parcela de tierra en la que cultivaban un huertecito.

En 1935 se mudaron al pueblo cercano de Žitarka, perteneciente a la municipalidad de Stupnik, a unos 20 kilómetros de Zagreb.

La II Guerra Mundial alcanzó Croacia en la primera mitad del mes de abril de 1941. Allí el movimiento pro-fascista Ustasha se había hecho con el poder con el apoyo de la Alemania nazi y la Italia fascista estableciendo el Estado independiente de Croacia. Unas pocas semanas después, las autoridades Ustasha, implementaron las primeras leyes raciales, de acuerdo a ellas judíos y Gitanos fueron privados de sus derechos civiles y quedaron sujetos a persecución y violencia. Pero los Ustasha no sólo se conformaron con apartar de la sociedad croata a los Romaníes, en fecha tan temprana como el verano de 1941 incrementaron la presión sobre la población Romaní y empezaron a proceder al registro de todos los Gitanos, elaborando, para tal fin, un censo de todos los Romaníes que vivían en el recientemente establecido Estado de Croacia. De este modo, se allanaba el terreno para el inicio de la última fase de persecución, el exterminio, así, en mayo de 1942 las autoridades Ustasha comenzaron a deportar a los Romaníes croatas al más grande de los campos de concentración del país, el de Jasenovac.

Vista general del campo de concentración de Jasenovac
© USHMM

La infancia y la vida relativamente tranquila del jovencito Gitano de diez años, Stjepan finalizaron el 2 de junio de 1942, cuando policías llegados desde Zagreb, detuvieron y se llevaron a toda la familia y a otros treinta Romaníes de la zona por haber nacido Gitanos. Los policías solo les permitieron llevar consigo aquellas cosas necesarias para cubrir sus necesidades más básicas, dejando atrás todo; su casa, sus muebles, y en definitiva toda una vida labrada a base de sudor y trabajo. Aproximadamente diez días después de su detención y traslado, las autoridades locales elaboraron un informe en el que exponían que "no quedaban enseres" en la casa de Stjepan ("choza"), excepto la tierra sembrada de patatas y maíz. Las autoridades municipales exigieron entonces que todos los cultivos que se hallaran en tierras Romaníes se recolectaran para que pudieran ser utilizadas para "alimentar a la gente". Por supuesto, estas "personas" incluían solo a miembros de la población croata pura. Como si el saqueo de la casa de la familia de Stjepan y los cultivos no hubiera sido suficiente, poco tiempo después quemaron la "choza" de los Mavrović, del que acusaron a tres niños de la aldea local. Las autoridades municipales informaron acerca de este hecho a las autoridades estatales competentes, pero no existe constancia de que alguien fuese condenado por haber sido hecho responsable de tan execrable acto.

En unas pocas semanas, casi todos los Romaníes del recién creado Estado de Croacia fueron deportados al campo de Jasenovac. A diferencia de otros prisioneros (judíos o serbios), los Gitanos llegaron al campo de Jasenovac sin que se registrasen sus nombres y apellidos, tan sólo quedó registrado el número de vagón de tren en el que llegaron; es probable que las autoridades no consideraran a los Romaníes dignos de los registros sistemáticos del campo. Los periódicos de la época escribieron que las autoridades Ustasha por fin habían comenzado a resolver la "Cuestión Gitana" al enviar a los Romaníes al campo de Jasenovac, donde se les enseñaría a ser diligentes y útiles para el Estado, en lugar de "parásitos" y "ociosos".

El convoy de deportación en el que viajaron Stjepan, su familia y los demás Romaníes, estaba conformado por vagones para transporte de ganado. El tren partió desde Zagreb. El viaje resultó dantesco, duró un día entero, los vagones abarrotados, y en el interior de uno de los vagones, Stjepan, un niño Gitano de diez años. Los guardias Ustasha, no daban a los prisioneros ni comida ni agua durante aquel viaje al infierno. Al llegar al campo de Jasenovac los guardias separaron a las mujeres y a los niños de los hombres. Así, Stjepan terminó en el grupo de su madre y sus hermanos y hermanas, y probablemente cruzó su mirada con su padre por última vez. Seguramente Stjepan fuese enviado a la pequeña aldea de Uštica, donde finalmente murió asesinado, ya que no hay información que sugiera que Stjepan sobreviviese al campo de Jasenovac, por lo que es muy posible que compartiera el fatal destino de los 5.608 niños Romaníes identificados por los investigadores en el Área Conmemorativa de Jasenovac que fueron asesinados y enterrados en una de las muchas fosas comunes del campo.

Stjepan Mavrović nunca olvidaré tu nombre.


Fuentes:
- Biografía de Stjepan Mavrović en la web romasinti.eu extraída de la exposición “The Forgotten Genocide” del National Commitee. 

viernes, 19 de octubre de 2018

Márie Ondrášová

Marie Ondrasova.
© USHMM.

Marie Ondrasova, nació el 1 de enero de 1926 en una familia Romaní que residía en Tvorovice, distrito de Prostejov, antigua Checoslovaquia. Fue la mayor de siete hermanos, seis chicas y un chico. Durante su infancia no asistió a la escuela ya que en su lugar se vio obligada a ganarse un jornal desde muy jovencita.

Su progenitor trabajaba como obrero de la construcción en Prerov, mientras, los niños ayudaban realizando tareas agrícolas para los campesinos de la zona; su hermana, la que iba detrás de ella y Marie realizaban trabajos duros en el campo, mientras que sus hermanos pequeños ayudaban en tareas tales como recoger patatas o remolacha… Al finalizar la jornada laboral los campesinos les entregaban alimentos y pan pero casi nunca les daban dinero.


En otras ocasiones, cuando su madre trabajaba era Marie quien cuidaba de los niños y se encargaba de las tareas domésticas; cocinar, darles de comer, bañarlos, etc. A pesar de tanto esfuerzo el dinero nunca era el suficiente para llevar una vida desahogada. Vivían en una casa modesta del Consejo, con una habitación que hacía las veces de salón, cocina y dormitorio y que poseía un patio en el que, siempre que podían, se salían los niños a jugar y donde su madre tenía sueltas cinco o seis gallinas y en las mejores y raras ocasiones algún pato o algún ganso. La gente de los alrededores los trataba bien, ellos eran la única familia Gitana del pueblo. A Marie la llamaban Kvetka. Todos los domingos acudían a la iglesia a oír misa con la esposa de un granjero.

Marie Ondrasova en su primera comunión
© Museo de Cultura Romaní de Brno.


Entonces llegaron los alemanes a Tvorovice, al primero por el que vinieron fue a por su padre, Marie recuerda que a los pocos días se presentó en su casa la señora Vavrikova, que era la persona encargada en el pueblo de recibir, clasificar y repartir el correo y los telegramas, además de ser la responsable de la central telefónica, produciéndose la siguiente conversación: "Kvetka, ¿dónde está tu madre?" Marie respondió: "No sé dónde está, estará trabajando". " Anda, ve y búscala". "¿Pero por qué señora Vavrikova, por qué, es tan importante ir ahora mismo a buscarla?". "Sí lo es, ve Kvetka, debes encontrar ahora mismo a tu madre".

En ese tiempo su madre se hallaba embarazada de la hermana menor de Marie. Echó a correr en busca de su madre, cuando regresó, la señora Vavrikova le dijo: "Ondraska, entra en la cocina, debo decirte algo muy importante”. Así fue como se enteraron, primero de que su padre formaba parte del grupo de la Resistencia del pueblo y segundo, del destino fatal que había corrido.

Probablemente un mes después, en junio de 1942 llegó un camión hasta el hogar de los Ondrasova. Los gendarmes los forzaron a montarse y los condujeron a Prerov, a la gran escuela. Allí había mucha gente, una multitud de personas. Familias enteras; madres, abuelos, primos, a muchos los conocía Marie. La escuela estaba llena, abarrotada y por todas partes soldados alemanes.

Permanecieron retenidos una semana mientras reunían en la escuela a todos los Romaníes de la zona. Pasado ese tiempo los montaron de nuevo en camiones y los llevaron hasta la estación de trenes, los metieron en vagones para transporte de ganado y los trasladaron a Kunstat, los obligaron a formar en filas de a tres y caminado llegaron hasta el campo de concentración de Hodonin. Éste estaba situado en una pequeña colina en el interior de un bosque, barracones de madera rodeados por una cerca, también de madera. En la calle del segundo lado corría un pequeño riachuelo. Había hombres y mujeres trabajando en las calles, otros también en la cantera, algunos llevaban pesadas piedras en carros de los que tenían que empujar. Vestían trajes de rayas y en la parte superior algo que parecía un abrigo negro, calzaban zuecos. El interior de los barracones se hallaba repleto de literas de madera a los que los internados llamaban jaulas. A Marie le cortaron sus preciosas coletas y le raparon su hermoso pelo. Marie tuvo suerte y le encomendaron un trabajo en el dispensario como enfermera, ocupó una posición de privilegio dentro del escalafón de prisioneros, por lo que no la obligaban a soportar las largas esperas de pie, tanto por la mañana y por la noche, para pasar lista, mientras, a otros hombres, mujeres y niños los enviaron a trabajar a los terribles kommandos de la cantera. 

Vista del Campo de concentración de Hodonin.
© Kapura.

La comida en aquel lugar era terrible, verdadera bazofia. Por la mañana les daban una especie de café negro caliente y un pedazo de pan. Su madre, tenía la cabeza calva y la dejaban llevar una bufanda a cuadros, e hizo una bolsa con ella guardando su pan allí para que los niños pudieran comerlo al día siguiente. Para la comida y la cena les entregaban un cuenco de sopa de patatas y remolacha, en el que casi todo el contenido era agua.

El Dr. Habanec, un médico civil checo, atendió en el parto a su madre. En mitad de aquel infierno nació la pequeña Sonicka. Fue uno de los treinta y seis bebés que nacieron en Hodonin.

Un día llegaron hasta el campo unos civiles alemanes que parecían médicos. Montaron una tienda de campaña en el exterior del campo. Comenzaron a llevar hasta allí a todos los prisioneros de Hodonin. En la tienda, les hacían muchas preguntas acerca de sus antepasados, medían sus bocas, sus cabezas, comprobaban el color de sus ojos… y los internados no sabían por qué aquellas personas procedían de ese modo. Llegó el turno de su madre, midieron en su cuerpo todo lo mensurable y le preguntaron por el nombre de sus padres y sus abuelos. Resultó que una de sus abuelas poseía origen alemán, ario en el argot nazi. Por ello quedaron categorizados como Gitanos de sangre mezclada, mestizos. Por ese hecho, cuando comenzó la ola de deportaciones hacia el Este, su familia al completo fue trasladada a la enfermería.

Pasado un tiempo comenzaron a llevarse a la gente del campo de Hodonin con destino a otros campos. Pero los Ondrasova permanecían en el dispensario, incluso su abuela estaba allí, toda la familia. Su madre sufría por todos pero en especial por la pequeña Sonicka de seis meses. Su madre tenía una amiga, a la que conocía del pasado, se llamaba Kolcova, su hija bebé había muerto y sus mamas aún tenían leche, ella sola era capaz de alimentar a tres niños. Las mamas de su madre por el contrario se habían quedado sin leche para alimentar a Sonicka. A la señora Kolcova la iban a trasladar a otro campo así que le pidió a la madre de Marie: “Dame a, tu hija, por favor, cuando nos dejen salir de aquí, la cuidaré y te la traeré de vuelta, no te preocupes". La vida tiene en su recorrido momentos en los que una persona ha de tomar una difícil decisión. Les habían dicho que los que se marchaban los trasladaban a un lugar mejor. Así fue como su madre entregó a su bebé a aquella mujer. Llegó el terrible día de la separación, los trasladaron a otro campo y Sonicka se marchó con ellos. El dolor de aquella madre resultaba indescriptible.

Vista del Campo de concentración de Hodonin.
© Český rozhlas

La familia de Marie fue liberada del campo en el verano de 1944, habían permanecido internados trece largos meses, su madre volvió al pueblo con los niños. Marie se fue a Olesnice a servir. El Dr. Habanec quería que la joven se incorporara al hospital en Policka para hacer un curso de partera, pero, Marie sólo tenía una idea en la cabeza, ponerse a trabajar y ganar algo de dinero con el que ayudar a su familia.

Un día quisieron llevarse de nuevo detenida a su madre, mas, unos gendarmes checos las pusieron sobre aviso: "Ondraska, si tienes familiares márchate antes de que te arresten". Así que guardaron todo lo que pudieron en bolsas, y se marcharon. Su hermana mayor, una hija de su padre de su primer matrimonio, vivía en Eslovaquia y hacia allí se echaron al camino. Nada importaba, ni el hambre, ni el intenso frío, lo principal para ellos era estar junto a su madre, y conseguir salvarse todos. En su caminar, cerca de Hrozenkov, se cruzaron de nuevo los alemanes, y nuevamente la suerte se puso de su lado. Los pararon, les pidieron los documentos de identidad, no llevaban ningún papel consigo, desde que salieron habían tomado la decisión de hacerse pasar por una familia checa de apellido Novotna que huía de los bombardeos. Del mismo modo acordaron que su madre y su abuela, que sabían hablar en alemán, no lo utilizaran para así no levantar sospechas. Al no entenderse con los alemanes acudieron unos gendarmes checos. Los alemanes les preguntaron si conocían a aquella familia. Su madre y su abuela lloraban. Marie tomó las riendas de la conversación y les comentó que se dirigían a Eslovaquia a casa de una hermana, tras un diálogo entre los alemanes y los gendarmes les dijeron a estos que se los llevaran hasta la gendarmería. En ese lugar las llevaron hasta la oficina, luego vino, el jefe, las miró y dijo: "Kvetka, así que ahora eres Novotna" Y Marie extrañada preguntó: "¿De dónde me conoces?" y el jefe de los gendarmes contestó: "Kvetka, por favor, no intentes decirme que te llamas Novotna, te conozco desde que eras una niña, como Ondrasova. ¿No me conoces?, soy Marianek de Tvorovice ". Así fue como de nuevo el azar del destino se puso del lado de Marie y su familia. "Tengo que protegeros, así que os quedaréis aquí en Brno en una celda de la prisión para no levantar sospechas". En la cárcel las obligaron a limpiar las oficinas, pero los oficiales les traían margarina, pan o lo que podían, todos les ayudaron. Durante el tiempo que estuvieron en aquel lugar nadie los denunció y los trataron bien. Un día se presentó, avisado por Marianek, el Sr. Vrba, a quien tiempo atrás habían servido en su casa, los sacó de la prisión, los llevó a la estación de ferrocarril con sus maletas y les pagó el billete de tren. Se fueron a Pivin y su madre a Tvorovice. En el hogar de los Vrba permanecieron hasta que los rusos llegaron y con ellos el final de la guerra y la vida poco a poco volvió a recobrar su bendita rutina.

Pero aún había una espina clavada en el corazón d ela familia y en particular de su madre, el destino de la pequeña Sonicka. Su madre preguntaba a todos los que regresaban de los campos de la muerte, de este modo se enteró del lugar dónde estaba la niña La señora Kolcova, la mujer a la que se la había entregado, había muerto de cáncer, pero la hermana de esta señora se había hecho cargo de la pequeña. Así fue como volvió con la familia, Sonicka, la hermana menor de Marie que tenía 13 meses cuando se separó de ellos y tres años cuando regresó a casa. Había sobrevivido a los campo de concentración de Auschwitz-Birkenau y Ravensbrück.

La familia se dispersó por todo el mundo; Marie ha pasado su vida vendiendo algodón de azúcar durante 25 años en los parques de atracciones; y finalmente mudándose a Liberec, Checoslovaquia. Ha tenido cinco hijos, dos niños y tres niñas.

         Fuentes
- Entrevista a Marie Ondrasova. United States Holocaust Memorial Museum Collection, cortesía de la Fundación Jeff y Toby Herr. 20 de junio de 1997.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Georgii Radukan

Georgii Radukan
© USC Shoah Foundation

Georgii Radukan nació en el seno de una familia Romá el 26 de abril de 1928 en Costiceni, en la región de Besarabia, Rumanía (en la actualidad Ucrania).

Desde antes de la I Guerra Mundial su familia vivía en el pueblo de Sauca, a unos 7 km de Costiceni. La aldea fue fundada, y denominada Savva posteriormente por el abuelo materno de Georgii. El padre de Georgii, Vasilii, trabajaba como herrero; además, poseían cuatro trilladoras, cuatro generadores alemanes de vapor y su propio molino; él y su esposa, Evgeniia, tuvieron diez hijos y observaron el cristianismo ortodoxo oriental. 

En 1917, la familia abandonó su aldea y se unió a un grupo de Romaníes nómadas que emigraron a Besarabia.

Cuando la región fue anexionada por la URSS en 1940, la familia Radukan se trasladó al oeste y continuó viajando por el interior de las fronteras recientemente establecidas de Rumania.

En mayo de 1941, mientras acampaban en Tansa, soldados rumanos reunieron a todas las familias Romaníes de la zona y, tras la invasión alemana de la Unión Soviética, los obligaron a cruzar la frontera en el verano de aquel año. Los deportados, en ese otoño, fueron trasladados a una aldea de Vradievka, en el sur de Ucrania, e internados en un lugar donde los ubicaron en unas primitivas cabañas de madera. Al principio vivieron de lo que llevaron escondido consigo hasta Transnistria y lograban vender (anillos de oro, moneda extranjera), o de aquello que ofrecía la tierra (árboles frutales, bayas, alimentos que se recolectaban del bosque...) o finalmente no les quedaba otra salida que intentar robar algo que llevarse a la boca. Varios meses después de su llegada a aquel terrible lugar, la familia fue liberada y trasladada a Kantakuzenka.

Con el discurrir de la guerra las fuerzas armadas soviéticas se iban acercando de forma progresiva hasta aquella localidad. De este modo, en la primavera de 1944, el ejército rumano obligó a Georgii y su familia a que los siguieran en su retirada. Las tropas rumanas finalmente abandonaron a aquellos Romaníes que fueron liberados por soldados soviéticos cerca de Zhashkiv, en la región de Cherkasy en Ucrania.

Después de la liberación, la familia Radukan se mudó a Besarabia, que se hallaba bajo administración soviética, viviendo en distintos lugares de Moldavia y Ucrania, finalmente regresaron a su pueblo natal, Sauca.

En 1953, la familia retomó el estilo de vida nómada, pero cuando el 5 de octubre de 1956 el Presidium del Soviet Supremo de la URSS adoptó el “Decreto que planteaba la necesidad de involucrar en labores permanentes de trabajo a los Gitanos que se ocupaban del vagabundeo”, la familia Radukan se estableció en Ataki, Moldavia (ahora Otaci). Este decreto les prohibía llevar una vida nómada y se les proponía "asentarse y dedicarse al trabajo".  Las autoridades locales a la hora de la puesta en práctica de este decreto actuaron del siguiente modo, o fomentando y dando alojamiento a los Gitanos pero forzándolos a abandonar las artes y oficios ancestrales a los cuales se habían dedicado durante generaciones o difundiendo una visión discriminatoria de aquellos que habían llevado una vida nómada. La mayoría de los Romaníes que se vieron obligados a abandonar el camino recurrieron a la ayuda de familiares que ya estaban asentados con anterioridad.

Georgii se casó con Vokitsa en 1958 y juntos formaron una familia de seis hijos.

Fuentes:
- Entrevista conducidad en Otaci el 11 de septiembre de 1997 realizada por Lidiia Teper con la grabación del cámara Sergei Saruchanu. USC Shoah Foundation Institute, testimonio de Georgii Radukan. Historia oral. VHA Código de la entrevista: 36542.
- The United States Holocaust Memorial Museum Encyclopedia of Camps and Ghettos, 1933–1945, vol. III: Camps and Ghettos under European Regimes Aligned with Nazi Germany. Geoffrey P. Megargee, Joseph R. White. Indiana University Press. 2018. Páginas 827-828.