sábado, 29 de diciembre de 2018

Margot Anita Schwarz, nacida Franz

Margot Anita Schwarz, nacida Franz
© Nordwest Zeitung

Margot Anita Schwarz, nacida Franz, vino al mundo el 10 de septiembre de 1924 en la ciudad de Berlín. Hija de Margarete (Grete) Franz (10/09/1898) y  N.N. Schawrenski. De la primera relación de la madre, además de Margot, habían nacido Erwin Franz en 1925 y Anton Franz (14/01/1927).

En 1928 su madre contrajo matrimonio con el artista circense Georg Frank (20/07/1906). Los chiquillos, Margot y Anton, permanecieron junto a su madre, mientras que Erwin fue acogido por uno de sus tíos que vivía cerca de Gdansk. Margot y Anton crecieron junto a sus seis hermanastros más pequeños: Frieda (10/03/1929), Ella (3/07/1930), Hans (12/01/1933), Otto (25/01/1934), Ursula (15/12/1935) y Angela (18/10/1938). Llevaban un estilo de vida nómada, se dedicaban al circo. Entre acrobacias, risas  y mucho trabajo recorrían los pueblos y ciudades del país teutón con su pequeño circo ambulante.

Georg Frank (derecha) y su hija Ella (izquierda) 
y otra hija o hijo realizando acrobacias.
© Archivo de la familia Franz

En 1935 la familia se trasladó desde el Oeste de Prusia hasta Leer en la Frisia Oriental.

En 1938 se establecieron en una modesta caravana en la floreciente ciudad naval de Wilhelmshaven, cuya población aumentó rápidamente debido al rearme que habían emprendido los nazis.

Georg Frank y su hija Frieda ensayando 
uno de sus números, hacia 1938.
© Archivo de la familia Franz

Debió ser en el transcurrir de 1939, cuando la familia Franz llegó con su carromatos Gitanos, tirados por sus hermosos caballos, al municipio de Zetel-Bohlenberge, situaron su campamento en un descampado de la Pohlstrasse para permanecer allí unos días y ofrecer su espectáculo circense a la población local. Pero… por desgracia, la persecución a la que se estaba sometiendo a la población Romaní se iba incrementando de forma paulatina. Las autoridades locales se acercaron hasta su lugar de acampada prohibiéndoles proseguir su camino. De este modo, hubieron de abandonar su vida nómada y los obligaron a permanecer en aquel sitio cobijados por sus dos carromatos. Los niños acudían a la escuela, los padres y los hermanos mayores buscaron otros trabajos distintos al que hasta ese momento había sido su forma de ganarse el pan. Georg, comenzó a trabajar en una gravera, su esposa Grete, en un vivero en la Stubbendränk, Margot, la hermana mayor, en una fábrica de zapatos y Anton, en una granja. Pasado un tiempo, la familia decidió finalmente establecerse en una pequeña casa en la Horster Strasse, cerca de la escuela de Bohlenberge.

Margot, de jovencita, había dado a luz a una hija a la que puso de nombre Ángela, que murió antes de producirse la deportación.

A su padrastro lo llamaron a filas y se incorporó a la Wehrmacht tomando parte en la caída de Francia, posteriormente lo trasladaron con su unidad a la Guerra en el Este iniciada con la Operación Barbarroja en junio de 1941.

Mientras su padre luchaba valientemente en el ejército alemán, en la retaguardia… de repente, el 3 de marzo de 1943 antes del alba llegó la policía hasta donde vivía la familia Frank: “Guardad todo y acompañadnos” fue la orden que uno de los policías gritó. La madre imploró: “No puede ser, esto no es posible, mi marido es soldado. No podemos, así sin más, marcharnos de aquí”. “Sí, su esposo también os acompañará, pronto se reunirá con vosotros”. El llanto de los niños, el dolor de dejarlo todo atrás, la incertidumbre, el miedo… metieron lo poco que pudieron en una maleta, todo revuelto porque los policías los apremiaban situados frente a ellos empuñando sus armas.

En primer término los condujeron hasta la estación ferroviaria de Zetel, después a Bremen a un lugar donde estaban agrupando a multitud de Romaníes de la región, allí se reencontraron con su padrastro. Lo habían obligado a quitarse el uniforme, éste fue el pago de Alemania por los servicios prestados en el frente. Los abuelos de Margot, su tía y su tío, varios familiares y conocidos también se encontraban en aquel sitio. Allí permanecieron dos noches, luego los deportaron en un tren compuesto por vagones para transporte de ganado al campo de concentración  y exterminio de Auschwitz-Birkenau en Polonia. No les permitieron llevar nada consigo, Durante el viaje no les darían de beber ni de comer. Lo único que su madre pudo esconder entre sus ropas fue una almohadillita para la pequeña Ángela. Pero al ir a montarse en el vagón un policía la descubrió y le arrancó la almohada de la mano añadiendo: “No necesitas almohadas al lugar al que vas”.

Margot era una muchacha joven, tenía 18 años en ese momento y nunca había oído hablar de Auschwitz. Durante el viaje los niños cantaban y reían ajenos a lo que les depararía el destino, sin embargo, los mayores, entre ellos sus padres, tenían miedo, sabían lo que finalmente ocurriría. Cuando llegaron a Auschwitz (Stammlager) pasaron por el gran portón con las palabras “Arbeit macht frei”, después llegaron a Birkenau, allí estaba ubicado el campo para familias Gitanas en el sector BIIe, cerca de los crematorios. Margot se convirtió en la prisionera Z-3487, número que quedó para siempre tatuado en su piel. Los llevaron hasta el barracón, en mitad del mismo había una especie de estufa muy larga con el que se calentaba el lugar. Había cajas por todas partes, así llamaban a las literas de tres pisos, y sobre las mismas había unas “maravillosas y hermosas” mantas rojas de pelo muy largo. Se encontraban tan cansados de los tres días de viaje que no pensaban en la comida, a pesar de la intensidad del hambre, tan sólo en poder descansar un poco del agotamiento. Al despertarse... les picaba todo el cuerpo, se encontraban llenos de picaduras producidas por la multitud de piojos que poblaban las mantas y el barracón.

Margot muestra su número de prisionera 
de Auschwitz-Birkenau tatuado en su antebrazo. 
© Günter Heuzeroth y Sylvia Wille

Unos días más tarde les comunicaron que aquellos que habían servido en el ejército serían agrupados en un barracón aparte del resto y que pronto podrían volver a sus hogares. Su padrastro como había sido soldado, pues hizo que estuviesen entre el grupo que fue reubicado junto a otras familias Gitanas. En el bloque militar, que así se llamaba, se pasaba lista por la mañana y en el turno de reunión de la tarde, alienándose los prisioneros en filas de cinco. Pronto murió su hermanita Ángela, la más pequeña, no había cumplido aún los cinco años.

Su madre enfermó, comenzaron a hinchársele las piernas y la fiebre dominaba su cuerpo, Margot le preguntó al jefe de barracón si podía dejarla en el interior y no salir fuera al recuento porque estaba demasiado enferma. Pero en aquel lugar en el que no había sitio para la clemencia ni la compasión, el jefe del bloque hizo una excepción. Mas al pasar lista y contar a los prisioneros los soldados de las SS se percataron de que faltaba una prisionera, la madre de Margot. Entraron enfurecidos y a toda prisa en el barracón y comenzaron a gritar. Luego salieron del interior arrastrando de los pelos a su madre, uno de los SS la golpeó con furia con su arma en la cabeza y del fuerte golpe la mató. Margot saltó hecha un fiera abalanzándose sobre el soldado, entonces los SS comenzaron a golpearla también a ella, dejándola inconsciente. Cuando se despertó, su mamá se había ido al cielo. Ahora estaba sola con su padre y sus hermanos. Tiempo después fue su padre el que enfermó, lo trasladaron al hospital y eso en Birkenau era sinónimo de muerte. En aquel infierno no estaba permitido visitar a los familiares enfermos, pero Margot se las arregló como pudo y consiguió entrar allí, cuando llegó hasta la cama donde se hallaba su padrastro, se percató de que estaba muerto, tenía la boca abierta y de su boca salía algo de uno color negruzco, se acercó y al hacerlo de la boca de Georg comenzaron a salir muchísimas moscas pequeñas. Margot era la mayor y la responsabilidad de sus hermanos recayó sobre ella. El hambre atroz que se vivía en aquel infierno de días y noches infinitos hizo que algunos fuesen muriendo de hambre, sólo quedaban con vida cuatro hermanos cuando comenzaron los transportes para llevar a cabo trabajos forzados en campos de concentración en el interior de Alemania. A Margot y a Anton los trasladaron en un transporte en el transcurso de 1944, los otros dos hermanos más pequeños se quedaron en Birkenau y murieron gaseados en la Zigeunernacht, la noche del 2-3 de agosto de hondo y doloroso recuerdo para el pueblo Romaní. En Auschwitz-Birkenau murieron además de su madre y su padrastro, sus hermanos: Ella, Frieda, Hans, Otto, Ursula y Angela.

A finales de julio de 1944 a Margot la enviaron en un convoy al campo de concentración para mujeres de Ravensbrück, allí permaneció cuatro semanas en cuarentena, tras pasar este periodo la transfirieron al campo de concentración de Flossenbürg. Fue conducida al campo satélite de mujeres de Graslitz (Kraslice). En aquel lugar se realizaban trabajos de montaje mecánico de precisión para Luftfahrtgerätewerk Hakenfelde GmbH (LGW), una filial del Grupo Siemens. El sitio de producción era una fábrica textil en desuso. Las prisioneras estaban alojadas en uno de los pisos superiores sobre el taller. En ocasiones hacían turnos de trabajo de día y de noche.

Campo satélite de Graslitz
© Gedenkstätte Flossenbürg

Desde el 15 de abril de 1945, las SS comenzaron a evacuar el campo. Las mujeres debían marchar en dirección a Mariánské Lázně. A varias prisioneras las fusilaron durante la marcha, el propósito de las SS era conducirlas hasta Flossenbürg para proceder a su exterminio. Pero no pudieron conseguir su objetivo porque el ejército estadounidense liberó al grupo de prisioneras el 24 de abril de 1945. Sin tener dónde ni a nadie a quien acudir, habiendo perdido todo menos la vida se entremezcló entre la inmensa corriente de refugiados que poblaba Alemania en aquella primavera de 1945. Margot por fin era libre. A veces caminando otras realizando cortos trayectos en tren consiguió llegar hasta Oldenburg. Al principio no encontró a nadie, pero conoció a Friedrich Schwarz con el que se casaría en 1946. Friedrich Schwarz (1919 - 1990) había sobrevivido al campo de concentración de Sachsenhausen. Margot se sintió durante mucho tiempo como la única sobreviviente de su familia, sólo décadas más tarde supo que sus hermanos; Erwin y Anton (hermanos del primer matrimonio de su madre) también habían logrado sobrevivir al Porrajmos.

Después del nacimiento del primero de sus ocho hijos, la pareja regresó a Zetel-Bockhorn, en el distrito de Frisia viviendo en un pequeño apartamento. En la década de 1950, la pareja invirtió, los pagos de compensación por la deportación que la administración alemana les había otorgado en una caravana y un tractor. Vivieron felices con sus hijos principalmente en los distritos de Frisia, Wittmund, Aurich y en Wilhelmshaven. Friedrich Schwarz comerciaba en el área rural con mercería, también trabajaba de forma regular junto a sus hijos como jornalero en época de cosecha en Wittmund.

Fotografía tomada aproximadamente en 1960, 
Friedrich y Margot Schwarz fueron 
fotografiados con los trajes de los campos 
de concentración para llamar la atención
 sobre la persecución nazi de los sinti
© Colección de Christel Schwarz.

A mediados de la década de 1970, la salud de Margot comenzó a empeorar se resentía severamente del trauma de la violencia experimentada durante la II Guerra Mundial. Margot fue siempre una luchadora muy activa por los derechos de la comunidad Romaní de Alemania, siempre se mostró dispuesta a dar testimonio de la terrible experiencia de su pasado y se convirtió en una de las mujeres que ayudó a la formación de la comunidad Sinti de Oldenburg hasta su muerte acaecida en 2002.

Margot Schwarz en 1992
©Sammlung Günter Heuzeroth

Fuentes:
- Zetel: Die in Auschwitz ermordete Sinti-Familie Frank.
- “Ihr braucht keine Kissen mehr, wo ihr hinkommt”. Artículo firmado por Hartmut Peters para Gróschler Haus.
- Vor den Augen der Vermieter verhaftet. Artículo firmado por Hans Begerow para el Nordwest Zeitung el 17 de mayo de 2008.
- https://www.groeschlerhaus.eu/erinnerungsorte/zetel-die-in-auschwitz-ermordete-sinti-familie-frank/
- Geschichte Margot Schwarz Überlebte Konzentrationslage in Auschwitz. “Sie haben aus dem Dreck gefressen”. Artículo firmado por Christopher Hanraets para el Nordwest Zeitung el 20 de diciembre de 2017.
- Vom Schlachthof nach Auschwitz: Die NS-Verfolgung der Sinti und Roma aus Bremen, Bremerhaven und Nordwestdeutschland. Hans Hesse, Jens Schreiber. Marburg 1999.
- Vom Ziegelhof nach Auschwitz: Verfolgung und Vernichtung der Sinti und Roma.
Heuzeroth, Günter; Martinß, Karl-Heinz. Oldenburg 1985.
- Aus Niedersachsen nach Auschwitz. Niedersächsischer Verband Deutscher Sinti
Verlag für Regionalgeschichte, 2004. Página 65.
- Entrevista en vídeo dirigida por Günter Heuzeroth y Sylvia Wille (cámara Gerd Weghorn) realizada en 1992.
- Memorial Book: The Gypsies at Auschwitz-Birkenau. State Museum of Auschwitz- Birkenau. K.G. Saur, New York. 1993. Volumen I. Páginas 250-251.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Stjepan Mavrović

Stjepan Mavrović
© Archivo del Estado en Zagreb

Stjepan Mavrović nació el 9 de mayo de 1932, en el pueblecito de Okić, a unos 30 kilómetros de Zagreb, Croacia, entonces formando parte de Yugoslavia. Su padre se llamaba Janko y su madre Ljuba Mavrović. Stjepan tenía cinco hermanos; Juraj, Jana y Ljuba (de una anterior pareja de su padre, Bara Kovačević fallecida en 1919) y Danica y Miko.

Janko y Ljuba Mavrović
© Archivo del Estado en Zagreb

La vida de la familia estuvo rodeada de muchas estrecheces y trabajo duro, su padre se ganaba la vida en lo que le salía, bien como vendedor, o realizando trabajos esporádicos en granjas, o como leñador o empleado en la construcción y reparación de carreteras.

Después de que naciera Stjepan, durante un corto periodo de tiempo la familia se estableció en Klinča Sela, allí habitaron una modesta vivienda que contaba con una pequeña parcela de tierra en la que cultivaban un huertecito.

En 1935 se mudaron al pueblo cercano de Žitarka, perteneciente a la municipalidad de Stupnik, a unos 20 kilómetros de Zagreb.

La II Guerra Mundial alcanzó Croacia en la primera mitad del mes de abril de 1941. Allí el movimiento pro-fascista Ustasha se había hecho con el poder con el apoyo de la Alemania nazi y la Italia fascista estableciendo el Estado independiente de Croacia. Unas pocas semanas después, las autoridades Ustasha, implementaron las primeras leyes raciales, de acuerdo a ellas judíos y Gitanos fueron privados de sus derechos civiles y quedaron sujetos a persecución y violencia. Pero los Ustasha no sólo se conformaron con apartar de la sociedad croata a los Romaníes, en fecha tan temprana como el verano de 1941 incrementaron la presión sobre la población Romaní y empezaron a proceder al registro de todos los Gitanos, elaborando, para tal fin, un censo de todos los Romaníes que vivían en el recientemente establecido Estado de Croacia. De este modo, se allanaba el terreno para el inicio de la última fase de persecución, el exterminio, así, en mayo de 1942 las autoridades Ustasha comenzaron a deportar a los Romaníes croatas al más grande de los campos de concentración del país, el de Jasenovac.

Vista general del campo de concentración de Jasenovac
© USHMM

La infancia y la vida relativamente tranquila del jovencito Gitano de diez años, Stjepan finalizaron el 2 de junio de 1942, cuando policías llegados desde Zagreb, detuvieron y se llevaron a toda la familia y a otros treinta Romaníes de la zona por haber nacido Gitanos. Los policías solo les permitieron llevar consigo aquellas cosas necesarias para cubrir sus necesidades más básicas, dejando atrás todo; su casa, sus muebles, y en definitiva toda una vida labrada a base de sudor y trabajo. Aproximadamente diez días después de su detención y traslado, las autoridades locales elaboraron un informe en el que exponían que "no quedaban enseres" en la casa de Stjepan ("choza"), excepto la tierra sembrada de patatas y maíz. Las autoridades municipales exigieron entonces que todos los cultivos que se hallaran en tierras Romaníes se recolectaran para que pudieran ser utilizadas para "alimentar a la gente". Por supuesto, estas "personas" incluían solo a miembros de la población croata pura. Como si el saqueo de la casa de la familia de Stjepan y los cultivos no hubiera sido suficiente, poco tiempo después quemaron la "choza" de los Mavrović, del que acusaron a tres niños de la aldea local. Las autoridades municipales informaron acerca de este hecho a las autoridades estatales competentes, pero no existe constancia de que alguien fuese condenado por haber sido hecho responsable de tan execrable acto.

En unas pocas semanas, casi todos los Romaníes del recién creado Estado de Croacia fueron deportados al campo de Jasenovac. A diferencia de otros prisioneros (judíos o serbios), los Gitanos llegaron al campo de Jasenovac sin que se registrasen sus nombres y apellidos, tan sólo quedó registrado el número de vagón de tren en el que llegaron; es probable que las autoridades no consideraran a los Romaníes dignos de los registros sistemáticos del campo. Los periódicos de la época escribieron que las autoridades Ustasha por fin habían comenzado a resolver la "Cuestión Gitana" al enviar a los Romaníes al campo de Jasenovac, donde se les enseñaría a ser diligentes y útiles para el Estado, en lugar de "parásitos" y "ociosos".

El convoy de deportación en el que viajaron Stjepan, su familia y los demás Romaníes, estaba conformado por vagones para transporte de ganado. El tren partió desde Zagreb. El viaje resultó dantesco, duró un día entero, los vagones abarrotados, y en el interior de uno de los vagones, Stjepan, un niño Gitano de diez años. Los guardias Ustasha, no daban a los prisioneros ni comida ni agua durante aquel viaje al infierno. Al llegar al campo de Jasenovac los guardias separaron a las mujeres y a los niños de los hombres. Así, Stjepan terminó en el grupo de su madre y sus hermanos y hermanas, y probablemente cruzó su mirada con su padre por última vez. Seguramente Stjepan fuese enviado a la pequeña aldea de Uštica, donde finalmente murió asesinado, ya que no hay información que sugiera que Stjepan sobreviviese al campo de Jasenovac, por lo que es muy posible que compartiera el fatal destino de los 5.608 niños Romaníes identificados por los investigadores en el Área Conmemorativa de Jasenovac que fueron asesinados y enterrados en una de las muchas fosas comunes del campo.

Stjepan Mavrović nunca olvidaré tu nombre.


Fuentes:
- Biografía de Stjepan Mavrović en la web romasinti.eu extraída de la exposición “The Forgotten Genocide” del National Commitee. 

viernes, 19 de octubre de 2018

Márie Ondrášová

Marie Ondrasova.
© USHMM.

Marie Ondrasova, nació el 1 de enero de 1926 en una familia Romaní que residía en Tvorovice, distrito de Prostejov, antigua Checoslovaquia. Fue la mayor de siete hermanos, seis chicas y un chico. Durante su infancia no asistió a la escuela ya que en su lugar se vio obligada a ganarse un jornal desde muy jovencita.

Su progenitor trabajaba como obrero de la construcción en Prerov, mientras, los niños ayudaban realizando tareas agrícolas para los campesinos de la zona; su hermana, la que iba detrás de ella y Marie realizaban trabajos duros en el campo, mientras que sus hermanos pequeños ayudaban en tareas tales como recoger patatas o remolacha… Al finalizar la jornada laboral los campesinos les entregaban alimentos y pan pero casi nunca les daban dinero.


En otras ocasiones, cuando su madre trabajaba era Marie quien cuidaba de los niños y se encargaba de las tareas domésticas; cocinar, darles de comer, bañarlos, etc. A pesar de tanto esfuerzo el dinero nunca era el suficiente para llevar una vida desahogada. Vivían en una casa modesta del Consejo, con una habitación que hacía las veces de salón, cocina y dormitorio y que poseía un patio en el que, siempre que podían, se salían los niños a jugar y donde su madre tenía sueltas cinco o seis gallinas y en las mejores y raras ocasiones algún pato o algún ganso. La gente de los alrededores los trataba bien, ellos eran la única familia Gitana del pueblo. A Marie la llamaban Kvetka. Todos los domingos acudían a la iglesia a oír misa con la esposa de un granjero.

Marie Ondrasova en su primera comunión
© Museo de Cultura Romaní de Brno.


Entonces llegaron los alemanes a Tvorovice, al primero por el que vinieron fue a por su padre, Marie recuerda que a los pocos días se presentó en su casa la señora Vavrikova, que era la persona encargada en el pueblo de recibir, clasificar y repartir el correo y los telegramas, además de ser la responsable de la central telefónica, produciéndose la siguiente conversación: "Kvetka, ¿dónde está tu madre?" Marie respondió: "No sé dónde está, estará trabajando". " Anda, ve y búscala". "¿Pero por qué señora Vavrikova, por qué, es tan importante ir ahora mismo a buscarla?". "Sí lo es, ve Kvetka, debes encontrar ahora mismo a tu madre".

En ese tiempo su madre se hallaba embarazada de la hermana menor de Marie. Echó a correr en busca de su madre, cuando regresó, la señora Vavrikova le dijo: "Ondraska, entra en la cocina, debo decirte algo muy importante”. Así fue como se enteraron, primero de que su padre formaba parte del grupo de la Resistencia del pueblo y segundo, del destino fatal que había corrido.

Probablemente un mes después, en junio de 1942 llegó un camión hasta el hogar de los Ondrasova. Los gendarmes los forzaron a montarse y los condujeron a Prerov, a la gran escuela. Allí había mucha gente, una multitud de personas. Familias enteras; madres, abuelos, primos, a muchos los conocía Marie. La escuela estaba llena, abarrotada y por todas partes soldados alemanes.

Permanecieron retenidos una semana mientras reunían en la escuela a todos los Romaníes de la zona. Pasado ese tiempo los montaron de nuevo en camiones y los llevaron hasta la estación de trenes, los metieron en vagones para transporte de ganado y los trasladaron a Kunstat, los obligaron a formar en filas de a tres y caminado llegaron hasta el campo de concentración de Hodonin. Éste estaba situado en una pequeña colina en el interior de un bosque, barracones de madera rodeados por una cerca, también de madera. En la calle del segundo lado corría un pequeño riachuelo. Había hombres y mujeres trabajando en las calles, otros también en la cantera, algunos llevaban pesadas piedras en carros de los que tenían que empujar. Vestían trajes de rayas y en la parte superior algo que parecía un abrigo negro, calzaban zuecos. El interior de los barracones se hallaba repleto de literas de madera a los que los internados llamaban jaulas. A Marie le cortaron sus preciosas coletas y le raparon su hermoso pelo. Marie tuvo suerte y le encomendaron un trabajo en el dispensario como enfermera, ocupó una posición de privilegio dentro del escalafón de prisioneros, por lo que no la obligaban a soportar las largas esperas de pie, tanto por la mañana y por la noche, para pasar lista, mientras, a otros hombres, mujeres y niños los enviaron a trabajar a los terribles kommandos de la cantera. 

Vista del Campo de concentración de Hodonin.
© Kapura.

La comida en aquel lugar era terrible, verdadera bazofia. Por la mañana les daban una especie de café negro caliente y un pedazo de pan. Su madre, tenía la cabeza calva y la dejaban llevar una bufanda a cuadros, e hizo una bolsa con ella guardando su pan allí para que los niños pudieran comerlo al día siguiente. Para la comida y la cena les entregaban un cuenco de sopa de patatas y remolacha, en el que casi todo el contenido era agua.

El Dr. Habanec, un médico civil checo, atendió en el parto a su madre. En mitad de aquel infierno nació la pequeña Sonicka. Fue uno de los treinta y seis bebés que nacieron en Hodonin.

Un día llegaron hasta el campo unos civiles alemanes que parecían médicos. Montaron una tienda de campaña en el exterior del campo. Comenzaron a llevar hasta allí a todos los prisioneros de Hodonin. En la tienda, les hacían muchas preguntas acerca de sus antepasados, medían sus bocas, sus cabezas, comprobaban el color de sus ojos… y los internados no sabían por qué aquellas personas procedían de ese modo. Llegó el turno de su madre, midieron en su cuerpo todo lo mensurable y le preguntaron por el nombre de sus padres y sus abuelos. Resultó que una de sus abuelas poseía origen alemán, ario en el argot nazi. Por ello quedaron categorizados como Gitanos de sangre mezclada, mestizos. Por ese hecho, cuando comenzó la ola de deportaciones hacia el Este, su familia al completo fue trasladada a la enfermería.

Pasado un tiempo comenzaron a llevarse a la gente del campo de Hodonin con destino a otros campos. Pero los Ondrasova permanecían en el dispensario, incluso su abuela estaba allí, toda la familia. Su madre sufría por todos pero en especial por la pequeña Sonicka de seis meses. Su madre tenía una amiga, a la que conocía del pasado, se llamaba Kolcova, su hija bebé había muerto y sus mamas aún tenían leche, ella sola era capaz de alimentar a tres niños. Las mamas de su madre por el contrario se habían quedado sin leche para alimentar a Sonicka. A la señora Kolcova la iban a trasladar a otro campo así que le pidió a la madre de Marie: “Dame a, tu hija, por favor, cuando nos dejen salir de aquí, la cuidaré y te la traeré de vuelta, no te preocupes". La vida tiene en su recorrido momentos en los que una persona ha de tomar una difícil decisión. Les habían dicho que los que se marchaban los trasladaban a un lugar mejor. Así fue como su madre entregó a su bebé a aquella mujer. Llegó el terrible día de la separación, los trasladaron a otro campo y Sonicka se marchó con ellos. El dolor de aquella madre resultaba indescriptible.

Vista del Campo de concentración de Hodonin.
© Český rozhlas

La familia de Marie fue liberada del campo en el verano de 1944, habían permanecido internados trece largos meses, su madre volvió al pueblo con los niños. Marie se fue a Olesnice a servir. El Dr. Habanec quería que la joven se incorporara al hospital en Policka para hacer un curso de partera, pero, Marie sólo tenía una idea en la cabeza, ponerse a trabajar y ganar algo de dinero con el que ayudar a su familia.

Un día quisieron llevarse de nuevo detenida a su madre, mas, unos gendarmes checos las pusieron sobre aviso: "Ondraska, si tienes familiares márchate antes de que te arresten". Así que guardaron todo lo que pudieron en bolsas, y se marcharon. Su hermana mayor, una hija de su padre de su primer matrimonio, vivía en Eslovaquia y hacia allí se echaron al camino. Nada importaba, ni el hambre, ni el intenso frío, lo principal para ellos era estar junto a su madre, y conseguir salvarse todos. En su caminar, cerca de Hrozenkov, se cruzaron de nuevo los alemanes, y nuevamente la suerte se puso de su lado. Los pararon, les pidieron los documentos de identidad, no llevaban ningún papel consigo, desde que salieron habían tomado la decisión de hacerse pasar por una familia checa de apellido Novotna que huía de los bombardeos. Del mismo modo acordaron que su madre y su abuela, que sabían hablar en alemán, no lo utilizaran para así no levantar sospechas. Al no entenderse con los alemanes acudieron unos gendarmes checos. Los alemanes les preguntaron si conocían a aquella familia. Su madre y su abuela lloraban. Marie tomó las riendas de la conversación y les comentó que se dirigían a Eslovaquia a casa de una hermana, tras un diálogo entre los alemanes y los gendarmes les dijeron a estos que se los llevaran hasta la gendarmería. En ese lugar las llevaron hasta la oficina, luego vino, el jefe, las miró y dijo: "Kvetka, así que ahora eres Novotna" Y Marie extrañada preguntó: "¿De dónde me conoces?" y el jefe de los gendarmes contestó: "Kvetka, por favor, no intentes decirme que te llamas Novotna, te conozco desde que eras una niña, como Ondrasova. ¿No me conoces?, soy Marianek de Tvorovice ". Así fue como de nuevo el azar del destino se puso del lado de Marie y su familia. "Tengo que protegeros, así que os quedaréis aquí en Brno en una celda de la prisión para no levantar sospechas". En la cárcel las obligaron a limpiar las oficinas, pero los oficiales les traían margarina, pan o lo que podían, todos les ayudaron. Durante el tiempo que estuvieron en aquel lugar nadie los denunció y los trataron bien. Un día se presentó, avisado por Marianek, el Sr. Vrba, a quien tiempo atrás habían servido en su casa, los sacó de la prisión, los llevó a la estación de ferrocarril con sus maletas y les pagó el billete de tren. Se fueron a Pivin y su madre a Tvorovice. En el hogar de los Vrba permanecieron hasta que los rusos llegaron y con ellos el final de la guerra y la vida poco a poco volvió a recobrar su bendita rutina.

Pero aún había una espina clavada en el corazón d ela familia y en particular de su madre, el destino de la pequeña Sonicka. Su madre preguntaba a todos los que regresaban de los campos de la muerte, de este modo se enteró del lugar dónde estaba la niña La señora Kolcova, la mujer a la que se la había entregado, había muerto de cáncer, pero la hermana de esta señora se había hecho cargo de la pequeña. Así fue como volvió con la familia, Sonicka, la hermana menor de Marie que tenía 13 meses cuando se separó de ellos y tres años cuando regresó a casa. Había sobrevivido a los campo de concentración de Auschwitz-Birkenau y Ravensbrück.

La familia se dispersó por todo el mundo; Marie ha pasado su vida vendiendo algodón de azúcar durante 25 años en los parques de atracciones; y finalmente mudándose a Liberec, Checoslovaquia. Ha tenido cinco hijos, dos niños y tres niñas.

         Fuentes
- Entrevista a Marie Ondrasova. United States Holocaust Memorial Museum Collection, cortesía de la Fundación Jeff y Toby Herr. 20 de junio de 1997.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Georgii Radukan

Georgii Radukan
© USC Shoah Foundation

Georgii Radukan nació en el seno de una familia Romá el 26 de abril de 1928 en Costiceni, en la región de Besarabia, Rumanía (en la actualidad Ucrania).

Desde antes de la I Guerra Mundial su familia vivía en el pueblo de Sauca, a unos 7 km de Costiceni. La aldea fue fundada, y denominada Savva posteriormente por el abuelo materno de Georgii. El padre de Georgii, Vasilii, trabajaba como herrero; además, poseían cuatro trilladoras, cuatro generadores alemanes de vapor y su propio molino; él y su esposa, Evgeniia, tuvieron diez hijos y observaron el cristianismo ortodoxo oriental. 

En 1917, la familia abandonó su aldea y se unió a un grupo de Romaníes nómadas que emigraron a Besarabia.

Cuando la región fue anexionada por la URSS en 1940, la familia Radukan se trasladó al oeste y continuó viajando por el interior de las fronteras recientemente establecidas de Rumania.

En mayo de 1941, mientras acampaban en Tansa, soldados rumanos reunieron a todas las familias Romaníes de la zona y, tras la invasión alemana de la Unión Soviética, los obligaron a cruzar la frontera en el verano de aquel año. Los deportados, en ese otoño, fueron trasladados a una aldea de Vradievka, en el sur de Ucrania, e internados en un lugar donde los ubicaron en unas primitivas cabañas de madera. Al principio vivieron de lo que llevaron escondido consigo hasta Transnistria y lograban vender (anillos de oro, moneda extranjera), o de aquello que ofrecía la tierra (árboles frutales, bayas, alimentos que se recolectaban del bosque...) o finalmente no les quedaba otra salida que intentar robar algo que llevarse a la boca. Varios meses después de su llegada a aquel terrible lugar, la familia fue liberada y trasladada a Kantakuzenka.

Con el discurrir de la guerra las fuerzas armadas soviéticas se iban acercando de forma progresiva hasta aquella localidad. De este modo, en la primavera de 1944, el ejército rumano obligó a Georgii y su familia a que los siguieran en su retirada. Las tropas rumanas finalmente abandonaron a aquellos Romaníes que fueron liberados por soldados soviéticos cerca de Zhashkiv, en la región de Cherkasy en Ucrania.

Después de la liberación, la familia Radukan se mudó a Besarabia, que se hallaba bajo administración soviética, viviendo en distintos lugares de Moldavia y Ucrania, finalmente regresaron a su pueblo natal, Sauca.

En 1953, la familia retomó el estilo de vida nómada, pero cuando el 5 de octubre de 1956 el Presidium del Soviet Supremo de la URSS adoptó el “Decreto que planteaba la necesidad de involucrar en labores permanentes de trabajo a los Gitanos que se ocupaban del vagabundeo”, la familia Radukan se estableció en Ataki, Moldavia (ahora Otaci). Este decreto les prohibía llevar una vida nómada y se les proponía "asentarse y dedicarse al trabajo".  Las autoridades locales a la hora de la puesta en práctica de este decreto actuaron del siguiente modo, o fomentando y dando alojamiento a los Gitanos pero forzándolos a abandonar las artes y oficios ancestrales a los cuales se habían dedicado durante generaciones o difundiendo una visión discriminatoria de aquellos que habían llevado una vida nómada. La mayoría de los Romaníes que se vieron obligados a abandonar el camino recurrieron a la ayuda de familiares que ya estaban asentados con anterioridad.

Georgii se casó con Vokitsa en 1958 y juntos formaron una familia de seis hijos.

Fuentes:
- Entrevista conducidad en Otaci el 11 de septiembre de 1997 realizada por Lidiia Teper con la grabación del cámara Sergei Saruchanu. USC Shoah Foundation Institute, testimonio de Georgii Radukan. Historia oral. VHA Código de la entrevista: 36542.
- The United States Holocaust Memorial Museum Encyclopedia of Camps and Ghettos, 1933–1945, vol. III: Camps and Ghettos under European Regimes Aligned with Nazi Germany. Geoffrey P. Megargee, Joseph R. White. Indiana University Press. 2018. Páginas 827-828.

jueves, 2 de agosto de 2018

Zigeunernacht, Auschwitz-Birkenau 2-3 de agosto de 1944

 “Auschwitz, 1944” Pintura de Ceija Stojka. 
Pintura acrílica y plateada sobre lienzo.
© Colección de Antoine de Galbert.

1 de agosto de 1944, en el Zigeunerlager de Birkenau el Lageräslstete y el Lagerkapo anuncian que los hombres sanos deben presentarse a trabajar. Mucha gente responde a esta llamada. Los que así lo hacen son anotados en una lista frente a los barracones y marchan en formación, pero, han de detenerse en la calle central del sector del campo entre las dos cocinas. Mengele acaba de incluir al niño huérfano de origen checo Antonin Ruzicka, nacido en 1930 y que se ha ofrecido como voluntario en los últimos minutos. A mediodía emprenden la caminata hacia Auschwitz I, donde los llevan hasta el Bloque 10, allí pasan aquella noche. A la mañana siguiente después de pasar lista, todos los prisioneros son obligados a salir de aquel lugar. Los llevan a la sauna de los barracones de cuarentena y les ordenan que tienen que ducharse. Tras esto les hacen entrega de unas sábanas y ropa limpia. A primera hora de la tarde, los conducen hasta la Rampa (Andén) de Birkenau, donde les esperan los vagones de su convoy.

Cuando los prisioneros Romaníes que se han quedado en el "Zigeunerlager" se percatan de que los hombres, mujeres y niños que se habían marchado el día anterior son los que suben a los vagones, se abalanzan sobre la alambrada -la energía eléctrica no funciona durante el día- y comienzan a llamar a voz en grito a sus parientes y conocidos, para despedirse de ellos. Al ver esto, el Lagerálteste y el Lagerkapo ordenan a todos los prisioneros polacos que se encargan de la vigilancia del sector formar un cordón a lo largo de la valla eléctrica. Entonces, comienzan los gritos, los empujones y los golpes. En ese momento, aparece Mengele y ordena a los prisioneros polacos que se retiren de las alambradas y permitan a los Romaníes despedirse de sus familiares y amigos. En todo este episodio transcurren unas dos horas. Después, el tren con 1.408 Romaníes en su interior se pone en marcha.

Amalie Schaich, sobreviviente Romaní trasladada al campo de Ravensbrück antes de la disolución del Zigeunerlager, relata: "Cuando vi a mis hermanos pequeños por última vez mi hermana me decía adiós: "Tú te vas, a nosotros nos quemarán". Esas fueron las últimas palabras que escuché de ella, nunca las olvidaré."

En el campo quedan los huérfanos, los ancianos, los hombres y mujeres considerados no aptos para trabajar, las madres con hijos pequeños y aquellos padres que no han querido separarse de sus familias. A las 5 de la tarde, Mengele ordena que todos los médicos y enfermeras polacos sean enviados al campo de los hombres (un sector del campo próximo al Zigeunerlager). Después de pasar lista, se ordena el cierre total del sector BIIe. Cuatro sargentos de las SS, 10 hombres de las SS y 50 miembros de los Sonderkommando llegan al campo Gitano, bloquean las puertas de entrada de todos los barracones para que nadie pueda abandonar ninguno de ellos. Cuando la noche ha caído llegan hasta el Zigeunerlager ocho camiones para trasladar a los Romaníes hasta las cámaras de gas. Los prisioneros del Sonderkommando entran en los barracones uno tras otro con el objeto de registrarlos y obligar a salir a los prisioneros Gitanos. En la puerta de cada barracón se encuentra un representante del Lagerführer, un hombre de las SS y dos prisioneros polacos. Cuentan a los prisioneros que salen. Las puertas de entrada a cada barracón se han convertido en un auténtico caos, los prisioneros Romaníes se resisten a salir, las madres esconden a sus hijos más pequeños entre sus ropas, algunos gritan o lanzan insultos o improperios, otros lloran. Durante esta acción, Mengele ordena que todos los gemelos partan en un camión, a las niñas las trasladan al campo de las mujeres en Birkenau, donde quedan registradas, los niños a Auschwitz I. Pero al rato son enviados de regreso. Se sabe que Mengele les disparará después a todos ellos en el crematorio. Hasta ahora, solo conocemos de dos hermanas que vivieron en en Jihlava (Iglau), Checoslovaquia, antes de la deportación; Alžběta (Elisabeth) y Anna Kraus, nacidas el 17 de septiembre de 1923 en Landskron, con números de prisioneras Z-1773 y Z-1774 respectivamente,  y que lograrán sobrevivir al campo.

Una vista del campo de concentración de Birkenau.
El campo BIId de hombres en primer plano, 
con los barracones del BIIe (probablemente después 
de la liquidación del Zigeunerlager) visibles a lo lejos, 
con la cocina del campo visible a la izquierda
© Auschwitz-Birkenau State Museum Archive

En esa noche trágica, la alemana Helene Hanemann, cuyo esposo, un Rom, había participado en la guerra en las filas de la Wehrmacht como capitán en el frente oriental, murió junto con el resto de Romaníes. Helene pidió que la trasladaran a ella y a sus cinco hijos,  "Zigeunermischlinge" (Gitanos mestizos), al campo de las mujeres. Helene había informado a los hombres de su origen alemán. Le prometieron que sobreviviría y la enviaron al último barracón, donde se alojaban los niños huérfanos y los "mestizos". Pero, cuando los miembros del Sonderkommando llegaron hasta el barracón donde se encontraba Helene para sacar a los que allí se hallaban, la conminaro a salir y salvarse ella, a condición de dejar atrás a sus hijos, ella se negó a marcharse sin sus pequeños. El oficial de guardia de las SS decidió que los niños eran "gitanos" y que debían de ser separados de su madre. Helene, en ese difícil trance, tomo la decisión de seguir al lado de sus hijos y acompañarlos hasta la muerte en la cámara de gas.

Del mismo modo, fallecieron la Sra. Petermann, una Gitana Romá a la que apodaban “Italiana” por su belleza, junto a su pequeño hijo de cabello rubio. Su esposo luchaba como oficial alemán en el frente oriental. Durante un permiso fue hasta el departamento de policía para solicitar poder ir hasta Auschwitz, con el objeto de volver a ver a su mujer y a su pequeño. En el departamento de policía le prometieron intentar negociar la liberación de su hijo. Sin embargo, estas negociaciones se prolongaron en el tiempo y madre e hijo murieron asesinados en la cámara de gas.

Todos los prisioneros Gitanos que permanecían en el sector BIIe de Birkenau fueron conducidos a las cámaras de gas durante la disolución final del "Campo Gitano" en la noche del 2 al 3 de agosto de 1944. Se resistieron según los informes de los testigos hasta el final. Incluso el comandante de Auschwitz, Rudolf Hoess, escribe al respecto en las memorias escritas antes de su ejecución: "No fue fácil meterlos en las cámaras, por mí mismo no lo vi, pero Schwarzhuber me dijo que ningún exterminio de los judíos había sido tan difícil."

Filip Müller fue uno de los escasos supervivientes de los Sonderkommando (brigadas especiales compuestas por prisioneros, que en Birkenau tenían que introducir a las personas en las cámaras de gas, sacar los cadáveres y trasladarlos hasta los hornos crematorios) Filip estaba presente cuando los 2897 hombres, mujeres y niños Romaníes fueron asesinados en las cámaras de gas la noche del 2 al 3 de agosto de 1944:
“Hacia la medianoche, la nave donde tenían que desnudarse estaba atestada. La inquietud crecía de minuto en minuto. Era como si estuviera uno en un inmenso panal. De todas partes salían gritos de desesperación, protestas y acusaciones llenas de reproches. Se alzaban a coro frases como: ¡Somos alemanes del Reich! ¡No hemos cometido ningún delito! En otros sitios gritaban ¡Queremos vivir! ¿Por qué queréis matarnos? (…) Pero en este lugar siniestro no había sitio para sentimentalismos. La acción de aniquilamiento siguió su curso acostumbrado. Moll (Otto Moll jefe de escuadra de las SS, responsable de la acción de exterminio de los Gitanos y Judíos húngaros en 1944) y sus subordinados amartillaron sus pistolas y fusiles y ordenaron a la gente que entretanto ya se había quitado la ropa, de manera enérgica e inequívoca, que abandonaran la sala de desvestirse y se dirigieran a las tres cámaras en las que debían ser gaseados. Al entrar en el último pasillo, muchos lloraban de desesperación, otros se santiguaban e imploraban a Dios; había también los que no querían conformarse con su destino insoslayable y se volvían gesticulando con viveza, hacia la gente de la SS y repetían una y otra vez: ¡Somos alemanes del Reich! ¡No podéis hacer esto con nosotros! Incluso de las cámaras de gas salían todavía durante un rato gritos y clamores, hasta que el gas mortal hizo su efecto y ahogó las últimas voces”

Entre los testigos de las últimas horas del "Campo Gitano" estaba el médico prisionero Rudolf Vitek (en el campo bajo el apellido de Weisskopf)  junto a otros doctores judíos, informa:
“Y dejado atrás, vivo y agotado por la tensión extrema, incapaz de creer que todavía nos permitieran vivir (...) en el barracón había un silencio mortal. El ruido de los camiones se detuvo. Sólo las voces roncas de los hombres de las SS se podían escuchar afuera. En vano tratamos de encontrar la paz mientras dormimos. El silencio sepulcral en el campo, generalmente ruidoso, era bastante inusual. Por la mañana, después de pasar la noche en aburrida ociosidad, el silencio de la muerte nos esperaba. El campo estaba desolado, sin signos de vida. Había hedor en el aire, el cielo estaba cubierto de negras nubes de humo, el campo estaba muerto”

Rudolf Vitek relata en una carta fechada el 10 de julio de 1964:
"La mañana del 1 de agosto de 1944 (en realidad se referirá a la mañana del 3 de agosto), el campo nos saludó con un silencio glacial, solo el crematorio humeaba con fuerza, poderosas columnas de humo oscuras, impregnadas de llamas rojas, se elevaban hacia el cielo, un hedor insoportable a carne y cabello quemados, hacía imposible la respiración, escuchábamos el zumbido de los ventiladores de los crematorios, de lo contrario solamente el silencio, ¿estaba el campo realmente vacío?, escuchamos los lloriqueos de unos niños, dos pequeños gitanos se habían escondido en el tercer piso de literas bajo unos viejos colchones, y de este modo intentaban escapar de la búsqueda de los SS, pronto un kapo descubrió a una mujer gitana que había encontrado refugio en el canal de drenaje de las alcantarillas y sobrevivió a la noche en mitad de tan horrible hedor. Pronto apareció una ambulancia militar con la cruz Roja en el techo, un médico SS recogió a los niños y los llevó al Crematorio: ¿Abrirían las SS una nueva lata de Zyklon B? Difícilmente creíble, los beneficios de IG Farben no eran exactamente muy altos. Bueno, eso sería antieconómico, porque resultaría más que suficiente con un tiro en la nuca."

Na bistar.

Auschwitz-Birkenau.
© DW.

Fuentes:
- Sinti und Roma im KL Auschwitz-Birkenau 1943-1944. : vor dem Hintergrund ihrer Verfolgung unter der Naziherrschaft. Wacław Długoborski. Verlag Staatliches Museum Auschwitz-Birkenau, 1998. Páginas 314-319.
- Artículo periodístico “Schreie, Tränen, Gasen” aparecido en Die Zeit firmado por Romani Rose el 12 de agosto de 2004.
- Los Cyganów w KL Auschwitz-Birkenau. Michael Zimmermann, Stowarzyszenie Romów w Polsce. Stowarzyszenie Romów w Polsce, 1994. Página 169.
- Filip Müller: Sonderbehandlung. Drei Jahre in den Krematorien und Gaskammer von Auschwitz. Munich 1979.

domingo, 15 de julio de 2018

María Costea

Maria Costea
© Mircea Merticariu. Adevarul

Maria Costea (nacida Stancu) nació en Pitesti, Rumanía en 1936 en una familia perteneciente a la comunidad Romaní local.

Su padre, durante la guerra, se incorporó al ejército rumano y resultó herido en el frente, pero eso no impidió que las autoridades rumanas deportasen a María, junto con el resto de su familia, hasta la región de Transnistria por haber nacido Gitanos y junto a ellos, más de 1.000 Romaníes que vivían en Pitesti.

El mariscal Antonescu, en la primavera de 1942, decidió iniciar la deportación de miles de Gitanos a Transnistria, una región anexionada por Rumanía en el devenir de la II Guerra Mundial. Los primeros en sufrir la deportación por parte de las autoridades rumanas fueron los "Gitanos nómadas”. Según los registros, entre el 1 de junio y el 2 de octubre de 1942, 11.441 ciudadanos Romaníes pertenecientes a este grupo fueron deportados. Los restantes 13.176 deportados pertenecían al grupo de los “Gitanos sedentarios”. Esta segunda ola de deportaciones tuvo lugar entre el 12 y el 20 de septiembre de 1942 y se realizó en vagones para transporte de ganado. De los 25.000 Romaníes deportados, los historiadores estiman que solo la mitad regresaron con vida tras la guerra, el resto murió debido a las extremas condiciones de vida en los asentamientos a los que fueron asignados.

Entre los deportados del otoño de 1942 había varios miembros de la familia Stancu, de Pitesti. El hambre, el frío, la miseria y las enfermedades provocaron la muerte de miles de Romaníes, entre ellos dos hermanas de María Costea, lo que allí vivió y padeció aquella niña de seis años le ha acompañado toda su vida:
"Cuatro gendarmes llegaron hasta nuestra casa. Mi papá se hallaba en esos momentos en el frente. Nos llevaron a través del campo hasta donde se encontraban estacionados los trenes. Nos encerraron en vagones de ganado que se hallaban atestados de gente. Durante tres días viajamos, allí, hacíamos todas nuestras necesidades, allí bebíamos agua". Los grupos de Romaníes deportados a Transnistria tenían cierta libertad de movimientos en el interior del territorio de la región, especialmente en el área del Bug. El destino de aquel grupo de deportados fueron las localidades de Balti y Bender. La estudiosa Michelle Kelso narra que la administración de Transnistria en un principio no proporcionó viviendas dignas, ni alimentos o leña a los deportados, y ubicó a los Romaníes, principalmente en grandes campos abiertos hasta que se implementara un plan. La falta de organización de un gobierno local llevó a un terrible estado de deterioro de los Gitanos que hasta allí fueron confinados, dando paso a un estado de dramático caos. A los Romaníes las autoridades rumanas les confiscaron todo, les quitaron sus equipajes, su ropa, almohadas, mantas, utensilios de cocina y todo aquello necesario para cubrir sus necesidades básicas, esto significaba prácticamente una muerte segura. En varias zonas las autoridades transfirieron a los Romaníes en camiones o a pie a las aldeas o granjas agrícolas, situándolos en cualquiera de las casas confiscadas a los ucranianos que habían sido previamente evacuados o en graneros o cobertizos de animales. Sobrevivir dependía de la capacidad de cada persona, de cada familia para conseguir alimentos, suministros de calefacción, agua u otros bienes. Había pocas posibilidades de superviviencia en aquel lugar, solamente el robo en cultivos o granjas cercanas, el comercio con la policía local y el ingenio aseguraban la supervivencia. Los que no podían hacer frente a la situación o vender cualquier cosa vendible finalmente perecieron.

Desde el momento de la llegada uno de los principales objetivos de la familia Stancu fue el de encontrar comida. Caminaban durante el día y rebuscaban entre la basura, recogiendo restos de patatas en mal estado, pan, lo que fuese con tal de paliar la intensidad del hambre…

Varias veces intentaron cruzar el río Bug y escapar, pero siempre con idéntico resultado, eran detenidos y después los llevaban hasta unos barracones donde eran castigados. Dolor en lo más hondo de su alma, María, nunca ha podido olvidar aquel tiempo, especialmente cuando tenía que caminar sin zapatos, o la ropa le quedaba corta bajo el frío intenso del invierno, o cuando en una ocasión bajando una colina, la pequeña María, introdujo su pie en el vientre de un muerto, que se hallaba en estado de descomposición, hinchado, podrido. Soñó muchas noches que el hombre se despertaba.

Hasta 1944, María se quedó con su madre y sus hermanos en el territorio del Dniester. Uno de sus tíos, que había regresado del frente, recibió dinero de la hermana de su madre para sacarlos de aquel lugar: “Nos sacó a todos, nos lavó, nos llevó a Odessa, donde nos compró ropa nueva. Cuando llegamos a casa, no nos quedaba nada. Todo había sido destruido, nos tuvimos que marchar a vivir a casa de una de mis tías”. María Stancu continuó su vida como sólo un Gitano sabe hacer, caer, perderlo todo y volver a levantarse para seguir en el camino, por no tener, en los primeros años después de regresar de Transnistria, no tenía ni siquiera documentos de identidad.

María ha sido toda su vida una mujer luchadora, nunca se rindió ante las adversidades que se cruzaron en su camino, después de conseguir sus documentos, trabajó en un restaurante, posteriormente en un hotel, y hasta jubilarse, en la CIC en Bacau, la fábrica local de fertilizantes. Tras la guerra ha vivido durante 40 años en Bacau, donde se ha intentado recuperar de las profundas heridas que le produjo la guerra. Recibe una pensión por jubilación de aproximadamente 450 lei, pero la mayor parte de sus ingresos provienen de la pensión de su marido. Tiene tres hijos, graduados en la escuela secundaria, tres nietos, algunos con educación superior (Andreea Toma, una sobrina que le ayuda, es diplomada por la universidad y maestra en la administración pública).

Pero su dolor no se acabó con su experiencia entre 1942-1944, como muchos Romaníes lleva mucho tiempo siendo discriminada por la administración a la hora de concedérsele una pensión por los años transcurridos en Transnistria. Maria Costea solicitó en octubre de 2014 una pensión que por justicia le debe la ley. Los funcionarios de la administración rumana llevan todo este tiempo retrasando su expediente, exigiendo, entre otras cosas, que aporte testigos que declaren que estuvo deportada y poniéndole una traba detrás de otra con tal de no concederle la pensión solicitada.

De acuerdo con los Archivos Nacionales, pero también con el Museo del Holocausto de los Estados Unidos de América, María Costea debería haber sido beneficiaria de la Ley 189/2000 (una asignación mensual por los dos años de deportación, tratamiento médico y un lugar de residencia libre). Mientras que Elena, su hermana que se quedó a vivir en Pitesti, recibió la pensión casi inmediatamente después de presentar el expediente en la Casa de Pensión de Arges, las cosas fueron totalmente diferentes en la Casa de Pensiones de Bacau, donde María Costea recibió una serie de negativas y constantes retrasos. Además, amenazaron a su hija Mariana Costea con llamar a la policía con el argumento de que el archivo de la hija de la madre habría sido inventado.
"La Oficina de Pensiones en Bacau nos trató a mí y a mi hija más que humillantemente. Se negó a darnos la información pertinente e incluso intentó desalentarnos, diciendo que la Ley 189/2000 se aplicaba sólo a los besarabios, no a los Romaníes, y que si no nos íbamos, llamarían a la policía. No me desanimé. Me dispuse a hacerlo cómo lo había hecho mi hermana y una vez más volví a la CJP de Bacau, esta vez con un archivo como el que mi hermana entregó en el CJP de Arges, que incluía una copia del documento del archivo que mi hermana utilizó, demostrando que fuimos deportadas juntas. Pero como respuesta solamente recibí los gritos del empleado, aunque sabía que padezco una dolencia cardíaca y de que tengo casi 80 años. Esta vez, tampoco la aceptaron, pero al menos no me amenazaron con la policía. Entendí que debería obtener una nueva copia legalizada, además del documento de archivo que recibí de mi hermana".

María se dirigió a la organización Resource Center for the Community (www.romasurvivors.ro), que había ayudado a su hermana en Pitesti. La organización, que se ocupa de los sobrevivientes Romaníes que fueron deportados a Transnistria, le ayudó en sus gestiones: “Para ser identificada, escribí en detalle sobre cuándo y dónde fui deportada, los nombres de los familiares que deportaron conmigo a Transnistria, el hecho de que dos hermanas mías murieron de hambre allí, la fecha de regreso a Pitesti. Sobre la base de esta información, los Archivos me informaron de que varios documentos habían sido localizados y enviados, entre los cuales un extracto legalizado y otro provisto con el sello de los Archivos".

Maria Costea afirma que los funcionarios de la Cámara de Pensiones en Bacau una vez más ha aplazado su respuesta, invocando para ello diversos pretextos: Cómo que los agentes de policía que la deportaron en septiembre de 1942, transcribieron erróneamente el apellido: Stanciu, en lugar de Stancu y que había ido voluntariamente a Transnistria.

La Cámara de Pensiones rechazó la experiencia proporcionada por el Resource Center for the Community, donde los historiadores especializados en la deportación de Romaníes se comprometieron a proporcionar documentos sobre la deportación de la familia Stancu, conservados en varios archivos (Arges, el Museo Conmemorativo del Holocausto, Archivos del Holocausto en Alemania, etc.). Maria Costea ha hecho una declaración bajo su propia responsabilidad de que asume lo que dice y ha recibido la opinión de la Agencia Nacional de Romaníes de que fue deportada entre 1942 y 1944.

 Lo último que le han exigido ha sido: "Me han pedido que aporte dos testigos y escritos originales del período de deportación, de la escuela, del trabajo, a pesar de que entonces solo tenía 6 años. ¿Cómo puede un empleado que conoce tan poco sobre el Holocausto y sobre la deportación de los Romaníes a Transnistria convertirse en responsable de decidir que yo no fui deportada".

En el verano de 2015, la CJP de Bacau aceptó que María fue deportada, pero se negó a pagarle una indemnización porque la documentación aportada por la sobreviviente no era lo suficientemente completa. En cambio, María Costea, sobre la base de los mismos documentos, recibió el reconocimiento de sus derechos legales para los deportados del Estado alemán en menos de dos meses.


Fuentes:
- Artículo periodístico titulado “A supravieţuit Holocaustului, dar a dat peste statul român.” firmado por Mircea Merticariu en Adevarul el 3 de agosto de 2015.

- Carta abierta al Gobierno de Rumanía: “Scrisoare deschisă către Ministerul Muncii: ce facem cu supraviețuitorii” deportărilor? Enviada por la Asociación de Sobrevivientes Romaníes Deportados a Transnistria.