martes, 30 de junio de 2020

Adam Ujvari


Adam Ujvary

© Wiener Stadt- und Landesarchiv


Adam Ujvari, nació gitano el 23 de julio de 1941 en Halbturn, ciudad localizada en el Distrito de Neusiedl am See, en la región del Burgenland, Austria. Sus padres se llamaban Stefan Ujvary, nacido el 16 de noviembre de 1895 y su madre, Katharina Ujvary apellidada de nacimiento Hodosch, el 14 de diciembre de 1903. Desde su llegada a este mundo Adam manifestaba cierto retraso madurativo con respecto a otros niños de su edad.

 

A la familia Ujvary la internaron el 21 de agosto de 1941, como a tantos Gitanos austriacos, en el campo de confinamiento y de tránsito de Lackenbach, instalación que se hallaba en funcionamiento desde el 23 de noviembre de 1940, Adam no contaba ni un mes de vida cuando fue encerrado en aquel lugar.

 

Llegada de los primeros prisioneros al campo de Lackenbach 

© Colección del Prof. Leopold Banny, Lackenbach


Carta de la familia Ujvary desde Lackenbach al Ayuntamiento de Halbturn fechada en 1941.

"Yo (nosotros) estamos desde el 21 de agosto que nos trajeron a Lackenbach y no hemos podido ver ni hablar con algún alcalde o autoridad. No creo que nos merezcamos esto, ya que siempre hemos trabajado y servido a la comunidad durante 6 años. No tenemos deudas ni nada más. Me gustaría amablemente solicitarles que nos permitan regresar a nuestra comunidad, porque esto sólo depende de la comunidad y el alcalde. Si pudiera prestarnos su ayuda para sacarnos del campo, de nuevo le pido que nos ayude si es posible. Solicito al alcalde si puede conseguirnos la carta de liberación y enviárnosla lo más pronto posible. Y también si pueden ser tan amables y cuidar de las cosas que hemos dejado allí. Les pido una vez más que cumplan nuestro deseo, como le solicitamos.

Saludos de la familia Ujvari, Halbturn. Heil Hitler”

La esperanza de que los dirigentes de su comunidad les ayudaran y que, de este modo, pudieran regresar a su ciudad nunca se cumplió. El alcalde de Halbturn, escribió una nota en la carta que le había remitido la familia Ujvari: "Dejar sin responder".

           La vida en el campo cada vez resultaba más dura, así como los constantes cuidados que requería el pequeño Adam en medio de tanta necesidad. Stefan y Katharina Ujvary aparecieron muertos el 19 de diciembre de 1941 en el campo de Lackenbach. Las autoridades nazis comenzaron a replantearse la situación de Adam y decidir a qué lugar enviarlo.  La decisión final consistió en trasladarlo a la clínica infantil  Am Spiegelgrund de Viena donde quedó internado. Los médicos e investigadores raciales nazis clasificaron a Adam como: “de origen gitano” y “hereditariamente enfermo”, su suerte, por desgracia había quedado echada en aquel mundo en el que la medicina nazi estaba dominada por la eugenesia y en el que los más débiles no tenían cabida.

 

"Sala para niños especiales" en Viena

© Alliance for Human Research Ptorection

Historial médico de Adam Ujvari fechado el 14.6.1942.

"Para su edad es un niño alto y delicado con un estado nutricional moderado. El niño no puede permanecer quieto (11 meses), pero se sienta con soporte y también puede mantenerse en una posición sentada durante un tiempo. Muestra una alegría vivaz de movimiento y lucha alegremente cuando se le mueve. Juega con los dedos de manos y pies y los observa con cuidado. Se interesa mucho por los procesos del entorno, es feliz cuando uno trata con él y expresa su disgusto cuando se lo deja solo. Charla en forma de sonidos inarticulados, pero ya es capaz de decir 'dada' y 'dadada'. Se ríe amigable y divertido".

Resumen: [...] tez oscura. Retasado lingüísticamente. Neurológicamente sin dudarlo".

 

Informe psicológico de Adam Ujvari de fecha 9.11.1943

"El niño de 2 ¼ años alcanza un nivel promedio de desarrollo de 1 ½ años en términos de inteligencia práctica y operaciones concretas. La comprensión social, los primeros comienzos del desarrollo del lenguaje (comprensión de los requisitos) y la capacidad de aprendizaje siguen siendo 3 meses más bajos. El control del cuerpo es peor y actualmente sólo corresponde a un nivel de 1 año. [...]

El niño se sienta y posa, camina en la cama con ayuda. Al caminar fuera de la cama, inmediatamente se para y llora. Mala coordinación de las manos. (No sabe tocar un tambor con 2 mazos). Todavía no toma alimentos sólidos. Últimamente presenta mal aspecto. Baja capacidad motriz. Movimientos tambaleantes. Disfruta del juego, busca el contacto con una sonrisa".

"Muerte el 30.3.1944 - 4.30 de la mañana - causa de muerte: neumonía"

       Adam Ujvari murió asesinado por médicos nazis el 30 de marzo de 1944 a las 4.30 de la mañana. 

 

La clínica infantil Am Spiegelgrund funcionó en Viena durante los años de la II Guerra Mundial, en ella 789 pacientes murieron bajo las directrices que marcaba el programa Aktion T4 de eutanasia infantil llevado a cabo por el régimen nazi con el fin de eliminar a aquellos que ellos denominaban: “vidas indignas de ser vividas”. Entre 1940 y 1945, la clínica formó parte del hospital psiquiátrico Am Steinhof. En el pabellón 17 se sometió  a  niños enfermos y discapacitados a terribles experimentos médicos, así lo relatan sobrevivientes como Johann Gross, Alois Kaufmann o Friedrich Zawrel, los "tratamientos", incluían terapias de electroshock, neumoencelografías, procedimiento en el que la mayor parte del líquido cefalorraquídeo se drenaba alrededor del cerebro mediante una punción lumbar y se reemplazaba con aire, oxígeno o helio para permitir que la estructura del cerebro se mostrase más claramente en una imagen de rayos X; "curas de agua fría" en la que Zawrel y Kaufmann recuerdan haber permanecido sumergidos repetidamente en agua congelada hasta que su piel adquirió unas tonalidades azules y apenas conscientes habían perdido el control de sus intestinos; o la "cura de azufre", que era una inyección que causaba dolor severo en las piernas, limitaba la movilidad y aseguraba que el movimiento resultara imposible; inyecciones espinales de apomorfina; inyecciones de fenobarbital; sobredosis de sedantes, que a menudo conducían a la muerte cuando los niños quedaban expuestos al frío extremo o a la enfermedad; inanición observada y pruebas de eficacia de vacunas contra la tuberculosis, para las cuales a los niños se les inoculaba los agentes patógenos de la tuberculosis. La mayoría de los chiquillos morían durante el proceso, o después de ser transferidos al Pabellón 15, donde quedaban debilitados por la desnutrición, los sometían a drogas sedantes, o los asesinaban de inmediato mediante inyección letal. Nunca olviden que los médicos y enfermeras de aquel terrible lugar asesinaron a 789 niños, entre ellos nuestro Adam Ujvary. El proceso finalizaba cuando el personal del hospital expedía los certificados de defunción de los niños, en ellos se recogía como causas del fallecimiento;  neumonía o ataque mortal por afectación de los músculos causados por el estado mental del paciente. En realidad, los niños estaban siendo asesinados por inyección letal, terribles experimentos, negligencia médica o enfermedad. Tras la muerte a algunos de ellos le extraían los cerebros o partes de sus médulas espinales y los guardaban en frascos con formol o los sellaban en cera de parafina, con el objeto de permanecer almacenados en secreto en el sótano de la clínica para posteriores "investigaciones". 

Lugar en el que se almacenaban los cerebros de 

pacientes fallecidos.

© Alliance for Human Research Ptorection

          

           Ningún miembro de la familia Ujvary sobrevivió al Porrajmos.

 Adam Ujvari, nunca olvidaré tu nombre.

 

Fuentes:

- “Das haben wir uns nicht verdient” Zum Schicksal burgenländischer Roma und Romnija. Herbert Brettl, Ute Leonhardt,: Eva Meran, Louise Beckershaus,: Julia Teresa Friehs. Haus der Geschichte Österreich Österreichische Nationalbibliothek. 2018. Páginas 14-26.

- Carta de la familia Ujvari. Gemeindearchiv Halbturn, Korr. 1941, o. Z.

- Century of genocide: critical essays and eyewitness accounts. Samuel Totten, William S. Parsons. 2008

- Geburtenkrieg und Rassenkampf. Medizin, "Rassenhygiene" und selektive Bevölkerungspolitik in Wien 1938 bis 1945. Herwig Czech. Dokumentationsarchiv des österreichischen Widerstandes. Páginas. 56–60. 

- Die Klinik „Am Spiegelgrund“ 1940–1945. Eine „Kinderfachabteilung“ im Rahmen der NS-„Euthanasie“, in: Studien zur Wiener Geschichte. Jahrbuch des Vereins für die Geschichte der Stadt Wien 52/53 (1996/97), S. 289–305.

- “Am Spiegelgrund” in Vienna“Special Children’s Ward” 1940–1945. AHRP: Alliance for Human Research Protection. 18 de noviembre de 2014.

DOCUMENTOS ADJUNTOS: Historial médico de Adam Ujvary







sábado, 30 de mayo de 2020

Anna Růžičová

Anna Růžičová en 1997
© USHMM

Anna Růžičová nació en Praga el 28 de diciembre de 1928, en una familia Romaní; Sus hermanos se llamaban; Karolins nacida en 1924, Jan en julio de 1930, Barbora en 1936, Josef en 1943 y Jana en 1948. Su padre, Robert Ruzicka, había contraído matrimonio con su madre, Johanna Cernakova, cuando él contaba 19 años y ella 18. Sus progenitores los criaron rodeados de cariño. Vivían en una casa grande en Příbram, en la región de Bohemia Central, a unos 60 km al suroeste de Praga. Su madre era mestiza y su padre cien por cien Gitano.

Karolins, Anna, Jan y Barbora asistieron al colegio. La vida transcurría dentro de las dificultades que marcaban los tiempos, los nazis y la guerra, pero, paulatinamente las cosas fueron cambiando, Anna recuerda que en su clase había varios niños judíos que de buenas a primeras dejaron de asistir a la escuela, se comentaba que ellos y sus familias habían sido detenidos.

Corría el año 1942, serían las 3.30 o 4.00 de la mañana cuando hasta la casa de los Ruzicka llegó la policía. Los obligaron a levantarse y, después, a marchar caminando hasta la jefatura de la policía criminal en Příbram. Allí tomaron las huellas digitales de toda la familia, incluidos los niños. Los encerraron en celdas donde dormían y les daban la comida. Transcurridos dos o tres días, los condujeron hasta la estación de trenes y los subieron a un tren a todos juntos en un vagón normal de viajeros vigilados por policías, en aquel tren no había más Romanís. El tren se detuvo en la estación de Praga y los llevaron hasta un gran edificio de madera. En aquella gran sala había cientos de Gitanos de todas partes de las tierras checas.

El miedo y la incertidumbre comenzaron a dominarlo todo. Su padre no sabía qué hacer, mas se le ocurrió una idea, en Lysá nad Labem vivía un hermano de su madre al que no le iba nada mal la vida, además, su esposa no era Romá, el matrimonio tenía buenos contactos en la alta sociedad checa, así que lo único que podían hacer era intentar comunicarse con ellos para ponerlos al corriente de lo que estaba sucediéndoles. Por eso le entregaron algo de dinero a uno de los hombres que los vigilaban y un papel en el que contaban lo que ocurría, con la dirección donde vivían sus tíos, para que se lo hiciese llegar e intentar que los sacaran de aquel lugar.

Pasaron los días, Anna recuerda que el ruido en aquella enorme sala era ensordecedor, los Ruzicka se habían situado en una esquina de aquel gran espacio. Por primera vez en su vida, Anna, vio llegar a algunos hombres de las SS que comenzaron a gritar dando órdenes y a llevarse fuera a todas las familias. Los Ruzicka permanecían en la gran sala. Se preguntaban por qué ellos continuaban allí. La respuesta llegó poco rato después, su tía de Lysá los estaba esperando afuera mientras su tío hablaba con los guardias. Habían pagado una gran suma de dinero para que los dejaran en libertad. La familia estaba feliz y agradecieron a sus tíos lo que habían hecho por ellos. Regresaron en automóvil a su casa en Příbram.

Un mes después, la policía checa volvió, otra vez, se llevaron detenida a toda la familia, excepto a la madre de Anna que estaba embarazada. Nuevamente en la estación de tren cerca de Příbram. Cuando el tren salía para Praga, Anna consiguió escapar y volvió a su casa. Ante el peligro que corría le pidió a un amigo suyo que enviara un telegrama a su tía en Lysá para comunicarle lo sucedido. Anna permaneció junto a su madre durante tres o cuatro días. Su tía había ido nuevamente a Praga y otra vez pagó por la liberación de la familia Ruzicka.

Intentaron regresar a una vida normal en Příbram. Anna y las niñas volvieron a la escuela, su padre comenzó a trabajar en un aserradero, nació su hermano Josef, parecía que todo marchaba bien, sin embargo, en julio, cuando estaban de vacaciones, su padre se llevó a varios de los niños a casa de su madre, cerca de Příbram, quería que se quedaran a su cuidado durante el verano porque parecía una opción más segura. Sin embargo, el 7 de agosto la policía checa llegó hasta casa de la abuela y arrestó a todos los que allí se encontraban. Esta vez los condujeron directos en tren desde Příbram a Lety. Su madre, su padre y el resto de los niños no fueron detenidos y permanecieron en Příbram durante el resto de la guerra. Anna buscó la protección de sus tías; Josefa Vintrová y Antonie (Růžičová) Janosovska, su abuela Filomena Ruzickova y la compañía de dos de sus hermanas pequeñas.

Cuando llegaron al campo de Lety lo primero que hicieron fue obligarlas a desnudarse y afeitarles el pelo a las mujeres. Los guardias vigilaban todo el procedimiento y luego escogían a las mujeres que más les gustaban. Las dos tías de Anna eran muy hermosas, así que fueron de las forzadas a acostarse con los guardias. Anna, durante los primeros días, intentó sin éxito localizar en el campo a sus padres, pero allí no estaban, sí encontró a dos de sus tíos que trabajaban en las cocinas. Este hecho sería trascendental puesto que debido a que sus parientes trabajaban allí obtenían comida extra. Transcurridos cuatro días, se llevaron del campo a algunos de sus familiares. Anna nunca más volvería a verlos.

Niños prisioneros en el campo de Lety
© Romea.cz

Anna contaba trece años y su trabajo en el campo consistía en cuidar de los niños pequeños, limpiarlos, peinarlos... Estaba con sus hermanas. Una tenía seis años, la otra nueve. Rara vez salía de su barracón. Nunca supo de la existencia de un pequeño lago junto al campo. Recuerda que más parientes arribaban y se marchaban deportados. Sus padres nunca llegaron. En ese momento su madre cuidaba en casa de su pequeño bebé y su padre trabajaba. Tras la guerra Anna se enteró de que su tía de Lysá les había dicho a sus padres que nunca se acercaran a Lety a por las niñas. Ella les comentó que se salvaron de ir a Auschwitz por la intersección de un abogado de Praga, el Dr. Bends. Su tía lo conocía y consiguió que nunca fuesen incluidos en las lista de deportados al temible campo polaco.

La alimentación en Lety era excesivamente pobre, por la mañana solo les daban un café negro con un trozo de pan. Para el almuerzo comían patatas y, a veces, sopa acuosa. Por la noche, sopa o pan. Había mucha hambre, pero tenían acceso a más comida que los demás gracias a sus tíos de las cocinas.

Anna se pasaba los días encerrada en el barracón junto a los niños, por eso, nunca vio a nadie al que pegaran en Lety ni a nadie ahorcado. Sabe que hubo una epidemia de tifus, pero ninguno de los niños que ella cuidaba murió de tifus. Anna permaneció en el campo checo durante nueve meses. Sus tías siempre le decían que se sintiera afortunada por pasarse cada día encerrada en aquel barracón porque así nunca vería lo que estaba pasando fuera. Le dijeron que su vida sería mucho peor si salía de aquel lugar. Sus tías cuidaron de Anna como si de una hija se tratara. Anna nunca supo qué les sucedió, nunca volvieron después de la guerra. No sabe si murieron en Lety o en otro campo de concentración.

Después de nueve meses, Anna, por fin, salió del barracón porque su tía de Lysá estaba en la puerta del campo esperándolas, había conseguido la liberación de Anna y sus dos hermanas.

Las tres regresaron a Příbram junto a sus padres y hermanos. En 1944, un policía checo llegó hasta la casa de los Ruzicka y advirtió a su padre de que escondiera a todos los niños porque la policía vendría por la mañana para enviarlos a Auschwitz. Su tío y su primo que vivían con ellos, decidieron marcharse al bosque para esconderse. Anna nunca los volvería a ver. Seguramente los detuvieron  y los llevaron directamente a Auschwitz. Sus padres prefirieron no moverse y esconder a los chiquillos en el ático, llegó la mañana y la policía nunca vino a por ellos.

La guerra acabó para la familia cuando el ejército ruso llegó hasta Příbram, debían sus vidas a su tía y su tío de Lysá nad Labem que los salvaron de ser enviados a Auschwitz y de una muerte segura. Ella se llamaba Frantiska Blumová y su esposo era el hermano de la madre de Anna. Eran ricos, poseían unas cinco casas. Frantiska y su marido habían vendido sus mejores caballos para salvar a la familia Ruzicka.

Cuando volvieron de Lety, Anna y sus hermanas regresaron a la escuela y todos sus compañeros y maestros les preguntaron acerca de su experiencia en Lety. Estaban felices de volver a verlas.

Ana se casó y regentó un stand textil, su esposo trabajaba en una mina.

Hasta finales de los noventa hubo de esperar Anna para recibir una compensación del Gobierno por haber estado prisionera en el campo de Lety.

Anna Růžičová en el transcurso 
de la entrevista de1997
© USHMM

Fuentes:
- Entrevista con Anna Růžičová realizada por Regine Beyer el 19 de junio de 1997. USHMM. Colección de The Jeff and Toby Herr Oral History Archive.

- Black Silence de Paul Polansky. CreateSpace Independent Publishing Platform 2011. Páginas 28-32.

jueves, 30 de abril de 2020

Otto Steinbach

Otto Steinbach
© Karl-Hermann Völker

Otto Steinbach nació en Neukirchen, cerca de Malente, en el año 1928 en una familia Sinti.

Su infancia y juventud transcurrieron en las ciudades alemanas de Hamburgo y Lübeck. Su vida discurría dentro de una aparente normalidad y ajena a los cada vez más frecuentes decretos publicados por la administración nazi contra la población Gitana. Por desgracia, una mañana estando en el colegio su maestro, de repente, le espetó: "Otto, ¡seguramente mañana ya no vengas a la escuela! Aquella frase supuso el inicio de  una pesadilla  para el jovencito Otto Steinbach y su familia Sinti. Todo sucedió muy deprisa; la detención, la incertidumbre por lo qué pasará, la recogida de sus datos personales para anotarlos en el registro, la toma de huellas digitales, el miedo constante, la deportación desde la estación de Hamburgo como si se tratase de animales hacinados en el interior de un vagón para transporte de ganado, la llegada a un lugar desconocido de nombre Auschwitz, los gritos, los golpes, el número tatuado en su antebrazo, el hambre, el pánico, los trabajos forzados, las cámaras de gas con sus chimeneas todo el día vertiendo humo al cielo plomizo y gris del campo. "Trabajábamos duro en verano y en invierno cuando nevaba", rememora Otto Steinbach, el tifus abdominal, la enfermedad prácticamente mortal a la que consiguió doblegar; y en mitad de todo aquel infierno, la muerte, constantemente, la muerte, acechante y perversa. Los nazis asesinaron a su padre, a su madre y a todos sus hermanos y hermanas.

Otto sobrevivió al Porrajmos, y al regresar del aquel horror en la primavera de 1945, no le quedaba nadie, tan sólo algunos parientes en Dreihausen y en Ebsdorfergrund, por eso buscó refugio entre ellos.

Otto rehízo su vida intentando pasar una página imborrable de su memoria, se casó con su esposa, también nacida Steinbach. Siete hijos les nacieron del matrimonio. Su hija Sonja vino al mundo en 1951 después de mudarse a Gemünden. Allí, a la familia se le permitió inicialmente abandonar su caravana gracias a la intermediación y generosa ayuda del pastor Thomas Kirchhainer. En 1954 se mudaron a la Kreuzstrasse 7. Mirando hacia atrás, Otto Steinbach se siente bien recibido en Gemünden después de volver de la persecución y el terror durante el periodo nazi.

Entre las personas que ayudaron a los steinbach se encontraba Else Wissenbach, quien más tarde se convirtió en ciudadana de honor de Gemünden, ella fue una de los primeras opositoras al régimen nacionalsocialista y ayudó mucho a salir adelante a la familia Romaní.

Foto de los padres de Otto en su 
carromato antes de la guerra.
© Karl-Hermann Völker

Otto Steinbach conserva una única foto de sus padres, la foto fue tomada en su carromato antes de que el terror nazi arrasara con todo. Y aunque él y su familia llevan muchas décadas asentados en Gemünden todavía  mantienen un viejo carromato en el patio delantero de su casa en recuerdo de los años vividos en el camino y como mejor homenaje a los padres de Otto.

Fuentes:
- Artículo periodístico “Gemündener überlebte das Lager in Auschwitz-Birkenau” escrito por Karl-Hermann Völker para HNA (Hessische/Niedersächsische Allgemeine) el 10 de agosto de 2019.

sábado, 21 de marzo de 2020

Frieda Horvath, nacida Schröder

Frieda Horvath, nacida Schröder, 1949.
© Familia Horvath / Imzeugenstand


Frieda Horvath, nacida Schröder, llegó a este mundo el 18 de julio de 1926 en Slupsk, Alemania. Frieda creció en el seno de una familia Sinti al lado de sus padres (Albert y Johanna Schröder) y sus cinco hermanos; Waldemar, Max Siegfried, Heini y Willi, y tres hermanas, Erna, Herta y Lola, además, en su casa también compartían espacio sus abuelos paternos.
        
         Entre los primeros recuerdos de su infancia rememora que en los veranos siempre emplazaban, cerca de donde vivía, una especie de feria, con tiovivos y algunas atracciones más. Sus padres eran muy estrictos y no daban mucha libertad a los chicos para andar por ahí solos. Frieda tenía dos hermanos más pequeños de los que se ocupaba cuando salía del colegio. En vacaciones trabajaba en el campo para ayudar a la familia y en invierno cuidaba de los animales que poseían en la modesta casa con un trozo de tierra que su padre había construido con mucho sudor y gran esfuerzo. La pequeña granja la constituían tres ovejas, un cerdo, un caballo y algunos pollos y conejos. En la escuela a ninguno de los compañeros se le ocurría meterse con ella por su origen Gitano, si alguno lo hacía recibía su merecido porque nuestra protagonista poseía cierto carácter. Frieda permaneció ocho años en la educación primaria. Cuando terminó su etapa escolar realizó todo tipo de trabajos para participar en la economía familiar, desde repartir periódicos hasta tareas agrícolas.

Un mal día de 1943, unos policías comunicaron a los Schröder que debían presentarse en la oficina del consejo local. Con ellos debían portar todos sus documentos de identidad y llevar puesta ropa de abrigo. No sospechaban nada de por qué los citaban, pero su padre intuía lo que iba a suceder, así que, anduvo listo y antes de acudir a la oficina policial logró vender la casa de su sueños, la que tanto trabajo le había costado levantar, a unos alemanes, porque en su fuero interno sabía que nunca volverían: “Le preguntamos: "Papá, ¿de dónde sacaste ese dinero? ¿Dónde está nuestra casa? "Y luego, en prisión, lo explicó por primera vez: "Vendí la casa porque nos van a llevar muy lejos ". Entonces comenzamos a llorar. Luego dijo: "Es bueno que hayamos vendido la casa. Al menos habrá alguien que la cuide". En  la oficina del consejo local les comunicaron que los trasladaban a un sitio en el que les entregarían una parcela de tierra en la que podrían cultivar y cuidar algunos animales.

Pero los Schröder desconocían el lugar al que los llevaban. Aquella noche la pasaron encerrados en una celda de una prisión. Por la mañana los condujeron hasta la estación y los montaron en un tren que se dirigió a Danzig. En Danzig los subieron a un vagón de carga de esos que normalmente se usaban para transportar ganado. Había paja en el suelo y un cubo de agua y muchas familias en su interior. Ese cubo hacía las veces de inodoro. Fue algo terrible. El convoy se detuvo en muchas estaciones y algunos vagones eran desacoplados. Pero, ¿adónde se dirigían?, continuaban sin saberlo.

Frieda contaba 16 años cuando el 14 de marzo de 1943 el tren se detuvo en Auschwitz-Birkenau, Polonia. Frieda, durante toda su vida, recordará con hondo dolor el fatídico día de la llegada a aquel lugar… el miedo se apodera de ella, bajan del tren… gritos… incertidumbre… la larga fila, unos detrás de otros… el miedo a morir… le tatúan un número en uno de sus antebrazos, Z-3359… la desesperación… el llanto de los niños… el pánico… su antebrazo hinchado… abandonada a un fatal destino,… le cortan su largo pelo, desaparecen sus bonitas trenzas Sintizas… llanto…. el barracón de las duchas… la obligan a desnudarse … la vergüenza de verse sin ropa delante de su padre y de sus hermanos, con todo lo que ello conlleva para una mujer Gitana… gritos y más llantos y siempre el miedo… intenta cubrirse el cuerpo con un trozo de tela, algunos SS y otros prisioneros les gritan y los golpean con saña...  terror… entran a la sala de duchas… terror… y entonces el agua comienza a salir de las duchas… salen… les entregan ropas que han pertenecido a otros prisioneros con un triángulo negro cosido (triángulo que los categoriza en el campo como Gitanos) y una tira de tela con su nueva identidad en el campo su número de prisionera, Z-3359…  la llegada a otro barracón… la obligan a pasar delante de unos médicos… una revisión… a los enfermos los apartan del resto.

Sector BII con sus barracones de madera poco 
tiempo después de haberse finalizado su construcción
© Foto SS. Auschwitz Birkenau State Museum Archives. 
Original en Yad Vashem

El grupo  y entre ellos la familia comienza a recorrer a pie el camino que separa el campo principal de Auschwitz del de Birkenau… es marzo y en este lugar son frecuentes las lluvias…  el camino lleno de fango… los zapatos se hunden irremisiblemente en el lodo y prácticamente no la dejan caminar…. Vallas y personas por todos lados… Frieda y su familia ingresan en una sección del campo… hay muchos Romanís… es el Zigeunerlager, en el sector BIIe de Birkenau… barracón 8… ratas y ratones corriendo a sus anchas por el interior… por la noche se arropan con mantas sucias, malolientes y repletas de pulgas y piojos… en este sitio no hay lugar para la dignidad humana. No se puede describir tanta miseria, tanto dolor… de noche se apretujan como pueden en las literas, seis personas durmiendo arriba y otras seis abajo. Los hombres ocupan la parte superior y las mujeres la inferior. A sus hermanos los asignan a las cocinas... Tiempo después a Frieda también la enviarán allí. Tienen acceso a comida, a cáscaras de patatas a restos de alimentos, desafiando con ello constantemente la vigilancia de los kapos y de los SS porque el hambre puede más que el miedo… Cada mañana, les dan un trozo de pan y un té de color azulado, que sabe a rayos… Y después, al kommando de trabajo en las cocinas hasta el mediodía… Su misión preparar una especie de sopa hirviendo a base de mucha agua, unas pocas remolachas, patatas y zanahorias sin pelar, todo mezclado en una olla. Tras comer vuelta a su lugar de trabajo hasta la caída de la tarde.

Su hermana Erna en el momento del arresto estaba embarazada de ocho meses, cumple dentro de un mes. Pero, Erna, al poco de ingresar en Birkenau comienza a sufrir un episodio de tifus y los SS se la llevan a uno de los barracones del sector BIIe en el que existe un “laboratorio” en el que ingresan a las mujeres que van a dar a luz, allí le practican una cesárea. Terriblemente, su hermana nunca verá a su recién nacido. La pobre no para de gritar: “¿Dónde está mi bebe? “¿Dónde está mi bebe?”… Tras el alumbramiento, los SS se lo han llevado y lo han asesinado. Cada día se convierte en una lucha por sobrevivir. Cada noche en una pesadilla temiendo no despertar.

En julio de 1944 muchas niñas y mujeres jóvenes que aún se mantienen aptas para el trabajo y cuentan con una salud más o menos decente las transfieren en un transporte al campo de Ravensbrück. Nada más llegar, a ella y a sus hermanas, las bañan con yodo como modo de desinfección. Su hermana Lola, llega herida en un pie y por eso la obligan a permanecer en el campo principal, mientras que Frieda, Erna y Herta, al cabo de una semana, las trasladan al campo de Graslitz. Este campo comienza a funcionar el 7 de agosto de 1944, el grueso de las prisioneras está conformado por alemanas, niñas polacas y mujeres checas; así como numerosas jóvenes Gitanas y un grupo numeroso de mujeres judías del Aussenlager Rochlitz. En Graslitz, Frieda, realiza trabajo esclavo en una fábrica de municiones perforando piezas metálicas; ésta forma parte de una instalación perteneciente a la compañía aérea Hakenfelde GmbH (LBV), una filial del grupo Siemens. Se ubica en una planta de producción de una antigua fábrica textil en desuso. En uno de los pisos superiores de la planta de la fábrica se aloja a las prisioneras.  El grupo de vigilancia del campo se halla conformado por 10 hombres de las SS, y hasta 19 guardias. Muchas prisioneras describen la actitud del Kommandofuhrer Richter hacia las presas como correcta. Su sucesor Dziobaka y los Oberaufseherinnen Elfriede Tribus y Helene Schmidt actúan con mayor brutalidad. En una ocasión, un SS, castiga a Frieda a permanecer sumergida hasta el vientre dentro de un barril de agua fría desde el amanecer hasta el mediodía. Las piernas se le duermen con el frío, ella las masajea constantemente para intentar que la sangre de nuevo corra por sus venas. Cuando la sacan del tonel, sus hermanas la abrigan con mantas, sus miembros inferiores se encuentran prácticamente congelados. En Graslitz, Frieda está bajo las órdenes de un capataz alemán que siempre la ayuda y trata a las prisioneras correctamente. Es un buen hombre que cuando puede le da a Frieda un trozo de pan con mantequilla.

Fachada exterior del antiguo Campo 
de concentración de Graslitz.
© Gedenkstaette-Flossenbürg

El 15 de abril de 1945 los SS evacuan el campo de Graslitz. Obligan a las mujeres a caminar en una marcha de la muerte con dirección a Marienbad (Mariánské Lázně). A varias presas las fusilan en el camino. Por fin, las tropas estadounidenses las liberan a finales de abril de 1945.

Para Frieda el momento más terrible llega cuando descubre el destino de su gente. Su padre había fallecido de tifus durante el calvario nazi a mediados de 1944 tras haber sido internado en el Krankenbaracke, cuando Frieda aún se hallaba tras las vallas del campo de familias gitanas en Birkenau. Uno de los prisioneros más antiguos de aquel barracón le dijo a Frieda que los médicos le habían puesto a su padre una inyección y que después de esta su padre falleció, tras esto vinieron con un carro, cargaron a los muertos y se los llevaron para quemarlos. A su madre y su hermana pequeña, Heini, las asesinaron en las cámaras de gas tiempo después de que Frieda fuese trasladada de Birkenau a Ravensbrück. Frieda, nunca pudo olvidar a lo largo de toda su vida aquel último beso de su madre, ni las lágrimas en los ojos de su hermana cuando partió del Zigeunerlager.

Tras la guerra, en 1949, se casó con Johann Horvath, un Romá que había estado también prisionero en un campo de concentración, juntos tuvieron cinco hijos; Johann, Franz, Hermine. Martin y Renaldo y ha disfrutado del cariño de veinte nietos. Durante décadas la obligaron a mudarse de un campo de refugiados a otro hasta que finalmente en 1971 consiguió establecerse en un apartamento en Linz an der Donau. Su marido falleció en 1991 y su hijo Franz en 2007.

Frieda Horvath, 2009
© Imzeugenstand

Su familia y la cocina fueron sus dos grandes pasiones, a Frieda le encantaba verse rodeada de los suyos y prepararles una buena comida.

Frieda Horvath falleció el 20 de marzo de 2016.

Frieda Horvath dando 
su testimonio.
© Ravensbrück memorial

Fuentes:
- Taking the Stand: We Have More to Say, de Bernhard Rammerstorfer. Xlibris Corporation. Páginas 167- 195.
- Leben und überleben: Frauen erzählen vom 20. Jahrhundert. Elisabeth Welzig Böhlau, 2006.
- Entrevista a Frieda Horvath por Helga Amesberger y cámara de Tina Leisch en 2013 para IKF und VideoArchiv Ravensbrück.
- Frauen im KZ: Möglichkeiten und Grenzen der historischen Forschung am Beispiel des KZ Flossenbürg und seiner Aussenlager. Lorbeer, 2010.
- Flossenbürg: das Konzentrationslager Flossenbürg und seine Außenlager. Wolfgang Benz. C.H.Beck, 2007
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen I. Páginas 242-243.
- Der Ort des Terrors: Geschichte der nationalsozialistischen Konzentrationslager, Volumen 4. Wolfgang Benz, Barbara Distel, Angelika Königseder C.H.Beck, 2006. Páginas 123-125.
- Sinti und Roma im KZ Flossenbürg und in seinen Aussenlagern Wolkenburg und Zwodau.Norbert Aas Bumerang, 2001.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Zilli Schmidt nacida Cäcilie Reichmann

Zilli Schmidt nacida 
Cäcilie Reichmann
© ABB.A.D.BESPR.BAND 

Zilli Schmidt de nacimiento Cäcilie Reichmann vino al mundo el 10 de julio de 1924 en Hinternah, Turingia, Alemania, en el seno de una familia Gitana Lalleri. Sus padres, Berta y Anton Reichmann, y sus cinco hijos se dedicaban a viajar con su cine itinerante por las aldeas y los pueblos entre Dresde, Jena y Praga. Con el esfuerzo de todos llevaban su cine ambulante por localidades del sur de Alemania, colgando la gran tela de sábana que hacía de pantalla en las tabernas y lugares habilitados al efecto y, después, luces apagadas y la magia de las imágenes en movimiento. Los Reichmann conformaban una familia feliz, la vida rodaba al compás de las grandes ruedas de sus carromatos yendo de un sitio a otro en los meses de primavera, verano y otoño, mientras que en invierno permanecían estacionados. El negocio no les iba nada mal, además del cine comerciaban con instrumentos musicales y vendían artículos de mercería y artesanías

Zilli Reichmann, recuerda con cariño aquel tiempo de su tierna infancia, aunque, relata como otros niños, en ocasiones, a ella y a su hermano pequeño Stefan los insultaban, gritándoles “Zigeuner, Zigeuner!”. Zilli siempre supo defenderse y con su estuche, o con aquello que pillara a mano golpeaba a los que los ofendían, hasta que ponían pies en polvorosa y huían.

Todo se complicó con la llegada de los nazis al poder en Alemania en 1933. A pesar de ello, durante los primeros años la familia continuó con su estilo de vida nómada y con su negocio cinematográfico. Sus padres confiaron que no les pasaría nada. "Mi padre siempre creyó que Hitler solo detendría a los criminales. Y como no habíamos hecho nada, a nosotros no nos pasaría nada, pero, llegó nuestro turno y no éramos criminales”. Gradualmente la presión sobre la población Romaní iba en aumento, los encuentros con la policía criminal eran cada vez más frecuentes y la visita de los investigadores raciales les hizo ver que tenían que huir de Alemania. El lugar elegido fue Eger, en la República Checa.

En 1940 Zilli dio a luz a una preciosa niña, Gretel. El nacimiento resultó difícil; tanto para el bebé como para la madre, por entonces menor de 16 años.  Zilli nunca quiso decir a su familia el nombre del padre, ella recuerda a Gretel, con el amor que sólo siente una madre hacia su hija, como una niña preciosa con el pelo rubio y rizado.

En 1942 tras un breve primer arresto que sufrió su padre tomaron la decisión de huir a Francia, dos de sus primos vivían escondidos en Estrasburgo con documentación falsa. La familia de Zilli emprendió el camino y pasados unos días llegaron con su caravana a Metz. La muchacha con la valentía que le caracterizará toda su vida se ofreció para ir a Estrasburgo y traer a sus primos hasta Metz, su padre pensó que de este modo sería más seguro que si los dos viniesen solos. Pero, la policía criminal detuvo a los tres jóvenes cuando Zilli compraba los billetes de tren en la estación de Estrasburgo, sus primos llevaban algún tiempo siendo buscados por la policía. En la ficha policial de la detención de Zilli se recoge "Delito penal: gitana". La encarcelaron, Zilli, gritaba y lloraba sin parar, nunca antes se había separado de su familia, ellos lo eran todo. En la prisión, la muchacha tuvo que hacer todo tipo de tareas; por ejemplo, remendar uniformes de soldados, por lo que de esta forma al principio se ahorró realizar trabajos más duros. En ese sitio nunca había suficiente comida. "Lloré a menudo de hambre". Pero esto no era nada comparado con lo que aún estaba por llegar.

Ficha policial de la detención de Zilli
en Estrasburgo el 8 de junio de 1942.

© ABB.A.D.BESPR.BAND


Pasado un tiempo la trasladaron a Karlsruhe, y luego a Pankrác (Prisión en Praga) y de Pankrác al Campo de Concentración para Gitanos de Lety en Bohemia. Mientras tanto, sus padres se habían hecho cargo de la pequeña Gretel. La vida en aquel campo fue dura, una mañana mientras hacía trabajos forzados en un bosque la joven se escapó. La muchacha para sobrevivir tuvo que ingeniárselas y hacer de todo, pedía comida, dormía al raso... una dramática odisea. La muchacha de 18 años, finalmente, fue descubierta en una redada policial y nuevamente internada en Lety.

Prisión de Pankrac en Praga.
© Frank Falla Archive


         El 11 de marzo de 1943 llegó como deportada en un tren conformado por vagones para transporte de ganado al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau en Polonia, donde Bogdan, un prisionero le tatuó en su antebrazo el número de prisionera Z-1959. Zilli Reichmann fue la primera de su familia en llegar a Auschwitz

Los vagones de ferrocarril alimentaban diariamente la voracidad infinita y exterminadora de aquel infernal sitio,  miles de Romanís serían deportados a Auschwitz en los meses siguientes. También sus padres, Gretel, su hija de cuatro años, su hermana con sus siete hijos y dos de sus hermanos llegaron medio año después, pero, al menos, la familia estaba junta nuevamente. A su hermana, los nazis, la habían obligado a dejar a su bebé en el hospital de Eger, solamente, tenía unas semanas, y cuando la pequeña se repuso también la enviaron a Auschwitz. Pero, por desgracia, no sobrevivió mucho tiempo, se trataba de una niña muy pequeña, tan solo una niñita, y en aquel maldito lugar no existía hueco a la esperanza y finalmente murió en Auschwitz. Nadie en Eger quiso quedarse con la niña, nadie, sabían que su destino era Auschwitz, mas nadie se compadeció de la soledad y desnudez de aquella criatura, nadie abrazó a aquella niña Gitana y varias semanas después ya no estaba en este mundo.

Foto tomada en 1945 por soldados del Ejército Rojo tras la
liberación de Auschwitz-Birkenau. Sector BII visto desde la
torre sobre la puerta principal.
© APNA B


En el campo Zilli se hizo cargo de toda su familia, ella poseía la experiencia que le otorgaba el tiempo que llevaba ya internada en Birkenau, era una mujer joven y muy valiente. Cuando volvieron a reencontrarse en Auschwitz-Birkenau, su madre le comentó que en su odisea por las cárceles, Gretel, su preciosa hijita  siempre había llamado la atención de los policías: "Mi madre me dijo que a veces sacaban a Gretel de la celda para cantar canciones infantiles con ellos".

Uno de sus hermanos había estado combatiendo como soldado de la Wehrmacht en el Frente Oriental, pero por su origen Gitano lo excluyeron del ejército alemán y lo condujeron a Auschwitz-Birkenau, lugar al que llegó vistiendo su uniforme militar.  En el campo lo internaron en otro sector del campo, la enfermería, allí procedieron a esterilizarlo, ese fue el “privilegio” que le habían concedido por haber arriesgado su vida por Alemania en la guerra. Así que fue Zilli quien asumió la responsabilidad de cuidar de sus padres y demás familia, robaba comida de donde podía, patatas del almacén cercano a las cocinas, ropa del barracón en el que se almacenaba, su madre tenía miedo de que algún día la pillaran robando, "¡Si te descubren, te matarán!" - "Pero mamá", responde la hija. "Los niños tienen hambre". Corría enorme peligro, un día los guardias le dispararon. "La bala pasó junto a mi oreja” Y, efectivamente, llegó el fatídico día en que la pillaron robando. La condujeron a una celda de castigo, un lugar estrecho, sin sitio para sentarse o agacharse, totalmente oscuro, sin ventanas, en el que únicamente se podía permanecer de pie, allí estuvo tres largas jornadas, pero sobrevivió a eso y cuando salió volvió a robar comida para alimentar a su familia. En Birkenau sin ayuda resultaba imposible sobrevivir. Poco después de su llegada a Auschwitz había trabado amistad con el Kapo; Hermann Diamanski, un comunista que había luchado en la Guerra Civil Española y que estaba prisionero en el "Campo Gitano", lo apodaban el "Barón Gitano". Éste se convirtió en el protector de la familia Reichmann, a veces proporcionándoles alimentos, otras, protección. "Era un buen hombre que cuidó de nosotros". En el sector BIIe, Zilli y Gretel estaban juntas de nuevo. Fue un tiempo corto aunque, a la vez, el más intenso que vivió junto a su pequeña. ¿Entendía la mente infantil de Gretel lo que sucedía a su alrededor? Zilli asegura que sí. Su hija veía la columna de humo que permanentemente salía de los crematorios, olía el intenso hedor a carne quemada. Zilli le comentó que aquello eran hornos en los que se horneaba el pan. "Pero ella no me creyó. "No mamá”, dijo la cría “allí queman a la gente".

En el campo, a menudo, coincidían con el doctor Mengele, muchas mañanas se acercaba hasta donde estaban Zilli y su hija y siempre les decía: "¡Esta niña no es gitana!" y Zilli le respondía: "Doctor Mengele, soy gitana y mi hija también es gitana".

El 2 de agosto de 1944, Zilli fue transferida al campo de concentración de Ravensbrück. Durante toda aquella jornada el convoy con aquellos prisioneros Gitanos que iban a ser transportados permaneció en la rampa de Birkenau, desde el vagón Zilli podía ver el Campo Gitano, veía a su hermana, aunque estaba muy lejos, no la veía con claridad, pero allí estaba ella. Aquella tarde el tren partió y en Birkenau quedó casi toda su familia. Su hija de cuatro años, Gretel, sus padres, su hermana con sus siete hijos y muchos otros familiares murieron gaseados en la Zigeunernacht aquella trágica noche del 2 al 3 de agosto de 1944 en la que los nazis liquidaron el “Campo de Familias Gitanas”. Solo Zilli y dos de sus hermanos sobrevivieron.

En Ravensbrück una amiga polaca recién llegada de Auschwitz le informó de la muerte de su familia. Zilli se desmoronó. "Imploré a Jesús, ¿por qué al menos no me dejaste a mi hijita? ¡Nunca más me des más hijos! ".  ¿Cómo continuar viviendo después de perderlo todo? Zilli  tiene respuesta: "Nunca pensé en rendirme se lo debía a mis padres, a mi hermana, a mis sobrinos y sobrinas y a mi querida Gretel”. La internaron en el subcampo Wittenberg Elbe, donde la obligaron a poner ruedas, construir aviones... Junto a su prima, Zilli huyó de Ravensbrück y juntas se dirigieron a Berlín a buscar a uno de sus tíos, en la capital obtuvo documentos falsos con los que pudo moverse libremente hasta el final de la guerra, que le llegó en un pequeño pueblo cercano a Viena.

         La guerra finalizó y además de ella, sus hermanos, Otto y Stefan, sobrevivieron al Porrajmos. Luego trabajó con su prima en una bodega cerca de Viena. Y por las tardes siempre se sentaban en un banco y lloraban por los que se quedaron en Auschwitz, pero nunca hablaban de los padecimientos de la guerra. Poco después, Zilli conoció a un joven músico, Anton, "Toni", él, también era sobreviviente del Porrajmos y desde ese momento: "¡Ya no se movió de mi lado!". Viajaban con su grupo musical por pueblos y ciudades alemanas antes de establecerse definitivamente  en Mannheim, donde vivieron juntos hasta la muerte de Toni en 1989. La vida de la pareja fue un tiempo lleno de felicidad y eso que Zilli no volvió a tener más hijos: "Jesús me escuchó y no me dio más hijos”. Pero ella no se quedó sola, tiene una familia. Su esposo había tenido un hijo con su primera esposa, éste ha vivido cerca de Mannheim con sus cinco hijos y para Zilli: “Ellos, son mis nietos, Cerca también está la tumba donde yace enterrado mi esposo y cuando llegue el momento también me buscarán allí".

        Los años de la posguerra estuvieron marcados por la discriminación y las extenuantes luchas por el reconocimiento y la indemnización como víctimas de los nazis.

         Zilli Reichmann rara vez habló públicamente sobre su vida, hasta que en 1988, Zilli informó por primera vez públicamente de sus recuerdos de Auschwitz-Birkenau en el juicio contra el ex SS Rottenführer Ernst-August König.

         El 2 de agosto de 2018 con 94 años de edad fue la invitada de honor en el acto de conmemoración con motivo de la "Liquidación del llamado Campo Gitano de Auschwitz-Birkenau" celebrado en el Memorial de la Víctimas Romanís en Berlín, allí Zilli pronunció un emotivo discurso narrando su experiencia en el Porrajmos.

Discurso de Zilli Schmidt el 2 de agosto de 2018 en Berlín.
© Marko Priske
     
         El escritor Heiko Haumann escribió un libro donde se recoge la vida de Zilli Schmidt.

© S. Fischer Verlag

         Desde aquí, desde la modestia de este humilde blog, gracias señora Zilli por sobrevivir.

Fuentes:
-Die Akte Zilli Reichmann: Zur Geschichte der Sinti im 20. Jahrhundert de Heiko Haumann. S. Fischer Verlag. 2016.
- Biografía de Zilli Schmidt escrita por Karola Fings y revisión de Esther Sattig. Das Zigeunerlager Ravensburg Ummenwinkel. Die Verfolgung der oberschwäbischen Sinti. Berlin  2016.
- Discurso de Zilli Schmidt con motivo del evento conmemorativo del Día del Memorial del Holocausto de Romaní el 2 de agosto de 2018.
- Artículo periodístico “Völkermord an Sinti und Roma Zilli, die Kämpferin” escriot por Tanja Brandes el 8 de abril de 2019 en el Berliner Zeitung.
- Artículo periodístico “Wer ahnte, dass wir drankommen?” escrito por Hannah Bethke el 25 de abril de 2019 en el Frankfurter Allgemeine.