lunes, 1 de julio de 2019

Elina Machalkova nacida Holomková


Elina Machalkova nacida Holomková
© Muzeum romské kultury

Emílie (conocida como Elina) Holomková nació el 25 de noviembre de 1926 en una familia Romá checa en el pueblecito de Svatobořice, al sur de Moravia. Su padre se llamaba Antonin y su madre Rosina. Reseñar que, su bisabuelo había luchado denodadamente por conseguir el derecho de los Romaníes a vivir en el interior de la aldea, en lugar de habitar asentamientos en los arrabales del pueblo.


         Elina vivía junto a muchos familiares en su aldea, los Holomek se hallaban muy bien integrados en la vida social de la localidad. El tío de Elina, Tomáš Holomek, por ejemplo, fue uno de los primeros estudiantes Gitanos checoslovacos, más tarde se convertiría en un gran abogado y se dedicaría a defender los intereses de los Romanís.

En Checoslovaquia desde 1927 los Gitanos nómadas se hallaban sujetos a una ley discriminatoria, este hecho sucedió mucho tiempo antes de que los nazis llegaran ni tan siquiera al poder en Alemania.

En 1934, Elina, sus padres y sus dos hermanos se mudaron al pueblo de Nesovice.

Elina (fila inferior, centro) con su grupo-clase en Nesovice.
© Muzeum romské kultury

En 1939 la Alemania nazi ocupó la mayor parte de Checoslovaquia, paulatinamente, más y más medidas y decretos se publicarían contra los Gitanos. Las personas que viajaban en carromatos de una localidad a otra vendiendo sus mercancías quedaron obligadas a vivir en casas, aquellos que se resistieran los enviarían a los campos de internamiento de Lety y Hodonín. A ojos de los nazis y su ideología racial, los Romanís eran considerados Zigeuner y tratados como una raza inferior. Por este motivo a Elina y su hermano mayor los obligaron a abandonar la escuela, la vida cambiaba drásticamente para Elina y su familia, la joven se vio obligada a ponerse a trabajar en una fábrica ubicada en la ciudad morava de Slavkov.

En 1942 se promulgaron nuevas leyes con el objeto de excluir aún más a los Romanís de la sociedad del Protectorado de Bohemia y Moravia. Una de las medidas se refería al confinamiento de los Gitanos en el campo de concentración de Hodonin donde internaron a varios miembros de la familia Holomek. En agosto de 1942, miles de “Gitanos” y “Gitanos mixtos” fueron arrestados y enviados a los campos de Lety y Hodonin, en esos lugares los obligaron a realizar trabajos forzados. A Elina y su familia más cercana se les permitió permanecer en su hogar, pero los sometieron a un control permanente por parte de la policía y se les prohibió, de manera tajante, abandonar su lugar de residencia.

Campo de Hodonin
© Muzeum romské kultury

Entre marzo y octubre de 1943, 5.500 Romaníes checos fueron deportados al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau en Polonia. Sólo 500 de ellos lograron sobrevivir al Porrajmos. La familia numerosa Holomek también se vio gravemente afectada, muchos de ellos murieron. Elina, sus padres y hermanos se vieron “afortunados”: gracias a la protección que les brindó el valiente alcalde de la aldea de Nesovice, éste negoció valientemente con la Gestapo de Brno para que no deportaran a la familia y así consiguió que escaparan de una deportación segura y probablemente de una muerte segura.
“Aquel, fue el momento más difícil. Tuvimos la suerte de vivir en Nesovice. El alcalde luchó por nosotros, el único alcalde de todo el Protectorado que se preocupó por sus habitantes Gitanos. Para lograrlo, fue a  la Gestapo de Brno. Mamá les había entregado todas nuestras pertenencias a nuestros vecinos para que las escondieran por si no regresábamos. Un viernes recibimos un mensaje en el que nos citaban para acudir a Brno al lunes siguiente. Al llegar la mañana de ese fatídico lunes nos dirigimos a la estación. El tren tenía fijada su salida para alrededor de las doce y media, todo el pueblo nos acompañó hasta la estación. En la estación, que era una casa municipal, el alcalde me llamó: "Holomková, ven aquí". El alcalde tenía unas profundas ojeras, `posiblemente se encontrara muy cansado. "Holomková, no llores, no iréis a ninguna parte. Llevo tres días llamando puerta a puerta en el cuartel de la Gestapo, les he comunicado que no enviaré a mi gente a la muerte". Mi madre se desmayó. Afortunadamente, hubo un médico que consiguió reanimarla. Salimos de allí y regresamos a casa, había niños y niñas, todo el pueblo, gritábamos, "¡No vamos a ninguna parte!" Los chicos me llevaban en hombros. Nuestro alcalde fue realmente la única persona que salvó a su gente.”

Los padres de Elina incluso lograron esconder en su casa hasta el final de la guerra a una sobrina de 3 años, Růženka.

A partir del verano de 1944 en adelante comenzó la esterilización obligatoria y forzada de las mujeres Romanís que no habían sido deportadas, Elina, para evitarla, tuvo que esconderse con familiares que vivían lejos, concretamente en la ciudad de Olomouc.

          Treinta y tres miembros de su familia  fueron deportados a los campos, ninguno de ellos regresó.

Después de la guerra Elina se casó con Jan Machálek. En adelante, conocida como Elina Machálkova, consiguió un trabajo en una oficina y tuvo cuatro hijos. Su gran pasión fue cantar; se hizo famosa en toda Checoslovaquia por la interpretación de canciones tradicionales Romanís. Actuó en muchos lugares, ganó premios y grabó álbumes, cantó con los principales artistas de folclore checoslovaco como Jožka Severin, Eugen Horváth, Jožka Černý y otros. Su repertorio incluye la canción Aušvicate hi kher baro (En Auschwitz hay una gran casa), una canción originalmente cantada en el Zigeunerlager de Auschwitz-Birkenau.

Elina junto a su grupo de música en 1971
© Muzeum romské kultury

Junto a su hermano Miroslav y su tío Tomáš, Elina trabajó para establecer el nuevo Muzeum romské kultury en Brno, el primer museo en Europa que se centraba en la historia y la cultura de los Gitanos.

Parte de la colección permanente 
del Mueso para la Cultura Romaní 
en Brno (República Checa)
© Muzeum romské kultury

           En 2004 publicó un libro, parte autobiografía, parte historia, sobre la familia Holomek.

Elina dedicó gran parte de su tiempo a la asistencia a reuniones y discusiones con grupos de jóvenes. Siempre se sintió muy interesada en transmitir a las siguientes generaciones la cultura Gitana y la historia de la persecución que sufrió su pueblo por parte del régimen nazi.

Elina dando testimonio de su vida a los más jóvenes.
© Muzeum romské kultury

En 2012, Elina recibió la medalla “Libertad y Democracia”.

Elina recibiendo la medalla de Libertad y Democracia en 2012
© Muzeum romské kultury


Elina Machalkova falleció el 16 de julio de 2017.

Fuentes:
- Memoáry romských žen: Elina - Sága rodu Holomků, Karolína - Cesta životem v cikánském voze. Karolína Kozáková, Elina Machálková. Nakladatel:  Muzeum romské kultury 2004
- Biografía de Elina Machlakova en romasinti.eu
- Emílie Machálková 1926-2017 en página web Memory of nations.
- Elina: The Saga of the Holomek Family. Brian Kenety. Web romove de Czech Radio. 2005.
- Bulletin Muzeum romské kultury v Brně, 2005
- Emílie Machálková, a Czech Romani Holocaust survivor, has passed away. Romea. 2017

viernes, 26 de abril de 2019

Rostás Janosné

Rostás Janosné
© Romedia Foundation

Rostás Janosné nació en una familia Romaní de ocho hermanas y hermanos el 25 de septiembre de 1933 en Zalakávás, Hungría.

Los diez miembros familiares compartían una modestísima choza para porquerosen mitad del campo. Ninguno de los chiquillos tuvo la oportunidad de asistir al colegio, el pueblo se hallaba demasiado lejos de donde vivían para ir caminando todos los días. Su madre, la pobre, tenía que dejar solos a los más pequeños durante cada jornada, y, acompañada de los mayores trabajar en lo que salía. Tras sus duras jornadas laborales, las personas para las que habían trabajado, les entregaban comida a cambio de su sudor y esfuerzo.

La persecución de los Romaníes en Hungría no comenzó con el estallido de la Segunda Guerra Mundial ni cesó con el final de la guerra, sin embargo, alcanzó su punto más álgido durante la ocupación alemana de Hungría entre el 19 de marzo de 1944 y el 4 de abril de 1945. Durante este período, que es relativamente corto en comparación con otros países de Europa, la máquina de persecución y de exterminio nazi se puso a trabajar a toda potencia contando para ello con la colaboración de las Nyilas húngaras (Cruces Flechadas), con su mezcla fatal de crueldad y eficiencia.

Así fue creciendo Rostás, pero, todo empeoró un fatídico día de noviembre de 1944 al amanecer, un día que parecía como otro cualquiera, de esos llenos de incertidumbre, miseria y alegría de vivir. Hasta la cabaña llegaron un gran número de gendarmes y miembros de las cruces flechadas, rodearon la choza y en mitad de un gran vocerío, reunieron a toda la familia y se los llevaron detenidos. Tuvieron que dejar atrás sus escasas pertenencias, lo único que pudieron llevar consigo; un poco de comida y algo de ropa. En el trayecto los reagruparon junto a otros detenidos que provenían de otros lugares, en total unas veinte o treinta personas. Los montaron en carros y los condujeron a Szentgyörgy. Tomaron la ruta de Zalakávás, es decir, primero fueron al pueblo y luego los llevaron a Zalaegerszeg en tren, en ese lugar había algo parecido a una especie de campo de agrupamiento, allí habían reunido a judíos y Gitanos. Estaban custodiados por gendarmes. Era otoño, un otoño de días muy fríos, oscuros y tristes. Los mantuvieron alrededor de una semana en Zalaegereszeg, mientras tanto, seguían llegando más y más personas. Pasados esos siete días los llevaron hasta la estación de tren de Zalaegerszeg y los montaron en trenes. Había muchos vagones de esos para transporte del ganado. En cada uno de ellos se apretujaban unas cuarenta personas, apenas podían moverse. No les dieron comida y los piojos los devoraban. Muchos niños murieron en aquel maldito viaje. Estuvieron viajando unos tres o cuatro días. Y lo más terrible de todo, en pocas ocasiones les dieron agua para beber. Rostás recuerda con dolor la terrible sed que padeció en aquel infernal trayecto.

Llegaron a la fortaleza de Komárom. En 1944 el campo de Komárom sirvió como punto central de detención de los Romaníes húngaros en espera de su deportación a los campos de concentración en Alemania como mano de obra esclava. Muchos de los que se quedaron en el Campo de Komárom murieron de hambre. Sólo alrededor de 4.000 de los 10.000 internados allí consiguieron sobrevivir.

Cuando los romaníes llegaron a Komarom, Durante el primer o segundo día, los miembros de una familia se quedaron juntos. Más tarde, se clasificaron en grupos: hombres mayores de 14 años, mujeres mayores de 14 años sin bebés y niños menores de 14 años y madres con niños pequeños. Cuando se separaron, no tenían forma de saber que la mayoría de ellos nunca se volverían a ver. Los guardias húngaros y alemanes ejercieron una extrema crueldad hacia ellos, azotándolos, a menudo indiscriminadamente.

Fortaleza Csillageröd en Komárom
© H. Szabó Sándor / ORFK

Nada más llegar a Komárom los obligaron a formar en filas y procedieron a llevar a cabo una selección, separaban, de entre los alineados, a todos los adultos aptos para trabajar, entre ellos a muchas mujeres. Su padre se encontraba entre el grupo de los seleccionados. Nunca más volvería a verlo, ni tan siquiera alguna vez lograría enterarse a dónde lo se lo llevaron. Nunca se lo dijeron. ¿Se lo llevaron al tren? ¿O le dispararon allí mismo? Las selecciones eran frecuentes, siempre del mismo modo, llegaban soldados alemanes con porras de goma y se llevaban el número de prisioneros que querían, así fue como, también se llevaron a dos de sus hermanos, Lajos Horváth y Gyula Horváth, Lajos logró regresar con vida, pero Gyula murió en Alemania. La vida en aquel lugar resultaba insoportable, el frío helado, apiñados en una especie de búnker, alojados en enormes túneles huecos excavados bajo tierra, o al aire libre, o en las habitaciones de la fortaleza que corrían por los largos pasillos. Los guardias estaban de pie encima de ellos, armados con rifles, ametralladoras y látigos. Había muchos niños pequeños, algunos todavía bebés, murieron tantos niños, estaban junto a sus madres, ¡pero no tenían nada para alimentarlos, nada más que lo poco que les daban! Las condiciones eran deplorables. No había inodoros ni medios posibles de improvisar. La situación empeoró aún más cuando se desencadenaron varias enfermedades, incluida la fiebre tifoidea. Todos los días pasaban carros o carretillas para recoger los cadáveres que se habían apilado. Fueron colocados en los carros con horcas y arrojados al Danubio o en un enorme pozo de yeso.


Rostás era una niña pequeña, pero salía adelante como podía. Recuerda el insufrible dolor provocado por el hambre. Cualquier motivo se convertía en una buena excusa para golpearlos, si no se alineaban para el pan, les pegaban con porras de goma, si no estaban bien alineados en las filas, les pegaban con porras de goma…

Sobre la base de las investigaciones de Karsai, Kenrick y Puxon afirman que en diciembre de 1944, las madres con niños pequeños fueron enviadas a casa desde Komarom, mientras que el resto de prisioneros de 14 años en adelante los enviaron a varios campos de concentración en Alemania. En el grupo de los que se marcharon a casa se hallaban Rostás y su madre. La señora Janosné afirma que, un día de invierno, de repente, las dejaron marcharse. Les abrieron las puertas de la fortaleza y se fueron. Los prisioneros salieron corriendo en todas direcciones, ella corría de la mano de su madre. Huida, libertad. Se propusieron regresar a su humilde choza, para ello se montaban sin billete en los trenes, ya que no tenían dinero. A veces las expulsaban, en otras ocasiones las dejaban continuar el viaje,  o si no se veían obligadas a caminar. Los pocos florines que conseguían mendigando se los gastaban en comprar algo de comida. Tardaron tres o cuatro días en llegar a su modesta casa, sería por Navidad. No había nadie, y el estado de la cabaña era deplorable, todas las ventanas estaban rotas, el invierno de una crudeza imposible las mataría por congelación. Se habían llevado todo, incluido el poco trigo que almacenaba su padre en el desván, allí ya no quedaba nada, sólo miseria y pobreza.

Aquel tiempo fue muy duro, una vida llena de dificultades, pero si algo tiene un Gitano es ganas de vivir, de salir adelante. Para lograr sobrevivir plantaron patatas en la tierra que había cerca de la casa, llegó la primavera y las patatas salvaron sus vidas, patatas era todo lo que necesitaban para sobrevivir, una economía enteramente de subsistencia. Trabajaban por comida. Porque por aquel entonces, todas sus hermanas se habían casado. Rostás era la más joven. En una ocasión que se marchó a realizar un trabajo a Jegespuszta, encontró al que se convertiría en su esposo. Pero, la alegría no le duró mucho a nuestra Rostás y a pesar de haber tenido una hija con él, su marido la abandonó.

Tiempo después Rostás volvió a casarse y se instaló en Bolozsa. Lleva junto a su marido desde hace cuarenta años, y a lo largo de este tiempo han formado una familia de cuatro hijas. Rostás se dedicó a criar a sus pequeñas y su esposo a trabajar. Cuando la más pequeña de sus hijas cumplió cinco años, Rostás comenzó a trabajar limpiando casas.

La hija, de su primer matrimonio, se marchó a vivir a América. Rostás es una mujer mayor, el Estado húngaro le pasa una pequeña y escasa pensión por sus hijas, pero muy poca pensión.

Fuentes
- Entrevista realizada a Rostás Janosné por Janos Barsony el 6 de febrero de 2000 en Meggyeskovács.
- Pharrajimos: The Fate of the Roma During the Holocaust de Janos Barsony y Agnes Daroczi. IDEA. 2008. Páginas 157-159.
- The Roma a Minority in Europe. Story, history and memory: a case study of the Roma at the Komarom camp in Hungary de Katalin Katz. Central European University Press. 2007. Páginas 69-87
- “Magyarországi cigány Holocaust” (Hungarian Gypsy Holocaust) Phralipe . J. Bársony, (Oct. 1996), pp. 11–15.
- A History of the Gypsies of Eastern Europe and Russia . D. M. Crowe,  (London/New York, 1995), pp. 89–91;
- A magyarországi cigánykérdés dokumentumokban.  Mezey, L. Pomogyi and I. Tauber, 1422– 1985(The Hungarian Gypsy Question in Documents, 1422–1985) (Budapest, 1986), p. 31.
- The Destiny of Europe’s Gypsies. D. Kenrick. and G. Puxon,  (London, 1972),
- M. Lakatos, A cigányok sorsa 1944-ben (The Fate of the Gypsies in 1944) (Budapest, 1984).
- A cigánykérdés Magyarországon 1919–1945, Út a cigány Holocausthoz (The Gypsy Question in Hungary 1919–1945: The Way to the Gypsy Holocaust). L. Karsai,  (Budapest, 1992), p. 136.

viernes, 8 de marzo de 2019

Maria Kozlovskaia

Maria Kozlovskaia
© USC Shoah Foundation

Maria Kozlovskaia (nacida Grokholskaia) vino al mundo en 1927 en una familia nómada Romá en el pueblo de Trostianka, en la region de Smolensko, antigua Unión Soviética.

Su infancia transcurrió en el camino, durante el verano, la familia viajaba en un tabor, éste lo componían entre cinco y diez familias Gitanas que iban con sus caravanas acampando en los bosques cerca de lagos o ríos, allí permanecían uno o varios días para posteriormente proseguir su “lungo drom” hasta llegar a un pueblo y montar, de nuevo, su pequeño campamento en algún lugar cercano al mismo. La familia poseía dos o tres buenos caballos que tiraban de carros y caravanas, varios edredones y almohadas, así como carpas fabricadas en lona para resguardarse de la intemperie, durante generaciones aquellos Romaníes habían llevado una vida plena de libertad errante, eligiendo siempre para acampar los más bellos parajes. Los inviernos los pasaban en viviendas de alquiler. Los hombres se ganaban la vida comerciando con caballos y las mujeres se dedicaban a practicar el arte de la adivinación, a través de las cartas o de la lectura de las palmas de las manos. No existía un pago fijo por estas actividades sino que dependía de la buena voluntad de las personas, en ocasiones les daban dinero y otras veces alimentos.

         Cuando en junio de 1941 la guerra alcanzó la Unión Soviética, la totalidad de hombres de la familia se ofrecieron como voluntarios para ingresar en el ejército y luchar contra los nazis en primera línea del frente. En octubre de 1941 el rápido avance de la Wehrmacht  llegó hasta donde se hallaban las mujeres y los niños del tabor, cuando se preparaban para pasar el invierno en la región de Kalinin. El ejército de ocupación estableció el cuartel general militar en la aldea, a 3 km de la zona de combate, pero no pudo mantenerla allí durante mucho tiempo, ya que el ejército soviético consiguió avanzar y de este modo, hacerlos retroceder. Al retirarse, los soldados alemanes reunieron a la población local en una sola casa e incendiaron las casas restantes. A la familia de Maria la liberaron, mientras que a los prisioneros restantes los trasladaron a otra aldea, Il’yushino, los encerraron en un granero y los quemaron vivos.

Frente de Kalinin, 1941
© S. Heep

El territorio fue liberado por las fuerzas armadas soviéticas en diciembre de 1941. Mientras tanto, a Maria y su familia las evacuaron a Buguruslan, en la región de Chkalov, donde vivieron hasta el final de la guerra. Su padre y sus hermanos murieron luchando en el frente.

Tras la guerra la familia llevó una vida nómada, hasta que el Presidium del Soviet Supremo de la URSS adoptó en 1956  el “Decreto que planteaba la necesidad de involucrar en labores permanentes de trabajo a los Gitanos que se ocupaban del vagabundeo”. Se establecieron en Sovkhoz, una granja estatal, en la región de Briansk en Rusia, y trabajaron como agricultores.

En 1947, Maria se casó con Afanasii Kozlovskii y formaron una familia con seis hijos.

          Fuentes:
- Entrevista realizada el 7 de julio de 1997 en Smolensko, Rusia, por Anna Anfimova, con la ayuda del cámara Evgenii Kurbatov.

viernes, 1 de febrero de 2019

Radojka Rahimić

Radojka Rahimić
© Institut für sozialwissenschaftliche 
Forschung, Bildung und Beratung e.V.

Radojka Rahimić nació en 1932 en el seno de una familia Romá. Su madre profesaba la religión católica croata y su padre la musulmana de Bosnia. El matrimonio tenía dos hijas. Radojka asistió al colegio, pero por culpa de la guerra solamente pudo finalizar el Primer grado de su escolarización.

Transcurría el año 1941 y como todas las mañanas Radojka iba de camino de su escuela en la aldea de Kukunjevac (en la parte croata de Yugoslavia), al llegar al colegio le dijeron que se volviera a casa. Así lo hizo y, poco después, soldados Ustasha rodearon la aldea. Al padre de Radojka, de 38 años, lo llevaron frente al ayuntamiento junto a otros 750 hombres, posteriormente lo condujeron hasta Rupaca donde murió asesinado. A las mujeres y los niños los deportaron a campos de concentración, la pequeña Radojka contaba nueve años cuando su vida dio un giro para siempre, sus infantiles ojos fueron testigos del horror, ella recuerda:
“Los soldados se situaban a la derecha y la izquierda y nosotras en el medio. A los que no caminaban como ellos querían los molían a patadas, o los golpeaban. (...) Mi madre no podía seguir andando por el cansancio. Comenzaron a darle patadas y golpes por todas partes. Me puse a gritar y a llorar. Me llevaron a rastras hasta el vagón para transporte de ganado que esperaba sobre las vías. En el interior apenas podíamos respirar porque éramos demasiadas personas allí dentro y no había ventanas por donde pudiera entrar algo de aire. Muchos murieron asfixiados o asesinados. Las mujeres embarazadas dieron a luz en mitad de aquella masa de personas. Nos torturaron de camino al campo de concentración, y a pesar de los golpes y las heridas teníamos que seguir caminando. No nos dieron nada de agua ni pan y tuvimos que caminar medio desnudos y descalzos. Sin embargo, sobrevivimos a eso. Pero la pesadilla jamás imaginada nos esperaba cuando llegamos al campo. (...) En el campo de concentración nos obligaron a dormir al aire libre, en el suelo, era el mes de noviembre, es decir, en noviembre, a cielo abierto. Los guardias acechaban en las torres de vigilancia esperando a que alguien se moviera de forma sospechosa o demasiado rápida para dispararles. Aquello resultaba una catástrofe y pura agonía, pero a pesar de eso seguíamos con vida. Para mí, esta entrevista representa un verdadero sufrimiento. Me gustaría terminar ya.”

         Radojka permaneció junto a su madre y su hermana en los campos de concentración de Stara Gradiska, Jasenovac y Sisak. Pasado un rato pudo continuar hablando y nos narró las ejecuciones en masa nada más llegar al campo de Jasenovac:
“En aquellos lugares a los Romaníes nos lanzaban a fosas llenas de cal viva. Yo pude ver con mis propios ojos como se lo hicieron a una preciosa chiquilla que llevaba su muñeca y a sus padres que iban sentados sobre un carro. De repente un soldado de manera deliberada y repentina golpeó a los caballos y la niña pequeña, sus padres y el carro cayeron a la fosa llena de cal viva. Esto continuó así durante unas pocas horas más. Nosotros, los niños permanecíamos de pie en fila en el patio de carga de Jasenovac donde éramos testigos de todo. El campo de concentración de Jasenovac se hallaba a tan sólo unos veinte pasos del patio de mercancías desde donde los niños podíamos verlo todo (...) Nos manteníamos en fila esperando que nos mataran. Si un soldado o un oficial, no sé exactamente quién fue, no hubiera ordenado un descanso nosotros también habríamos muerto asesinados. Yo estaba en aquel patio de carga de Jasenovac y también habría sido asesinada, pero afortunadamente el destino quiso algo diferente para mí. Desde allí nos transfirieron  en un convoy conformado con vagones para transporte de ganado a Sisak donde permanecimos durante una semana. No teníamos casi nada para comer. Allí estuvimos poco tiempo, alrededor de una semana. Durante esos días mi madre siempre me dio su ración de comida, ella no comía nada. Entonces nos seleccionaron. Los niños a la derecha, las madres a la izquierda. A los niños nos transportaron a Zagreb.”

Un grupo de niños esperan en fila en un campo 
de concentración no identificado, posiblemente en el de Sisak.
© USHMM

         En el campo de concentración de Sisak la madre de Radojka fue obligada a limpiar los barracones de los soldados. Después de unos días, Radojka y su hermana pequeña de seis años fueron separadas de su madre y llevadas a un punto de reunión de la Cruz Roja en Zagreb. Allí a las niñas pequeñas las obligaron a beber leche envenenada, a consecuencia de ello su hermana murió. Radojka narra:
“Por la tarde a todos los niños que habían bebido leche comenzó a subirles la fiebre y empezaron a vomitar. Mi hermana pequeña también. Nunca seré capaz de olvidar como tuve que dejarla, llorando y con dolores de muerte. A nosotros, los chicos mayores, nos sacaron de allí… y nos llevaron a Ubbreg (Croacia). Al llegar nos condujeron al ayuntamiento para mostrarnos a los ciudadanos… Yo fui adoptada por una pareja croata sin hijos. Simplemente me llevaron sin ninguna información sobre el paradero del resto de mi familia.”

Radojka fue “adoptada” por un matrimonio católico de Zagorje-Ludbreg (Croacia). En los dos años que estuvo allí, no se le permitió ir a la escuela ni trabajar; sin embargo, si la obligaron a que asistiera a la iglesia regularmente. Un día Radojka utilizó el dinero que le daban para el cestillo de la limosna para comprar una postal y se la envió a su madrina croata con una súplica para que se la hiciera llegar a su madre. Ésta la recibió y nada más hacerlo fue a por su hija de doce años, resistiendo los intentos de soborno de los padres adoptivos y, por fin, intentarían regresar juntas a su hogar.
“De camino a casa tuvimos que escondernos en el bosque porque continuamente nos atacaban las tropas. En mi afán por escapar, caí en un lago. Mi madre me secó lo mejor que pudo con hojas. Enfermé de neumonía. Tuvimos que escondernos en el bosque hasta el final de la guerra. Tras finalizar, regresamos y buscamos nuestra casa, pero ya no estaba. La habían destruido completamente. Mi madre lloraba amargamente. ¿A dónde se supone que debemos ir ahora? ¿Dónde se supone que vamos a dormir? Le rogó a una mujer que nos alojara temporalmente, y así lo hizo”.

Radojka Rahimić informa de su periodo de posguerra:
“Cuando salimos del campo de concentración después de sobrevivir al infierno, fuimos de casa en casa, nos ganábamos la vida haciendo todo tipo de trabajos. Vivíamos al día. No podíamos esperar ayuda de nuestros familiares, porque ya casi no teníamos ninguno. Solo pude ayudar a mi madre después de casarme... Tras la liberación, mi madre trabajó como jornalera para poder pagar el alquiler y alimentarnos. Mi madre y yo no logramos reconstruir nuestra casa en ruinas, por eso tuvimos que pagar el alquiler... Cuando cumplí catorce años, ya durante el comunismo, tomé parte en un proyecto de trabajo. Éramos un grupo de jóvenes voluntarios que conseguimos un trabajo durante tres meses. En lugar de pagarnos, cada mes recibíamos ayudas sociales. Con eso, durante un tiempo, pudimos vivir un poco mejor. Después de habernos recuperado un poco me fui a trabajar durante otros tres meses cuando se construyó la carretera Bratstvo-Jedinstvo (Hermandad y Unidad). Después de finalizar este trabajo, me enviaron a Zemun, cerca de Belgrado, durante otros tres meses. Por este trabajo voluntario, tiempo después a mis hijos se les dieron libros y uniformes escolares, así como también un seguro social gratuito. Mi madre también estaba asegurada gracias a mí. Mi madre cayó muy enferma y murió a consecuencia de ello. Tras su muerte me cambié al trabajo agrícola porque solo de esa manera podría alimentarnos y construir una casa. Yo no podía hacer nada más. Mis hijos y yo vivimos tiempos difíciles. En Bačka Palanka (Serbia) tuvieron que trabajar duro en los campos cuando tenían trece y catorce años.… Su trabajo resultó una gran ayuda financiera.”

Certificado de concidión de tolerada perteneciente 
a Radojka Rahimić
© Institut für sozialwissenschaftliche Forschung, Bildung 
und Beratung e.V.

"Aunque solo tenía nueve años y han pasado más de sesenta años, nunca olvidaré la Segunda Guerra Mundial y el año 1941. Todavía siento el miedo de ese tiempo dentro de mi conciencia. (…) Es como si esas cosas terribles pasaran hoy. Aún hoy he de soportar las consecuencias del campo de concentración. Estoy en tratamiento neurológico especializado. Además, fui hospitalizada en diversas ocasiones. Varias veces al día tomo analgésicos y psicofármacos en dosis altas, sin los cuales mi vida sería impensable.”

Fuentes:
- Hitler's Slaves: Life Stories of Forced Labourers in Nazi-Occupied Europe de Alexander von Plato, Almut Leh, Christoph Thonfeld. Berghahn Books. Capítulo: They survived two wars, escrito por Birgit Mair. Páginas 177-187.

- Zwei Kriege überlebt Bosnische Roma als Bürgerkriegsflüchtlinge in Deutschland. Birgit Mair. Institut für sozialwissenschaftliche Forschung, Bildung und Beratung e.V.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Margot Anita Schwarz, nacida Franz

Margot Anita Schwarz, nacida Franz
© Nordwest Zeitung

Margot Anita Schwarz, nacida Franz, vino al mundo el 10 de septiembre de 1924 en la ciudad de Berlín. Hija de Margarete (Grete) Franz (10/09/1898) y  N.N. Schawrenski. De la primera relación de la madre, además de Margot, habían nacido Erwin Franz en 1925 y Anton Franz (14/01/1927).

En 1928 su madre contrajo matrimonio con el artista circense Georg Frank (20/07/1906). Los chiquillos, Margot y Anton, permanecieron junto a su madre, mientras que Erwin fue acogido por uno de sus tíos que vivía cerca de Gdansk. Margot y Anton crecieron junto a sus seis hermanastros más pequeños: Frieda (10/03/1929), Ella (3/07/1930), Hans (12/01/1933), Otto (25/01/1934), Ursula (15/12/1935) y Angela (18/10/1938). Llevaban un estilo de vida nómada, se dedicaban al circo. Entre acrobacias, risas  y mucho trabajo recorrían los pueblos y ciudades del país teutón con su pequeño circo ambulante.

Georg Frank (derecha) y su hija Ella (izquierda) 
y otra hija o hijo realizando acrobacias.
© Archivo de la familia Franz

En 1935 la familia se trasladó desde el Oeste de Prusia hasta Leer en la Frisia Oriental.

En 1938 se establecieron en una modesta caravana en la floreciente ciudad naval de Wilhelmshaven, cuya población aumentó rápidamente debido al rearme que habían emprendido los nazis.

Georg Frank y su hija Frieda ensayando 
uno de sus números, hacia 1938.
© Archivo de la familia Franz

Debió ser en el transcurrir de 1939, cuando la familia Franz llegó con su carromatos Gitanos, tirados por sus hermosos caballos, al municipio de Zetel-Bohlenberge, situaron su campamento en un descampado de la Pohlstrasse para permanecer allí unos días y ofrecer su espectáculo circense a la población local. Pero… por desgracia, la persecución a la que se estaba sometiendo a la población Romaní se iba incrementando de forma paulatina. Las autoridades locales se acercaron hasta su lugar de acampada prohibiéndoles proseguir su camino. De este modo, hubieron de abandonar su vida nómada y los obligaron a permanecer en aquel sitio cobijados por sus dos carromatos. Los niños acudían a la escuela, los padres y los hermanos mayores buscaron otros trabajos distintos al que hasta ese momento había sido su forma de ganarse el pan. Georg, comenzó a trabajar en una gravera, su esposa Grete, en un vivero en la Stubbendränk, Margot, la hermana mayor, en una fábrica de zapatos y Anton, en una granja. Pasado un tiempo, la familia decidió finalmente establecerse en una pequeña casa en la Horster Strasse, cerca de la escuela de Bohlenberge.

Margot, de jovencita, había dado a luz a una hija a la que puso de nombre Ángela, que murió antes de producirse la deportación.

A su padrastro lo llamaron a filas y se incorporó a la Wehrmacht tomando parte en la caída de Francia, posteriormente lo trasladaron con su unidad a la Guerra en el Este iniciada con la Operación Barbarroja en junio de 1941.

Mientras su padre luchaba valientemente en el ejército alemán, en la retaguardia… de repente, el 3 de marzo de 1943 antes del alba llegó la policía hasta donde vivía la familia Frank: “Guardad todo y acompañadnos” fue la orden que uno de los policías gritó. La madre imploró: “No puede ser, esto no es posible, mi marido es soldado. No podemos, así sin más, marcharnos de aquí”. “Sí, su esposo también os acompañará, pronto se reunirá con vosotros”. El llanto de los niños, el dolor de dejarlo todo atrás, la incertidumbre, el miedo… metieron lo poco que pudieron en una maleta, todo revuelto porque los policías los apremiaban situados frente a ellos empuñando sus armas.

En primer término los condujeron hasta la estación ferroviaria de Zetel, después a Bremen a un lugar donde estaban agrupando a multitud de Romaníes de la región, allí se reencontraron con su padrastro. Lo habían obligado a quitarse el uniforme, éste fue el pago de Alemania por los servicios prestados en el frente. Los abuelos de Margot, su tía y su tío, varios familiares y conocidos también se encontraban en aquel sitio. Allí permanecieron dos noches, luego los deportaron en un tren compuesto por vagones para transporte de ganado al campo de concentración  y exterminio de Auschwitz-Birkenau en Polonia. No les permitieron llevar nada consigo, Durante el viaje no les darían de beber ni de comer. Lo único que su madre pudo esconder entre sus ropas fue una almohadillita para la pequeña Ángela. Pero al ir a montarse en el vagón un policía la descubrió y le arrancó la almohada de la mano añadiendo: “No necesitas almohadas al lugar al que vas”.

Margot era una muchacha joven, tenía 18 años en ese momento y nunca había oído hablar de Auschwitz. Durante el viaje los niños cantaban y reían ajenos a lo que les depararía el destino, sin embargo, los mayores, entre ellos sus padres, tenían miedo, sabían lo que finalmente ocurriría. Cuando llegaron a Auschwitz (Stammlager) pasaron por el gran portón con las palabras “Arbeit macht frei”, después llegaron a Birkenau, allí estaba ubicado el campo para familias Gitanas en el sector BIIe, cerca de los crematorios. Margot se convirtió en la prisionera Z-3487, número que quedó para siempre tatuado en su piel. Los llevaron hasta el barracón, en mitad del mismo había una especie de estufa muy larga con el que se calentaba el lugar. Había cajas por todas partes, así llamaban a las literas de tres pisos, y sobre las mismas había unas “maravillosas y hermosas” mantas rojas de pelo muy largo. Se encontraban tan cansados de los tres días de viaje que no pensaban en la comida, a pesar de la intensidad del hambre, tan sólo en poder descansar un poco del agotamiento. Al despertarse... les picaba todo el cuerpo, se encontraban llenos de picaduras producidas por la multitud de piojos que poblaban las mantas y el barracón.

Margot muestra su número de prisionera 
de Auschwitz-Birkenau tatuado en su antebrazo. 
© Günter Heuzeroth y Sylvia Wille

Unos días más tarde les comunicaron que aquellos que habían servido en el ejército serían agrupados en un barracón aparte del resto y que pronto podrían volver a sus hogares. Su padrastro como había sido soldado, pues hizo que estuviesen entre el grupo que fue reubicado junto a otras familias Gitanas. En el bloque militar, que así se llamaba, se pasaba lista por la mañana y en el turno de reunión de la tarde, alienándose los prisioneros en filas de cinco. Pronto murió su hermanita Ángela, la más pequeña, no había cumplido aún los cinco años.

Su madre enfermó, comenzaron a hinchársele las piernas y la fiebre dominaba su cuerpo, Margot le preguntó al jefe de barracón si podía dejarla en el interior y no salir fuera al recuento porque estaba demasiado enferma. Pero en aquel lugar en el que no había sitio para la clemencia ni la compasión, el jefe del bloque hizo una excepción. Mas al pasar lista y contar a los prisioneros los soldados de las SS se percataron de que faltaba una prisionera, la madre de Margot. Entraron enfurecidos y a toda prisa en el barracón y comenzaron a gritar. Luego salieron del interior arrastrando de los pelos a su madre, uno de los SS la golpeó con furia con su arma en la cabeza y del fuerte golpe la mató. Margot saltó hecha un fiera abalanzándose sobre el soldado, entonces los SS comenzaron a golpearla también a ella, dejándola inconsciente. Cuando se despertó, su mamá se había ido al cielo. Ahora estaba sola con su padre y sus hermanos. Tiempo después fue su padre el que enfermó, lo trasladaron al hospital y eso en Birkenau era sinónimo de muerte. En aquel infierno no estaba permitido visitar a los familiares enfermos, pero Margot se las arregló como pudo y consiguió entrar allí, cuando llegó hasta la cama donde se hallaba su padrastro, se percató de que estaba muerto, tenía la boca abierta y de su boca salía algo de uno color negruzco, se acercó y al hacerlo de la boca de Georg comenzaron a salir muchísimas moscas pequeñas. Margot era la mayor y la responsabilidad de sus hermanos recayó sobre ella. El hambre atroz que se vivía en aquel infierno de días y noches infinitos hizo que algunos fuesen muriendo de hambre, sólo quedaban con vida cuatro hermanos cuando comenzaron los transportes para llevar a cabo trabajos forzados en campos de concentración en el interior de Alemania. A Margot y a Anton los trasladaron en un transporte en el transcurso de 1944, los otros dos hermanos más pequeños se quedaron en Birkenau y murieron gaseados en la Zigeunernacht, la noche del 2-3 de agosto de hondo y doloroso recuerdo para el pueblo Romaní. En Auschwitz-Birkenau murieron además de su madre y su padrastro, sus hermanos: Ella, Frieda, Hans, Otto, Ursula y Angela.

A finales de julio de 1944 a Margot la enviaron en un convoy al campo de concentración para mujeres de Ravensbrück, allí permaneció cuatro semanas en cuarentena, tras pasar este periodo la transfirieron al campo de concentración de Flossenbürg. Fue conducida al campo satélite de mujeres de Graslitz (Kraslice). En aquel lugar se realizaban trabajos de montaje mecánico de precisión para Luftfahrtgerätewerk Hakenfelde GmbH (LGW), una filial del Grupo Siemens. El sitio de producción era una fábrica textil en desuso. Las prisioneras estaban alojadas en uno de los pisos superiores sobre el taller. En ocasiones hacían turnos de trabajo de día y de noche.

Campo satélite de Graslitz
© Gedenkstätte Flossenbürg

Desde el 15 de abril de 1945, las SS comenzaron a evacuar el campo. Las mujeres debían marchar en dirección a Mariánské Lázně. A varias prisioneras las fusilaron durante la marcha, el propósito de las SS era conducirlas hasta Flossenbürg para proceder a su exterminio. Pero no pudieron conseguir su objetivo porque el ejército estadounidense liberó al grupo de prisioneras el 24 de abril de 1945. Sin tener dónde ni a nadie a quien acudir, habiendo perdido todo menos la vida se entremezcló entre la inmensa corriente de refugiados que poblaba Alemania en aquella primavera de 1945. Margot por fin era libre. A veces caminando otras realizando cortos trayectos en tren consiguió llegar hasta Oldenburg. Al principio no encontró a nadie, pero conoció a Friedrich Schwarz con el que se casaría en 1946. Friedrich Schwarz (1919 - 1990) había sobrevivido al campo de concentración de Sachsenhausen. Margot se sintió durante mucho tiempo como la única sobreviviente de su familia, sólo décadas más tarde supo que sus hermanos; Erwin y Anton (hermanos del primer matrimonio de su madre) también habían logrado sobrevivir al Porrajmos.

Después del nacimiento del primero de sus ocho hijos, la pareja regresó a Zetel-Bockhorn, en el distrito de Frisia viviendo en un pequeño apartamento. En la década de 1950, la pareja invirtió, los pagos de compensación por la deportación que la administración alemana les había otorgado en una caravana y un tractor. Vivieron felices con sus hijos principalmente en los distritos de Frisia, Wittmund, Aurich y en Wilhelmshaven. Friedrich Schwarz comerciaba en el área rural con mercería, también trabajaba de forma regular junto a sus hijos como jornalero en época de cosecha en Wittmund.

Fotografía tomada aproximadamente en 1960, 
Friedrich y Margot Schwarz fueron 
fotografiados con los trajes de los campos 
de concentración para llamar la atención
 sobre la persecución nazi de los sinti
© Colección de Christel Schwarz.

A mediados de la década de 1970, la salud de Margot comenzó a empeorar se resentía severamente del trauma de la violencia experimentada durante la II Guerra Mundial. Margot fue siempre una luchadora muy activa por los derechos de la comunidad Romaní de Alemania, siempre se mostró dispuesta a dar testimonio de la terrible experiencia de su pasado y se convirtió en una de las mujeres que ayudó a la formación de la comunidad Sinti de Oldenburg hasta su muerte acaecida en 2002.

Margot Schwarz en 1992
©Sammlung Günter Heuzeroth

Fuentes:
- Zetel: Die in Auschwitz ermordete Sinti-Familie Frank.
- “Ihr braucht keine Kissen mehr, wo ihr hinkommt”. Artículo firmado por Hartmut Peters para Gróschler Haus.
- Vor den Augen der Vermieter verhaftet. Artículo firmado por Hans Begerow para el Nordwest Zeitung el 17 de mayo de 2008.
- https://www.groeschlerhaus.eu/erinnerungsorte/zetel-die-in-auschwitz-ermordete-sinti-familie-frank/
- Geschichte Margot Schwarz Überlebte Konzentrationslage in Auschwitz. “Sie haben aus dem Dreck gefressen”. Artículo firmado por Christopher Hanraets para el Nordwest Zeitung el 20 de diciembre de 2017.
- Vom Schlachthof nach Auschwitz: Die NS-Verfolgung der Sinti und Roma aus Bremen, Bremerhaven und Nordwestdeutschland. Hans Hesse, Jens Schreiber. Marburg 1999.
- Vom Ziegelhof nach Auschwitz: Verfolgung und Vernichtung der Sinti und Roma.
Heuzeroth, Günter; Martinß, Karl-Heinz. Oldenburg 1985.
- Aus Niedersachsen nach Auschwitz. Niedersächsischer Verband Deutscher Sinti
Verlag für Regionalgeschichte, 2004. Página 65.
- Entrevista en vídeo dirigida por Günter Heuzeroth y Sylvia Wille (cámara Gerd Weghorn) realizada en 1992.
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen I. Páginas 250-251.