domingo, 18 de agosto de 2019

Elvira Rosenbach, nacida Laubinger

Elvira Rosenbach, nacida Laubinger,
fotografiada en 1940
© Niedersächsischen Verband Deutscher Sinti e.V

Elvira Rosenbach, nacida Laubinger, vino al mundo en Berlin el 2 de abril de 1929. Su padre se llamaba Hugo Laubinger y su madre Wilhelmine.

Pasados unos años del nacimiento de la pequeña Elvira, la familia se mudó a Aquisgrán, vivieron allí durante un tiempo en el que habitaron un modesto apartamento. Elvira tuvo pronto que abandonar la escuela, solamente había transcurrido  un año y medio del comienzo de su etapa educativa cuando se vio obligada a tener que dejarla. Luego, llegaron las primeras tarjetas de racionamiento. Todo se fue complicando a medida que los nazis aseguraban su poder en Alemania, en 1938 a su hermano y a su cuñada los arrestaron en Kassel, y otra de sus hermanas se incorporó al año obligatorio en el que permanecería ocupada en una granja como criada. El año obligatorio lo introdujeron los nazis en 1938, iba dirigido a todas las mujeres menores de 25 años, y las comprometía a un año de trabajo realizando tareas de agricultura y limpieza. Pero ante la detención de su hermano y su mujer, su hermana tuvo que ir hasta Kassel para traerse a los cinco hijos de éste, el más pequeñito tenía nueve meses. Un día su madre recibió una carta que decía: "Deben salir de la ciudad en 24 horas". ... este fue el motivo que llevó a la familia a Brunswick. En ese tiempo Elvira contaba alrededor de ocho años. No tenían nada, ni caravana, nada, solo con un modesto carro y seis niños llegaron a Brunswick. Al principio los parientes les ayudaron a salir adelante. A su hermana la obligaron a abandonar su trabajo en el año obligatorio, no le permitían llevarlo a cabo porque era Sinti, al volver encontró trabajo repartiendo carbón, su padre trabajaba en una fábrica de hierro. Elvira se matriculó de nuevo en la escuela, pero duró sólo unos días ya que las autoridades municipales obligaron a todos los Romanís de la ciudad a abandonar el colegio.

En el transcurso de 1938 a los Gitanos de Brunswick los obligaron a vivir internados en el Campo de Confinamiento de Gitanos de Veltenhof. 

Campo de Confinamiento de Gitanos de Veltenhof en 1940
© Sammlung Gerda Held/Stadt Braunschweig

El alcalde de la ciudad ordenó en una carta fechada el 25 de febrero de 1938 que, desde el 1 de julio de 1938, sólo se permitía la instalación de caravanas Romanís en el lugar habilitado para tal fin en Brunswick-Veltenhof. En ese lugar los forzaron a realizar trabajos para los granjeros: recolectando o cortando zanahorias, cogiendo patatas detrás de la máquina o recolectando guisantes, frijoles o pepinos. Algunos trabajaron en el puerto. A los niños no se les permitía acudir a la escuela, así que, a muchos de ellos, los abocaron a ponerse a trabajar... Cuando Elvira tenía unos doce años, su madre recibió una carta, en la que le comunicaban que a partir de ese momento estaba obligada a incorporarse a trabajar a una lavandería. La niña tenía que caminar todos los días hasta la lavandería una distancia total de casi 20 kilómetros, porque, como en muchas otras ciudades alemanas, los Sinti de Brunswick tenían prohibido el uso de autobuses y tranvías. 

Placa memorial en el lugar donde se encontraba 
el Campo de Confinamiento de Veltenhof
© Karsten Mentast

1943. “Y  llegó el fatídico  día, concretamente era un sábado... vino la policía y comenzó a gritar: "¡Hoy nadie acudirá a trabajar!". ... Fueron carromato por carromato preguntando si teníamos guardado oro o dinero. El oficial Wenzel, que se detuvo frente a nuestra caravana, habló con mi madre. Mi madre guardaba en una caja roja algo de dinero, estaba hecha como si fuera un libro y ella les entregó todo el dinero. Wenzel lo cogió, se lo guardó en su bolsillo y no anotó nada. Entonces, le dije a mi madre en nuestro idioma: "Mamá, el hombre se ha guardado el dinero en su bolsillo". Ella me dijo que me tranquilizase. Pero los ancianos, ya sabían lo que iba a ocurrir, tenían ese presentimiento. Cuando nos subimos a los trenes, los mayores decían: "Nosotros, los viejos, nunca volveremos a nuestra casa, aquí". ... La policía criminal nos ha dicho, os dirigís a algún lugar de Polonia, allí se os hará entrega de una pequeña casa, un pedazo de tierra y ganado, y luego tendréis que trabajar solos.” En ese momento estaban viviendo su deportación al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. Elvira tenía trece años. Tras la marcha a su deportación de los Romanís de Veltenhof la policía prendió fuego a las pertenencias y a  los carromatos de los deportados.

Tras varias jornadas de extenuante y dramático viaje, el miércoles 3 de marzo de 1943, el tren se detuvo, bajaron del convoy entre gritos, golpes y miedo. A Elvira la convirtieron en la prisionera Z-247, registraron todos sus datos en los libros del campo y le tatuaron el número en su antebrazo:
"Entonces llegamos a Auschwitz. Desde que llegamos al campo no paraban de golpearnos. [...] No había arena, el suelo estaba lleno de barro. Los zapatos se quedaban atascados. [...] Un niño se cayó, otro perdió su bolsa. Allí estábamos y yo ya sabía lo que estaba pasando. [...] Los niños iban muriendo poco a poco, mi madre murió, a mi padre lo golpearon de tal forma que lo mataron a golpes”.

La vida se convirtió en un infierno, el hambre causaba estragos entre lo internados, ésta conducía a la desnutrición y a las enfermedades. Elvira cayó enferma de tifus."A los adultos les daban café por la mañana, a mediodía estaba la sopa de agua con nabos y por la noche había una cuarta parte de pan y otro tanto [una pequeña cantidad] de margarina. Ya está. Eso era todo, esa era la ración diaria".

A Elvira Laubinger la obligaron a trabajar en la unidad de las cocinas en el Bloque 1, en el kommando que se encargaba de pelar patatas, separada del resto de su familia. Le pegaron numerosas veces, sobre todo si la descubrían robando mondas de patatas que luego se comía, la agarraban y le pegaban una y otra vez, una y otra vez. Como aquel grupo de prisioneras solo lo componían mujeres y niñas se encontraban particularmente expuestas a la arbitrariedad y al acoso de los hombres de las SS:
"Por la noche, uno entró en la [...] cocina, en la zona de pelar patatas, era un Hauptscharführer, uno mayor, que venía solo por la tarde o por la noche.
... Gritaba, '¡fuera de las camas, vamos!', [...] salgan de las camas, fuera de las camas ', a continuación,' fuera del barracón',' bajen'. [...] Luego decía, tan rápido como disparaba, que teníamos que tirarnos al suelo, y así lo hacíamos. Allí en el suelo, estábamos las mujeres de la cocina, las que pelábamos patatas y las responsables del barracón. Mientras yacíamos ahí, decía, [...] ¿Qué tal si empezara ahora a pegaros? [...] Lo hacía todas las semanas. [...] Teníamos que empezar a ponernos de pie y a tumbarnos una vez detrás de otra, todo esto en un suelo, en ocasiones, lleno de barro, sobre piedras muy afiladas, y todo eso nos obligaba a hacerlo durante horas y cuando estábamos tumbadas se paseaba sobre nuestras espaldas con sus pesadas botas. [...] [Nunca lo olvidaré], [...] teníamos que saltar durante horas ante él".

Vista del campo de Birkenau. El campo de los hombres (BIId) 
en primer plano, con los barracones del sector BIIe 
(en una foto tomada probablemente tras su liquidación) 
visibles en la distancia, con la cocina del campo a la izquierda.
© Colección del archivo del Auschwitz-Birkenau State Museum

Wilhelmine, la madre de Elvira, murió a causa del hambre, ella tenía escondidas varias monedas de oro en el interior de la litera. Hugo, el padre de Elvira, cambió estas monedas a un kapo por pan y margarina. Pero el kapo no recibió la cantidad acordada con él, así que Hugo le prometió que el resto se lo entregaría al día siguiente. Pero, el Kapo traicionó a su padre y lo entregó a las SS. Lo golpearon con tal crueldad que murió a consecuencia de la paliza. Además de sus padres, los cinco hijos de su hermano August y su hermana Ida con sus dos hijos murieron en el "campo Gitano".

En la primavera de 1944, el 15 de abril, meses antes de la liquidación del Zigeunerlager de Birkenau a Elvira la transfirieron al campo de concentración de Ravensbrück.  En ese lugar la obligaron a realizar trabajos forzados en una fábrica de armamento.

El 11 de octubre de 1944 y luego el 14 de octubre de 1944, un total de 217 niñas y mujeres Romanís  (49 del Kommando Altenburg, y 168 del Kommando HasaG-Taucha) fueron enviadas de vuelta a Auschwitz-Birkenau en un transporte. Al llegar al campo, los SS procedieron a una selección, algunas prisioneras fueron devueltas nuevamente a Ravensbrück, mientras que el resto terminó en las cámaras de gas. Elvira se encontraba entre quienes fueron enviadas de regreso a Ravensbrück, allí siguió  realizando trabajo esclavo a pesar de que su cuerpo ya no podía aguantar más. La liberación le llegó  a nuestra Elvira en la primavera de 1945 en un campo satélite de Ravensbrück, cerca de Leipzig.

Elvira Laubinger sobrevivió al Porrajmos, sus parientes, sus primos, habían quedado dispersados durante la guerra. Tras regresar del infierno Elvira se encontraba sola. Comenzó a buscar trabajo cerca de Hamburgo, lo encontró en una granja, durante un año tuvo que hacer todo tipo de tareas agrícolas. Algunas personas le comentaban: "Seguro que todavía tienes que tener algún pariente". Junto a una amiga que también había estado en los campos de concentración volvieron a Brunswick para buscar a sus familiares. "Me bajé del tren y fui a Veltenhof... No vi ninguna caravana allí, y donde estaba la nuestra había caído una bomba. Imagina, llego y ¡no vi a ningún ser humano! No había nadie allí". Entonces regresó a Hamburgo sin haber localizado a ninguno de sus familiares. ¡Sólo después de muchos años supo que su hermana todavía estaba viva! Todos los demás habían muerto en el Porrajmos.

Elvira Rosenbach en 
sus años de juventud.
© Familia Laubinger

Elvira conoció a su marido tiempo después de la guerra y formó una familia. Su marido también había estado internado en Auschwitz-Birkenau, era un hombre muy activo  y trabajador, quería vivir, era joven y ya había pasado por mucho. Tuvieron siete hijos, pudieron haber sido once chiquillos, pero dos niñas y dos niños, ambos gemelos, se le murieron cuando tan solo eran unos bebés. Tras la guerra la familia vivió en un carromato, un carro de hojalata, en la Schillerplatz de Hamburgo, en los inviernos pasaban mucho, muchísimo  frío. Eran muy pobres, posteriormente se mudarían a una vivienda. Elvira cayó gravemente enferma a consecuencia de las profundas huellas que en su cuerpo habían dejado los años internada en los campos de concentración y de la dureza, que siendo una chiquilla, tuvo que soportar realizando trabajos forzados, además, de las constantes palizas y vejaciones sufridas durante su calvario. Ante las muchas necesidades que asolaban a la familia, el padre tuvo que tomar la difícil decisión de internar a sus hijos en un Hogar, para los chiquillos aquello significó un verdadero trauma.

Los hijos mayores Rolfi (izquierda) 
y Rigo (derecha)
© Familia Laubinger

En 1956 se instalaron en una casa de campo en Windsbergen, había un gran jardín con 24 árboles frutales. Allí la familia volvió a reunirse, los niños podían jugar, había muchas montañas de arena. Cerca, algunos parientes vivían en caravanas. Su hija dice con respecto a su madre: “Mi madre fue buena. Siempre estábamos felices cuando nos hallábamos en casa. Nuestra madre hizo todo lo que pudo por nosotros”. No había mucho. Seguían siendo demasiado pobres. Pero no necesitaban juguetes caros, se sentían libres, jugando al fútbol o saltando a la comba… “En Navidad teníamos una muñequita, botas de agua, chándal. Éramos muchos niños y las niñas teníamos una muñeca, Caperucita Roja. Tenía trenzas y cabello negro. En casa nunca pasamos hambre. Éramos pobres, pero siempre había algo para comer. Todos los domingos mi madre horneaba dos pasteles grandes en una fuente. Ella nos preparaba budines. Al lado vivían nuestros vecinos, una pareja de ancianos alemanes, que nos ayudaron mucho, mucho, mucho.”

Sus hijos; Ilonka H. con su hermana 
menor Angelika y su hermano Willi
delante de la caravana en Hildesheim,
alrededor de 1968.
© Familia Laubinger

Los niños pasaban en el hogar unas cuatro semanas, seis semanas, justo hasta que Elvira regresaba a casa después de las hospitalizaciones. Más tarde, cuando Elvira tuvo que ser de nuevo hospitalizada, entregaron a los niños a unos familiares de Hildesheim. 

Una de sus hijas recuerda que la abuela nunca besaba a los nietos por miedo a transmitirles la enfermedad. Durante toda la vida de Elvira fueron constantes los ingresos en el hospital.

Elvira Rosenbach.
© Familia Laubinger

Nunca quiso narrar a sus hijas todo su sufrimiento durante el Porrajmos. Si alguna de ellas le preguntaba qué significaba el número de su antebrazo, ella cambiaba de tema pues nunca quería hablar de eso, era tan intenso y profundo el dolor que llevaba en el interior de su corazón y su alma que le impedía hablar de aquellos años. Poco tiempo antes de que Elvira falleciera, la visitó un médico; Éste vio el número de prisionera del campo de concentración tatuado en su antebrazo y le comentó que quería escribir sobre su vida. Pero antes de que eso sucediera, Elvira murió. Elvira tan sólo habló en una ocasión acerca de aquellos años, fue en una entrevista que concedió a Cornelia Maria Hein y Heike Krokowsk para su libro “Es war unmenschenmöglich“. Sinti aus Niedersachsen erzählen – Verfolgung und Vernichtung im Nationalsozialismus und Diskriminierung bis heute“. El capítulo "Dios no quería quemarme" presenta el testimonio de Elvira, su esposo, la Sra. Krokowski y la Sra. Weiss. Lo hizo para que otras personas conocieran todo lo que sufrió, para que puedan leerlo y sepan lo que sucedió, también para sus nietos. Ella comentó: "Si alguna vez estudian el tema en la escuela, enseñadles el libro".

Ilonka H. (izquierda) en conversación con 
su hermana Angelika L. en 2018 durante
la entrevista  en la que relatan la experiencia
 de su madre en el Porrajmos.
© Maria Anna Willer

Fuentes:
- Die Akte Zilli Reichmann: Zur Geschichte der Sinti im 20. Jahrhundert. Heiko Haumann. S. Fischer Verlag.  2016.
- Aus Niedersachsen nach Auschwitz. Niedersächsischer Verband Deutscher Sinti
Verlag für Regionalgeschichte, 2004
- Der Lange Schatten des Völkermords an Sinti und Roma. Heimkimdheidt der Nachkriegsjahre bis 1975. Entrevista realizada por Maria Anna Willer a Ilonka H. y Angelika Laubinger. Páginas 8-13.
- Es war unmenschenmöglich".Sinti aus Niedersachsen erzählen - Verfolgung und Vernichtung im Nationalsozialismus und Diskriminierung bis heute. Q: Hein, C.M.; Krokowski, H.:" Hrsg. vom Niedersächsischen Verband Deutscher Sinti e.V., Hannover 1995. Páginas 35-37.
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen I. Páginas 40-41.

domingo, 28 de julio de 2019

Zinaida Kaplan (nacida Ibragimova)

Zinaida Kaplan
© USC Shoah Foundation

Zinaida Kaplan (nacida Ibragimova) nació en una familia Romá asentada el 23 de agosto de 1934 en Nikolaev, antigua URSS, en la actualidad perteneciente a Ucrania.

Su padre, de nombre Arzlan, trabajaba como herrero, dando continuidad al oficio que durante generaciones había llevado a cabo su familia; su madre, Izibat, realizaba trabajos como pintora y, además, se ocupaba del cuidado y educación de sus hijos.
        
En el verano de 1941, el 16 de agosto se considera la fecha en que las tropas de la Wehrmacht alcanzaron Nikolaev, la maquinaria nazi comenzó la persecución de judíos, Gitanos y comisarios políticos. La familia Kaplan, viendo el riesgo que corría  y temiendo ser denunciados por colaboradores locales, destruyó sus documentos de identificación originales y sobornó a las autoridades locales para que su registro étnico no apareciera en los nuevos documentos (pasaporte y tarjeta de identidad) que les proporcionaron. Debido a su tez oscura, los Kaplan, se hicieron pasar por tártaros, uno de los grupos étnicos que habitaban la zona, a pesar de que ni tan siquiera conocían un vocablo tártaro. En su círculo familiar mantenían la cultura Romaní: la lengua, el matrimonio...

Nikolaev 1941
© Noticiarios rusos y alemanes II Guerra Mundial

De este modo, lograron salvar su vida y escapar de la masacre de Nikolaev, un acto que causó la muerte de 35.782 ciudadanos soviéticos, la mayoría de los cuales eran judíos, llevada a cabo entre el 16 y el 30 de septiembre de 1941. Tuvo lugar en el interior y en las cercanías de la ciudad de Mykolaiv (también conocida como Nikolaev) y la ciudad vecina de Kherson en la entonces URSS (actualmente Ucrania). Los responsables de la masacre fueron miembros del Einsatzgruppe D bajo el mando de Otto Ohlendorf, quien más tarde sería condenado a muerte en la horca en el juicio de los Einsatzgruppen en Nuremberg. Los asesinatos se cometieron por muchos de los mismos soldados que participaron en la masacre de Babi Yar, y las víctimas quedaron registradas en un documento del Einsatzgruppe del 2 de octubre de 1941 como "judíos y comunistas". En muchos de estos fusilamientos en masa a la población Romaní se la mataba sin reseñar su origen étnico. El Einsatzgruppe D, de todos los Einsatzgruppen, incluso desempeñó un papel pionero en la persecución de los Gitanos soviéticos, porque los Teilkommandos de Ohlendorf fueron los primeros en pasar al exterminio concertado de la población Gitana en general. Dos fusilamientos masivos de la región de Nikolaev ([también Nikolajew en alemán) se remontan a septiembre y octubre de 1941. Significativamente, las víctimas en el primer caso (registrado) eran Romaníes sedentarios: 100 a 150 Gitanos, entre ellos mujeres y niños, a los que vivían en un asentamiento de casas de madera se les ordenó que se montaran a bordo de camiones para conducirlos al lugar de ejecución. Cuando los Romanís se negaron, los fusilaron frente a sus hogares. Otro grupo de Gitanos fue fusilado en la Estepa Nogai, al este de Nikolaev, aproximadamente en el mismo período. La razón que se arguyó para tal proceder fue que poseían una ametralladora rusa en su carromato. Con toda probabilidad, la primera orden para matar a todos los Romanís provino del propio Ohlendorf. En su defensa en el Juicio de Nuremberg de los Einsatzgruppen, sin embargo, recurrió a una estrategia doblemente pérfida para justificar sus acciones, por un lado, para intentar ocultar su responsabilidad personal, por el otro, Ohlendorf buscó fortalecer la acusación general de espionaje a través de su presunto “experto conocimiento de los Gitanos", deliberadamente minimizó el alcance real de las "acciones Gitanas" llevadas a cabo bajo su mando.

Niños de Nikolaev 1941
© Noticiarios rusos y alemanes II Guerra Mundial

La familia de Zinaida sobrevivió a la persecución viviendo bajo su falsa identidad hasta que, en marzo de 1944, las fuerzas armadas soviéticas liberaron aquella zona.

Pero aquí no acabó su sufrimiento, ya que a consecuencia de los prejuicios que existían contra los Romanís, acrecentados estos en la URSS de la posguerra, Zinaida y su familia continuaron viviendo bajo la identidad tártara tras la finalización de la contienda.

Zinaida se casó con Savva Kaplan en 1953. Tuvieron tres hijos y ocho nietos.

Fuentes:
- Entrevista llevada a cabo en Nikolaev, Ucrania el 7 de octubre de 1998 por Artur Fredekind con la ayuda del cámara Andrei Neposedov. USC Shoah Foundation.
- Biografía de Zinaida Kaplan recogida en el documento publicado por la USC Shoah Foundation en colaboración con el Centro di ricerca sulle relazioni interculturali dell’Universitá Cattolica del sacro Cuore.
- The National Socialist Genocide of the Roma in the German-occupied Soviet Union.
Report for the Documentary and Cultural Centre of German Sinti and Roma. Martin Holler. Heidelberg 2009. Página 154.
- Jewish History of Mykolayiv (Nikolayev), Kherson Gubernia, Amira Lapidot Hemme. 2012. JewishGen.

- The Holocaust: A History of the Jews of Europe During the Second World War. Martin Gilbert. London. 1987 Macmillan Publishers. Páginas. 206, 849.

lunes, 1 de julio de 2019

Elina Machalkova nacida Holomková


Elina Machalkova nacida Holomková
© Muzeum romské kultury

Emílie (conocida como Elina) Holomková nació el 25 de noviembre de 1926 en una familia Romá checa en el pueblecito de Svatobořice, al sur de Moravia. Su padre se llamaba Antonin y su madre Rosina. Reseñar que, su bisabuelo había luchado denodadamente por conseguir el derecho de los Romaníes a vivir en el interior de la aldea, en lugar de habitar asentamientos en los arrabales del pueblo.


         Elina vivía junto a muchos familiares en su aldea, los Holomek se hallaban muy bien integrados en la vida social de la localidad. El tío de Elina, Tomáš Holomek, por ejemplo, fue uno de los primeros estudiantes Gitanos checoslovacos, más tarde se convertiría en un gran abogado y se dedicaría a defender los intereses de los Romanís.

En Checoslovaquia desde 1927 los Gitanos nómadas se hallaban sujetos a una ley discriminatoria, este hecho sucedió mucho tiempo antes de que los nazis llegaran ni tan siquiera al poder en Alemania.

En 1934, Elina, sus padres y sus dos hermanos se mudaron al pueblo de Nesovice.

Elina (fila inferior, centro) con su grupo-clase en Nesovice.
© Muzeum romské kultury

En 1939 la Alemania nazi ocupó la mayor parte de Checoslovaquia, paulatinamente, más y más medidas y decretos se publicarían contra los Gitanos. Las personas que viajaban en carromatos de una localidad a otra vendiendo sus mercancías quedaron obligadas a vivir en casas, aquellos que se resistieran los enviarían a los campos de internamiento de Lety y Hodonín. A ojos de los nazis y su ideología racial, los Romanís eran considerados Zigeuner y tratados como una raza inferior. Por este motivo a Elina y su hermano mayor los obligaron a abandonar la escuela, la vida cambiaba drásticamente para Elina y su familia, la joven se vio obligada a ponerse a trabajar en una fábrica ubicada en la ciudad morava de Slavkov.

En 1942 se promulgaron nuevas leyes con el objeto de excluir aún más a los Romanís de la sociedad del Protectorado de Bohemia y Moravia. Una de las medidas se refería al confinamiento de los Gitanos en el campo de concentración de Hodonin donde internaron a varios miembros de la familia Holomek. En agosto de 1942, miles de “Gitanos” y “Gitanos mixtos” fueron arrestados y enviados a los campos de Lety y Hodonin, en esos lugares los obligaron a realizar trabajos forzados. A Elina y su familia más cercana se les permitió permanecer en su hogar, pero los sometieron a un control permanente por parte de la policía y se les prohibió, de manera tajante, abandonar su lugar de residencia.

Campo de Hodonin
© Muzeum romské kultury

Entre marzo y octubre de 1943, 5.500 Romaníes checos fueron deportados al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau en Polonia. Sólo 500 de ellos lograron sobrevivir al Porrajmos. La familia numerosa Holomek también se vio gravemente afectada, muchos de ellos murieron. Elina, sus padres y hermanos se vieron “afortunados”: gracias a la protección que les brindó el valiente alcalde de la aldea de Nesovice, éste negoció valientemente con la Gestapo de Brno para que no deportaran a la familia y así consiguió que escaparan de una deportación segura y probablemente de una muerte segura.
“Aquel, fue el momento más difícil. Tuvimos la suerte de vivir en Nesovice. El alcalde luchó por nosotros, el único alcalde de todo el Protectorado que se preocupó por sus habitantes Gitanos. Para lograrlo, fue a  la Gestapo de Brno. Mamá les había entregado todas nuestras pertenencias a nuestros vecinos para que las escondieran por si no regresábamos. Un viernes recibimos un mensaje en el que nos citaban para acudir a Brno al lunes siguiente. Al llegar la mañana de ese fatídico lunes nos dirigimos a la estación. El tren tenía fijada su salida para alrededor de las doce y media, todo el pueblo nos acompañó hasta la estación. En la estación, que era una casa municipal, el alcalde me llamó: "Holomková, ven aquí". El alcalde tenía unas profundas ojeras, `posiblemente se encontrara muy cansado. "Holomková, no llores, no iréis a ninguna parte. Llevo tres días llamando puerta a puerta en el cuartel de la Gestapo, les he comunicado que no enviaré a mi gente a la muerte". Mi madre se desmayó. Afortunadamente, hubo un médico que consiguió reanimarla. Salimos de allí y regresamos a casa, había niños y niñas, todo el pueblo, gritábamos, "¡No vamos a ninguna parte!" Los chicos me llevaban en hombros. Nuestro alcalde fue realmente la única persona que salvó a su gente.”

Los padres de Elina incluso lograron esconder en su casa hasta el final de la guerra a una sobrina de 3 años, Růženka.

A partir del verano de 1944 en adelante comenzó la esterilización obligatoria y forzada de las mujeres Romanís que no habían sido deportadas, Elina, para evitarla, tuvo que esconderse con familiares que vivían lejos, concretamente en la ciudad de Olomouc.

          Treinta y tres miembros de su familia  fueron deportados a los campos, ninguno de ellos regresó.

Después de la guerra Elina se casó con Jan Machálek. En adelante, conocida como Elina Machálkova, consiguió un trabajo en una oficina y tuvo cuatro hijos. Su gran pasión fue cantar; se hizo famosa en toda Checoslovaquia por la interpretación de canciones tradicionales Romanís. Actuó en muchos lugares, ganó premios y grabó álbumes, cantó con los principales artistas de folclore checoslovaco como Jožka Severin, Eugen Horváth, Jožka Černý y otros. Su repertorio incluye la canción Aušvicate hi kher baro (En Auschwitz hay una gran casa), una canción originalmente cantada en el Zigeunerlager de Auschwitz-Birkenau.

Elina junto a su grupo de música en 1971
© Muzeum romské kultury

Junto a su hermano Miroslav y su tío Tomáš, Elina trabajó para establecer el nuevo Muzeum romské kultury en Brno, el primer museo en Europa que se centraba en la historia y la cultura de los Gitanos.

Parte de la colección permanente 
del Mueso para la Cultura Romaní 
en Brno (República Checa)
© Muzeum romské kultury

           En 2004 publicó un libro, parte autobiografía, parte historia, sobre la familia Holomek.

Elina dedicó gran parte de su tiempo a la asistencia a reuniones y discusiones con grupos de jóvenes. Siempre se sintió muy interesada en transmitir a las siguientes generaciones la cultura Gitana y la historia de la persecución que sufrió su pueblo por parte del régimen nazi.

Elina dando testimonio de su vida a los más jóvenes.
© Muzeum romské kultury

En 2012, Elina recibió la medalla “Libertad y Democracia”.

Elina recibiendo la medalla de Libertad y Democracia en 2012
© Muzeum romské kultury


Elina Machalkova falleció el 16 de julio de 2017.

Fuentes:
- Memoáry romských žen: Elina - Sága rodu Holomků, Karolína - Cesta životem v cikánském voze. Karolína Kozáková, Elina Machálková. Nakladatel:  Muzeum romské kultury 2004
- Biografía de Elina Machlakova en romasinti.eu
- Emílie Machálková 1926-2017 en página web Memory of nations.
- Elina: The Saga of the Holomek Family. Brian Kenety. Web romove de Czech Radio. 2005.
- Bulletin Muzeum romské kultury v Brně, 2005
- Emílie Machálková, a Czech Romani Holocaust survivor, has passed away. Romea. 2017

viernes, 26 de abril de 2019

Rostás Janosné

Rostás Janosné
© Romedia Foundation

Rostás Janosné nació en una familia Romaní de ocho hermanas y hermanos el 25 de septiembre de 1933 en Zalakávás, Hungría.

Los diez miembros familiares compartían una modestísima choza para porquerosen mitad del campo. Ninguno de los chiquillos tuvo la oportunidad de asistir al colegio, el pueblo se hallaba demasiado lejos de donde vivían para ir caminando todos los días. Su madre, la pobre, tenía que dejar solos a los más pequeños durante cada jornada, y, acompañada de los mayores trabajar en lo que salía. Tras sus duras jornadas laborales, las personas para las que habían trabajado, les entregaban comida a cambio de su sudor y esfuerzo.

La persecución de los Romaníes en Hungría no comenzó con el estallido de la Segunda Guerra Mundial ni cesó con el final de la guerra, sin embargo, alcanzó su punto más álgido durante la ocupación alemana de Hungría entre el 19 de marzo de 1944 y el 4 de abril de 1945. Durante este período, que es relativamente corto en comparación con otros países de Europa, la máquina de persecución y de exterminio nazi se puso a trabajar a toda potencia contando para ello con la colaboración de las Nyilas húngaras (Cruces Flechadas), con su mezcla fatal de crueldad y eficiencia.

Así fue creciendo Rostás, pero, todo empeoró un fatídico día de noviembre de 1944 al amanecer, un día que parecía como otro cualquiera, de esos llenos de incertidumbre, miseria y alegría de vivir. Hasta la cabaña llegaron un gran número de gendarmes y miembros de las cruces flechadas, rodearon la choza y en mitad de un gran vocerío, reunieron a toda la familia y se los llevaron detenidos. Tuvieron que dejar atrás sus escasas pertenencias, lo único que pudieron llevar consigo; un poco de comida y algo de ropa. En el trayecto los reagruparon junto a otros detenidos que provenían de otros lugares, en total unas veinte o treinta personas. Los montaron en carros y los condujeron a Szentgyörgy. Tomaron la ruta de Zalakávás, es decir, primero fueron al pueblo y luego los llevaron a Zalaegerszeg en tren, en ese lugar había algo parecido a una especie de campo de agrupamiento, allí habían reunido a judíos y Gitanos. Estaban custodiados por gendarmes. Era otoño, un otoño de días muy fríos, oscuros y tristes. Los mantuvieron alrededor de una semana en Zalaegereszeg, mientras tanto, seguían llegando más y más personas. Pasados esos siete días los llevaron hasta la estación de tren de Zalaegerszeg y los montaron en trenes. Había muchos vagones de esos para transporte del ganado. En cada uno de ellos se apretujaban unas cuarenta personas, apenas podían moverse. No les dieron comida y los piojos los devoraban. Muchos niños murieron en aquel maldito viaje. Estuvieron viajando unos tres o cuatro días. Y lo más terrible de todo, en pocas ocasiones les dieron agua para beber. Rostás recuerda con dolor la terrible sed que padeció en aquel infernal trayecto.

Llegaron a la fortaleza de Komárom. En 1944 el campo de Komárom sirvió como punto central de detención de los Romaníes húngaros en espera de su deportación a los campos de concentración en Alemania como mano de obra esclava. Muchos de los que se quedaron en el Campo de Komárom murieron de hambre. Sólo alrededor de 4.000 de los 10.000 internados allí consiguieron sobrevivir.

Cuando los romaníes llegaron a Komarom, Durante el primer o segundo día, los miembros de una familia se quedaron juntos. Más tarde, se clasificaron en grupos: hombres mayores de 14 años, mujeres mayores de 14 años sin bebés y niños menores de 14 años y madres con niños pequeños. Cuando se separaron, no tenían forma de saber que la mayoría de ellos nunca se volverían a ver. Los guardias húngaros y alemanes ejercieron una extrema crueldad hacia ellos, azotándolos, a menudo indiscriminadamente.

Fortaleza Csillageröd en Komárom
© H. Szabó Sándor / ORFK

Nada más llegar a Komárom los obligaron a formar en filas y procedieron a llevar a cabo una selección, separaban, de entre los alineados, a todos los adultos aptos para trabajar, entre ellos a muchas mujeres. Su padre se encontraba entre el grupo de los seleccionados. Nunca más volvería a verlo, ni tan siquiera alguna vez lograría enterarse a dónde lo se lo llevaron. Nunca se lo dijeron. ¿Se lo llevaron al tren? ¿O le dispararon allí mismo? Las selecciones eran frecuentes, siempre del mismo modo, llegaban soldados alemanes con porras de goma y se llevaban el número de prisioneros que querían, así fue como, también se llevaron a dos de sus hermanos, Lajos Horváth y Gyula Horváth, Lajos logró regresar con vida, pero Gyula murió en Alemania. La vida en aquel lugar resultaba insoportable, el frío helado, apiñados en una especie de búnker, alojados en enormes túneles huecos excavados bajo tierra, o al aire libre, o en las habitaciones de la fortaleza que corrían por los largos pasillos. Los guardias estaban de pie encima de ellos, armados con rifles, ametralladoras y látigos. Había muchos niños pequeños, algunos todavía bebés, murieron tantos niños, estaban junto a sus madres, ¡pero no tenían nada para alimentarlos, nada más que lo poco que les daban! Las condiciones eran deplorables. No había inodoros ni medios posibles de improvisar. La situación empeoró aún más cuando se desencadenaron varias enfermedades, incluida la fiebre tifoidea. Todos los días pasaban carros o carretillas para recoger los cadáveres que se habían apilado. Fueron colocados en los carros con horcas y arrojados al Danubio o en un enorme pozo de yeso.


Rostás era una niña pequeña, pero salía adelante como podía. Recuerda el insufrible dolor provocado por el hambre. Cualquier motivo se convertía en una buena excusa para golpearlos, si no se alineaban para el pan, les pegaban con porras de goma, si no estaban bien alineados en las filas, les pegaban con porras de goma…

Sobre la base de las investigaciones de Karsai, Kenrick y Puxon afirman que en diciembre de 1944, las madres con niños pequeños fueron enviadas a casa desde Komarom, mientras que el resto de prisioneros de 14 años en adelante los enviaron a varios campos de concentración en Alemania. En el grupo de los que se marcharon a casa se hallaban Rostás y su madre. La señora Janosné afirma que, un día de invierno, de repente, las dejaron marcharse. Les abrieron las puertas de la fortaleza y se fueron. Los prisioneros salieron corriendo en todas direcciones, ella corría de la mano de su madre. Huida, libertad. Se propusieron regresar a su humilde choza, para ello se montaban sin billete en los trenes, ya que no tenían dinero. A veces las expulsaban, en otras ocasiones las dejaban continuar el viaje,  o si no se veían obligadas a caminar. Los pocos florines que conseguían mendigando se los gastaban en comprar algo de comida. Tardaron tres o cuatro días en llegar a su modesta casa, sería por Navidad. No había nadie, y el estado de la cabaña era deplorable, todas las ventanas estaban rotas, el invierno de una crudeza imposible las mataría por congelación. Se habían llevado todo, incluido el poco trigo que almacenaba su padre en el desván, allí ya no quedaba nada, sólo miseria y pobreza.

Aquel tiempo fue muy duro, una vida llena de dificultades, pero si algo tiene un Gitano es ganas de vivir, de salir adelante. Para lograr sobrevivir plantaron patatas en la tierra que había cerca de la casa, llegó la primavera y las patatas salvaron sus vidas, patatas era todo lo que necesitaban para sobrevivir, una economía enteramente de subsistencia. Trabajaban por comida. Porque por aquel entonces, todas sus hermanas se habían casado. Rostás era la más joven. En una ocasión que se marchó a realizar un trabajo a Jegespuszta, encontró al que se convertiría en su esposo. Pero, la alegría no le duró mucho a nuestra Rostás y a pesar de haber tenido una hija con él, su marido la abandonó.

Tiempo después Rostás volvió a casarse y se instaló en Bolozsa. Lleva junto a su marido desde hace cuarenta años, y a lo largo de este tiempo han formado una familia de cuatro hijas. Rostás se dedicó a criar a sus pequeñas y su esposo a trabajar. Cuando la más pequeña de sus hijas cumplió cinco años, Rostás comenzó a trabajar limpiando casas.

La hija, de su primer matrimonio, se marchó a vivir a América. Rostás es una mujer mayor, el Estado húngaro le pasa una pequeña y escasa pensión por sus hijas, pero muy poca pensión.

Fuentes
- Entrevista realizada a Rostás Janosné por Janos Barsony el 6 de febrero de 2000 en Meggyeskovács.
- Pharrajimos: The Fate of the Roma During the Holocaust de Janos Barsony y Agnes Daroczi. IDEA. 2008. Páginas 157-159.
- The Roma a Minority in Europe. Story, history and memory: a case study of the Roma at the Komarom camp in Hungary de Katalin Katz. Central European University Press. 2007. Páginas 69-87
- “Magyarországi cigány Holocaust” (Hungarian Gypsy Holocaust) Phralipe . J. Bársony, (Oct. 1996), pp. 11–15.
- A History of the Gypsies of Eastern Europe and Russia . D. M. Crowe,  (London/New York, 1995), pp. 89–91;
- A magyarországi cigánykérdés dokumentumokban.  Mezey, L. Pomogyi and I. Tauber, 1422– 1985(The Hungarian Gypsy Question in Documents, 1422–1985) (Budapest, 1986), p. 31.
- The Destiny of Europe’s Gypsies. D. Kenrick. and G. Puxon,  (London, 1972),
- M. Lakatos, A cigányok sorsa 1944-ben (The Fate of the Gypsies in 1944) (Budapest, 1984).
- A cigánykérdés Magyarországon 1919–1945, Út a cigány Holocausthoz (The Gypsy Question in Hungary 1919–1945: The Way to the Gypsy Holocaust). L. Karsai,  (Budapest, 1992), p. 136.